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El cerebro
del Agente de Policia
Por Alfred Jarry
Versión: Juan Esteban Fassio
Sin duda
se recordará este reciente y lamentable asunto: al ser practicada la autopsia,
se halló la caja craneana de un agente de policía vacía de todo rastro de
cerebro y rellena, en cambio, de diarios viejos. La opinión pública se conmovió
y asombró por lo que fue calificado de macabra mistificación. Estamos también
dolorosamente conmovidos, pero de ninguna manera asombrados.
No vemos por qué se esperaba descubrir otra cosa que la que se ha descubierto
efectivamente en el cráneo del agente de policía. La difusión de las noticias
impresas es una de las glorias de este siglo de progreso; en todo caso, no queda
duda de que esta mercadería es menos rara que la sustancia cerebral. ¿A quién
de nosotros no le ha ocurrido infinitamente más a menudo tener en las manos un
diario, viejo o del día, antes que una parcela, aunque fuera pequeña, de
cerebro de agente de policía? Con mayor razón, sería ocioso exigir de esas
oscuras y mal remuneradas víctimas del deber que, ante el primer requerimiento,
puedan presentar un cerebro entero. Y, por otra parte, el hecho está allí:
eran diarios.
El resultado de esta autopsia no dejará de provocar un saludable terror en el
ánimo de los malhechores. De aquí en más, ¿cuál será el atracador o el
bandido que vaya a arriesgarse a hacerse saltar la tapa de su propio cerebro por
un adversario que, por su parte, se expone a un daño tan anodino como el que
puede producir una aguja de ropavejero en un tacho de basuras? Quizás, a
algunos demasiado escrupulosos pueda parecerles en cierta manera desleal
recurrir a semejantes subterfugios para defender a la sociedad. Pero deberán
reflexionar que tan noble función no conoce subterfugios.
Sería un deplorable abuso acusar a la Prefectura de Policía. No negamos a esta
administración el derecho de munir de papel a sus agentes. Sabemos que nuestros
padres marcharon contra el enemigo calzados con borceguíes también de papel y
no ha de ser eso lo que nos impida clamar indomable y eternamente, si es
necesario, por la Revancha. Pretendemos solamente examinar cuáles eran los
diarios de que estaba confeccionado el cerebro del agente de policía.
Aquí se entristecen el moralista y hombre culto. ¡Ah!, eran La Gaudriole, el
último número de Fin de Siécle y una cantidad de publicaciones algo más que
frívolas algunas de ellas traídas dé Bélgica de contrabando.
He ahí algo que aclara ciertos actos de la policía, hasta hoy inexplicables,
especialmente los que causaron la muerte de héroe de este asunto. Nuestro
hombre quiso, si recordamos bien, detener por exceso de velocidad al conductor
de un coche que se hallaba estacionado, y el cochero, queriendo corregir su
infracción, sólo atinó, lógicamente, a hacer retroceder su coche. De allí
la peligrosa caída del agente, que se hallaba detrás. No obstante, recobró
sus fuerzas, luego de unos días de reposo, pero, al ser intimado a recobrar al
mismo tiempo su puesto de servicio, murió repentinamente.
La responsabilidad de tales hechos atañe indudablemente a la incuria de la
administración policial, que en adelante controle mejor la composición de los lóbulos
cerebrales de sus agentes, que la verifique, si es menester, por trepanación,
previa a todo nombramiento definitivo; que la pericia médico-legal sólo
encuentre en sus cráneos... No digamos una colección de La Revue Blanche y de
Le Cri de Paris, lo cual sería prematuro en una primera reforma; tampoco
nuestras obras completas: a ello se opone nuestra natural modestia, tanto más
que esos agentes, encargados de velar por el reposo de los ciudadanos,
constituirían más bien un peligro público con la cabeza así rellenada. He
aquí algunas de las obras recomendables en nuestra opinión para el uso; 1) El
Código Penal, 2) Un plano de las calles de París, con la nomenclatura de los
distritos, el cual coronaría el conjunto y representaría agradablemente, con
su división geográfica, un simulacro de circunvoluciones cerebrales: se lo
consultaría sin peligro para su portador por medio de una lupa, fijada luego de
la trepanación; 3) un reducido número de tomos del gran diccionario de Policía,
si nos arriesgamos a prejuzgar por su nombre: La Rousse *; 4) y sobre todo, una
rigurosa selección de opúsculos de los miembros más notorios de la Liga
contra el abuso de tabaco.
*.- "La poli" en
lenguaje cotidiano.
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