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Vivisección, la otra cara de la ciencia: la siniestra.
Luchi Bonfico

¿Cuántos veces ha escuchado usted a lo largo de su vida el sesudo dictámen de que para curar a los humanos es imprescindible antestorturar y mutilar animales bajo pretexto de que quien lo hace está "investigando"? Pues bien, cuantas veces lo haya escuchado, otras tantas le han mentido. Si fueran sinceras, las empresas y los laboratorios responsables de tales prácticas confesarían que su cometido primordial no es ni el progreso, ni la ciencia, ni la preocupación por la salud del prójimo, sino pura y exclusivamente el afán de lucro elevado a una categoría de fetichismo. Ni más ni menos que el culto al dinero. Ahora bien, es justamente éste el únuico pretexto que jamás se utiliza, pues en vez de invocar las espectaculares ganancias que anualmente recaudan, nos hablan de servicio a la humanidad, antibióticos, salud pública y bienestar a raudales. Lo cierto es que para curar humanos no es imprescindible destruir ni torturar animales. Está comprobado hasta el cansancio que un medicamento testeado en animales, cuyos organismos difieren diametralmente del nuestro, puede producir efectos secundarios inesperados y hasta perniciosos. De modo que, además de cruel, se trata de una práctica poco confiable y sometida a imprevistos sumamente desagradables (y por supuesto que poco difundidos) ¿Cómo puede alguien ser tan iluso de pensar que aquello que sirva o deje de servir como conclusión respecto de la respuesta fisiológica de un ratón, sirve también y deja de servir respecto de un organismo humano? ¿Debemos admitir que sigan siendo torturados nuestros amigos del reino animal para que así puedan unos cuantos megalaboratorios y multinacionales cosmetológicas continuar sobornando la inconciencia o la crasa ignorancia de los médicos? ¿Hasta cuándo debemos tolerar la impúdica bonanza comercial que beneficia a cientos de anónimos consorcios con la excusa de prolongar la juventud de las maduras y de disminuir la fealdad de las feas? punto dista de ser confiable la técnica utilizada en cada experimento. De hecho, LOS RESULTADOS CON ANIMALES NO SON EXTRAPOLABLES A LOS HUMANOS, puesto que son a tal punto distintas nuestras fisiologías que resulta sobremanera peligroso, cuando no irrelevante, dar por sentado el valor paritario de una reacción química en uno y otro caso. Si nos parecemos en algo, es en que todos SOMOS SENSIBLES AL SUFRIMIENTO.

¿Quién aceptaría llamar a esto ciencia si no mediaran tamañas ganancias? Se trata de algo tan artificial y supervisado en un
ambiente tan ajeno a la naturaleza en estado puro, que las conclusiones extraídas carecen por lo general de todo valor
científico. Cada especie responde de forma diferente, conque resulta azaroso y hasta de un optimismo ridículo fiarnos de tales
prácticas "autorizadas".

Lejos de ser sinceros, los programas educativos vigentes se hayan atiborrados a tal punto de contenidos innecesarios, que no deja de llamar poderosamente la atención el hecho escandaloso de que niños en plena fase de gestación se hayen desprovistos de información concerniente al sufrimiento ajeno. Una tabla de logaritmos, un teorema geométrico o la descripción anatómica de un artrópodo son cosas que bien pueden aprenderse a cualquier edad. Pero en materia de vivencias éticas y postulados de conducta, empezar tarde equivale, en esta vida, a empezar mal. No conozco a nadie que siendo un guarango, un cruel o un desaprensivo a los veinte haya dejado de serlo al cumplir los treinta. De modo que es preciso inculcar en los niños desde la más tierna edad el respeto por los animales y por el medio ambiente. Mas, ¿con qué nos encontramos a diario en las aulas? Con disquisiciones a menudo oseosas sobre la más variada gama de temas, menos aquellos que afectan directamente a la calidad de vida en nuestra sociedad. Por ejemplo: se fuerza a los alumnos a estudiar fisiología, pero jamás se les indica la conveniencia de aplicar dichos conocimientos al propio cuerpo.  Así es como nos encontramos con adultos de treinta que se alimentaban mal ya en los recreos de su infancia. Lo que se debería educar de forma prioritaria en las escuelas es la SENSIBILIDAD AL SUFRIMIENTO DE OTROS SERES VIVOS, Y EL RESPETO A LA VIDA. Desterrar la bárbara práctica de flagelar animales so pretexto de impartir una información científica debe ser un objetivo irrenunciable a conseguirse en nuestro vetusto sistema pedagógico. ¿Beneficia en algo a un púber conocer al dedillo el sistema digestivo de una meduza si concluída la explicación pertinente sale al recreo para comprar y digerir un sandwich cuyo ingrediente principal es carne muerta, conservada químicamente y proveniente de un animal que, en mi vida, fue nutrido a base de hormonas? Tengan ustedes por seguro que los niños no aprenderan menos observando una lámina en un libro que contemplando mecánicamente y sin el menor interés cómo un insensible profesor con ínfulas
científicas tortura a un ser indefenso. Lo único que le conferiría derecho a hacerlo sería estar en condiciones de soportar idéntico tormento, no digamos ya en sus vísceras, sino solamente en un dedo de su criminal mano vivisectora. No es de extrañar, habida cuenta de que ese docente o médico al frente de la clase presenció en su infancia o en la facultad similares procedimientos bajo la excusa de ser formado científicamente. Como bien queda establecido en múltiples trabajos publicados en Internet por colegas defensores de los derechos animales (y en los cuales está basado un buen número de conceptos esgrimidos a continuación), la improvisación, la petulancia y el diletantismo están a la orden del día. Someter animales a operaciones que no necesitan, o bien proceder a su cautiverio para inocular en ellos enfermedades "a la carta" y asi poder luego utilizarlos como "modelos de investigación" de nuestras propias enfermedades constituye -aparte de una atrocidad moral-  una aberración médica y científica. Ello porque las reacciones a los fármacos y las enfermedades o traumas inducidos violenta y artificialmente a animales de otras especies son distintas y no guardan relación con las enfermedades que se desarrollan espontáneamente en el ser humano. La práctica de la vivisección posibilita la proliferación de medicamentos y de otros productos, ya que son coartadas legales que permiten dar una falsa sensación de seguridad al usuario. Este ignora
casi siempre que los "nuevos" fármacos y productos de cosmética y consumo general -obtenidos para reemplazar a los que van siendo retirados cuando se manifiestan los daños o "efectos secundarios" que producen- a veces se comercializan a pesar de producir cáncer y diversos tipos de tumores en animales, debido a la absoluta carencia de validez de tales experimentos. "Le atan a una mesa, su cabeza es introducida en un casco con cemento donde le dejan un conducto para respirar... El casco se engancha a un pistón que, con periodicidad maniática e insoportable, se dispara, produciendo el choque, seco, del cerebro del mono, totalmente despierto, con las paredes de su cráneo. Tras incontables pruebas
(pueden durar días, semanas, meses y años), se quita el cemento a martillazos, entre el cachondeo de los presentes. Mientras el animal agoniza, se oye música rock desde el casette a toda tralla, un "doctor" entra fumando y otro analiza las heridas del animal, pipa encendida en boca, en la habitación "esterilizada". Un último doctor comenta entre risas: "Esperemos que esta cinta no llegue a los defensores de los animales". Otro mono, con una cicatriz a lo largo de la cabeza, sufre repetitivos espasmos, mientras la investigadora, con cara feliz, le sujeta haciéndole mirar a la cámara..." Lo cierto es que muchos médicos se han "revelado" contra este horrendo "dogma" cuasi-infranqueable de la medicina, y consideran que actualmente la experimentación animal, a excepción de casos muy concretos, no es necesaria, siendo hasta peligroso su uso como base para obtener medicamentos.

MÉTODOS ALTERNATIVOS.

Métodos alternativos hay muchos, como la utilización de tejidos humanos vivos cultivados, placentas para técnicas de microcirugía y manipulación de tejido vivo, pequeñas intervenciones en pacientes humanos bajo estricta supervisión (práctica clínica), realidad virtual, etc. Muchos médicos cirujanos de excelente confiabilidad y habilidad son formados a través de estos métodos. Existen innumerables aspectos que hicieron que estas prácticas fuesen substituidas - éticas, técnicas, anatómicas, ambientales, psicológicas y económicas.

Hoy en día, asqueados por el sistema inhumano pero muy lucrativo de la industria de la investigación farmacéutica, cosmética y química, muchos científicos generalmente han renunciado a seguir experimentando con animales y abogan por sustituirlos por sistemas alternativos que, aunque suponen una inversión material inicial, son más fiables y serán más rentables a corto plazo para la salud pública humana:

-Los cultivos celulares y cultivos de tejido proporcionan estudios muy precisos y permiten observar fenómenos propios del ser humano.
-Los modelos matemáticos, simulaciones informáticas y herramientas audiovisuales permiten investigar, postular y recrear cualquier teoría sin necesidad de martirizar seres sensitivos para comprobar su posible resultado.

El grado de profundidad con que la prédica y el dinero de estas multinacionales ha corrompido y corrompe el espíritu de individuos supuestamente preparados para la especulación filosófica quedará en evidencia con un par de ejemplos. La fuente donde los mismos son citados pertenece a una valiosa compilación efectuada por Adela Pisarevsky, adalid indiscutida del activismo en favor de la liberación animal.

Resulta ser que un renombrado catedrático de la EHU-UPV asevera que ««existe una estimación de que el 20% de las personas viven gracias a la experimentación con animales»» y basa esta afirmación en el hecho de que ««las vacunas infantiles y los antibióticos se desarrollaron a partir de este tipo de experiencias, lo que redujo notablemente la mortandad entre los niños»»>>

AUNQUE SEA CIERTO, ESTÁ TOTALMENTE CARENTE DE ÉTICA! ¿QUÉ DERECHO TIENE NADIE DE INVADIR EL TERRITORIO DE ALGUNA ESPECIE, CAPTURARLOS, TRATARLOS COMO BASURAS, METERLOS EN JAULITAS EN QUE NI SE PUEDE DAR UN PASO, Y SACARLOS CADA VEZ QUE QUIERAN (MIENTRAS ESTÁN VIVOS), CORTARLOS, QUEMARLOS, HERVIRLOS, IRRADIARLOS, Y UN SINFÍN DE MÁS BARBARIDADES??? YA LO HICIERON LOS HUMANOS CON SU PROPIA ESPECIE, PERO NO SIGNIFICA QUE LO HAGAN Y SE ENSEÑE A HACERLO CON LOS ANIMALES NOHUMANOS, O CON HUMANOS OTRA VEZ, SEGÚN LA HISTORIA!!!

<<Pelayo: ««Jurídicamente, la diferencia es que el ser humano está revestido de dignidad»»>>

Mi estimado Pelayo: ¿Sería usted tan gentil de precisar exactamente en qué consiste esa hipotética dignidad humana a la que usted hace referenci a? Y le ruego no me salga con el remañido cuento de "los hijos de un padre bueno y celestial que habita en las alturas". Haga usted esto último y renunciaré a convencerlo, por lo mismo que renunciaría a convencer a un fanático del fútbol de que debe cambiar de divisa. Si, en vez, aduce usted algún tipo de "dignidad" fincada en la superioridad intelectual humana, tenga a bien precisar el grado de derechos que adquiere sobre otra persona alguien que la supere intelectualmente. Por ejemplo, ¿conlleva tal superioridad el derecho a oprimirla y a torturarla y a despedazarla? Piense usted detenidamente su respuesta. Pues podría alguien citar unas cuantas personas más inteligentes que usted, quienes invocando la misma licitud jurídica de la que usted se siente campeón, estuviesen dispuestos a esclavizarle y torturarle y despedazarle.

Luciano Bonfico, Miembro de la Unión Vegetariana Argentina. www.ivu.org/uva
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