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Ventanas
por
Eduardo Galeano
Una mesa remendada, unas viejas letritas móviles de plomo o madera, una prensa que quizás Gutemberg usó: el taller de José Francisco Borge en el pueblo de Bezerros, en los adentros del nordeste del Brasil.
El aire huele a tinta, huele a madera. Las planchas de madera, en altas pilas, esperan que Borges las talle, mientras los grabados frescos, recién despegados, se secan colgados de los alambres. Con su cara tallada en madera, Borges me mira sin decir palabra.
En plena era de la televisión, Borges sigue siendo un artista de la antigua tradición del cordel. En minúsculos folletos, cuenta sucedidos y leyendas: él escribe los versos, talla los grabados, los imprime, los carga al hombro y los ofrece en los mercados, pueblo por pueblo, cantando en letanías las hazañas de gentes y fantasmas.
Yo he venido a su taller para invitarlo a que trabajemos juntos. Le explico mi proyecto: imágenes de él, sus artes de grabado, y palabras mías. Él calla. Y yo hablo y hablo, explicando. Y él, nada.
Y así sigue siendo, hasta que de pronto me doy cuenta: mis palabras no tienen música. Estoy soplando en flauta quebrada. Lo no nacido no se explica, no se entiende: se siente, se palpa cuando se mueve. Y entonces dejo de explicar; y le cuento. Le cuento las historias de espantos y de encantos que yo quiero escribir, voces que he recogido en los caminos y sueños míos de andar despierto, realidades deliradas, delirios realizados, palabras andantes que encontré o fui por ellas encontrado.
Le cuento los cuentos; y este libro nace.
El hambre desayuna miedo. El miedo
al silencio aturde las calles. El miedo amenaza.
Si usted ama, tendrá sida.
Si fuma, tendrá cancer.
Si respira, tendrá contaminación.
Si bebe, tendrá accidentes.
Si come, tendrá colesterol.
Si habla, tendrá desempleo.
Si camina, tendrá violencia.
Si piensa, tendrá angustia.
Si duda, tendrá locura.
Si siente, tendrá soledad.
Helena Villagra no podía abrir los ojos. Los ojos le ardían. Se restregaba los párpados y se le salían las pestañas y también las cejas se le salían. Ella estaba en un cine. Cuando por fin conseguía mirar, veía una pantalla negra.
Ya las cenizas de Alberto yacían en tierra de Tucumán, ya crecían las cenizas de Alberto en los verdores de allá. Helena había heredado su sombrero. Helena dormía, y el sobrero de Alberto también dormía; y en el sueño de Helena, el sombrero soñaba.
El sombrero soñaba que agitaba sus alas y girando se iba a volar por ahí, con Helena adentro, acurrucada en la copa.
Ella despertaba mareada de tanto dar vueltas
Los cuentacuentos, los cantacuentos, sólo pueden contar mientras la nieve caeAsí manda la tradiciónLos indios del norte de América tienen mucho cuidado con este asunto de los cuentosDicen que cuando los cuentos suenan, las plantas no se ocupan de crecer y los pájaros olvidan la comida de sus hijos
En Haití, no se pueden contar cuentos durante el díaQuien cuenta de día, merece la desgracia: la montaña le arrojará una pedrada a la cabeza, su madre sólo podrá caminar en cuatro patas
Los cuentos se cuentan en la noche, porque en la noche vive lo sagrado, y quien sabe contar cuenta sabiendo que el nombre es la cosa que el nombre nombra
En lengua guaraní, ñe'~e significa "palabra" y también significa "alma".
Creen los indios guaraníes que quienes mienten la palabra, o la dilapidan, son traidores del alma.
Magda Lemonnier recorta palabras de los diarios, palabras de todos los tamaños, y las guarda en cajasEn caja roja guarda las palabras furiosasEn caja verde, las palabras amantesEn caja azul, las neutralesEn caja amarilla, las tristesY en caja transparente guarda las palabras que tienen magia
A veces, ella abre las cajas y las pone boca abajo sobre la mesa, para que las palabras se mezclen como quieranEntonces, las palabras le cuentan lo que ocurre y le anuncian lo que ocurrirá
Javier Villafañe busca en vano la palabra que se le escapó justo cuando iba a decirla¿Adónde se habrá ido esa palabra que tenía en la punta de la lengua?
¿Habrá algún lugar donde se juntan las palabras que no quisieron quedarse? ¿Un reino de las palabras perdidas? Las palabras que se te fueron, ¿dónde te están esperando?
La A tiene las piernas abiertas.
La M es un subibaja que va y viene entre el cielo y el infierno
La O, círculo cerrado, te asfixia.
La R está notoriamente embarazada.
-Todas las letras de la palabra AMOR son peligrosas -comprueba
Romy Díaz-Perera.
Cuando las palabras salen de la boca, ella las ve dibujadas en el
aire
Llevaba más de veinte años preso, cuando la descubrió
La saludó con la mano, desde la ventana de su celda, y ella le respondió desde la ventana de su casa
Después, le habló con trapos de colores y con letras grandesLas letras formaban palabras que ella leía con largavistasElla contestaba con letras más grandes, porque él no tenía largavistas.
Y así les creció el amor.
Ahora Nela y el Negro Viña se sientan espalda contra espalda. Si uno se va, el otro se cae.
Ellos venden vino frente a las ruinas de la cárcel de Punta Carretas, en Montevideo.
Ella está en el horizonte -dice Fernando Birri-. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para que sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar.