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Los
Simpson y las drogas: el lado psicoactivo de Springfield
Publicado en:
Cáñamo Fecha: Marzo 2002 Escrito por: Jordi
Cebrián
Os invito a explorar
un aspecto poco comentado de la gente que habita Springfield y de su pasión
por las drogas, legales e ilegales. Exploraremos los secretos más ocultos y
psicoactivos de esta familia y los de su entorno familiar, social y laboral.
No hay serie en televisión con tantas
referencias psicoactivas. Y es de rigor que empecemos comentando algunas de
las muchas referencias cannábicas que contiene.
Marihuana
En Springfield el cannabis está, desde sus
orígenes, muy presente. No es de extrañar, dado que el fundador del
pueblo, el ilustre Jebbediah Springfield, cuando llegó a los terrenos que
luego constituirían la ciudad, se dirigió así a los colonos que le seguían:
"En este lugar construiremos una nueva ciudad, donde podremos celebrar
nuestros cultos libremente, gobernar justamente, y cultivar vastos campos de
cáñamo para fabricar sogas y sábanas". Muchas son las muestras de la
tradición cannábica de Springfield. Tenemos constancia, por ejemplo, de
que el alcalde Quimby, en un armario de su despacho oficial, tiene una
planta de marihuana a la que hemos visto regar a escondidas. Al conductor de
autobús, Otto, la chaqueta le huele permanentemente a hierba. El director
del colegio, Skinner, reconoció en un episodio: "En Vietnam olí
bastante humo de marihuana". La policía de Springfield no se escapa de
inhalar cannabis: en un episodio en el que efectúan una redada contra un
ciego que consume marihuana medicinal, toda la policía, empezando por el
jefe Wiggum, acaban en casa del ciego, con los otros polis, fumando porros,
y bailando al son de Bob Marley. Y eso pese a que el museo de la Policía en
Springfield incluye en una de sus secciones un ejemplo de fiesta hippy con
figuras de cera, donde podemos ver jóvenes con melenas escuchando música,
fumando hierba y metiendo bebés en el horno, conforme una vieja leyenda
urbana antidrogas.
Pero si centramos la atención en nuestra
familia preferida, los Simpson, veremos que también allí está presente la
afición cannábica. Vimos a Homer y a Marge, de jóvenes, en fiestas donde
se usaban bongs. Incluso hay motivos más que fundados para sospechar que
cultivan marihuana. En un episodio, Lisa, disgustada porque unos promotores
quieren cortar un árbol centenario, se presenta un día en el comedor de
casa, donde Homer, Bart y Marge están comiendo, y dice, refiriéndose a su
cruzada ecologista: "Ya estoy harta! ¡Voy a hacer algo!", y sale
de casa. Homer, asustado, le dice a Marge: "¡Va a denunciarnos porque
cultivamos maría!", a lo que Marge, enfadada, le contesta: "¡Homer!
¡Nosotros no cultivamos maría!". Entonces Homer, un poco paranoico,
mira a un lado y a otro y dice: "¡Ah, sí, es verdad! ¡No cultivamos
maría!", con tono de disimulo. Este cultivo clandestino explicaría
los viajes a Holanda que, según otro episodio, hace Homer de tanto en
tanto, si bien se da a entender que en realidad su vicio secreto son los
tulipanes, cuando es sorprendido por una cámara de seguridad cuando los
devora compulsivamente escondido en el lavabo.
En varías ocasiones los guionistas se burlan
de la pretendida nocividad del cannabis. En una ocasión, el señor Burns
rememora que en su juventud se infiltró en Greenpeace para poder
denunciarles a la policía. Al desenmascarar sus planes, mientras los verdes
son detenidos, les muestra un bong y confiesa: "Ja, ja... Y tenéis que
saber que durante todo este tiempo sólo he fumado inofensivo tabaco".
En otro momento, en una película de McBain, se muestra una reunión de
mafiosos, donde el capo di tutti li capi presenta a sus colegas una
nueva droga de diseño, irresistible, que van a lanzar al mercado negro, y
dice de ella, para estupefacción del resto de capos, que es "diez
veces más adictiva que la marihuana".
Y la parodia adopta aires de profecía cuando en un capítulo de la serie
vemos que, en el futuro, Lisa se ha convertido en presidenta de Estados
Unidos. Bart, que se ha convertido en una especie de posthippy reciclado y
bueno para nada, le pide: "Legalízala de una vez...", y Lisa
concede.
Homer y los
estados alterados de conciencia
No es sólo la marihuana. Homer siente atracción irresistible hacia los
estados alterados de conciencia. Y no me refiero sólo a la combinación
narcótica de cerveza Duff, sillón y televisión quemaneuronas, que por si
sola daría para otro artículo, sino a experiencias psicodélicas y místicas.
"¡Drogas! Conocen mis debilidades", dice Homer cuando unos isleños
del pacífico le preparan un té con hierbas. Es en esa misma isla donde se
aficiona a lamer sapos alucinógenos, que le dilatan las pupilas y le
inducen un estado contemplativo. Esos isleños, acostumbrados a vivir entre
drogas, sucumbirán en cambio a las tentaciones del alcohol que Homer
introduce en la isla, y que hasta entonces desconocían. Les vuelve
violentos, adictos y asoclales.
Por otra parte, uno de los más elaborados
viajes místicos que aparecen en la serie es el que tiene lugar cuando Homer,
en la Fiesta Nacional del Chile, degusta unos explosivos chiles picantes de
manicomio guatemalteco. Transportado de inmediato a un paisaje psicodélico,
Homer inicia un viaje chamánico. Se le aparece una tortuga, su animal totémico,
que lleva escrito en el caparazón: "Sígueme". Homer se
impacienta siguiendo un animal tan lento, y acaba acelerando el viaje de la
tortuga con un tremendo patadón que la manda por los aires.
Homer como
narcotraficante
Al margen de sus experiencias con drogas, legales e ilegales, Homer es a
menudo quien, de manera activa, contribuye a difundir las sustancias
psicoactivas entre los ciudadanos de Springfield. No podemos olvidar un gran
invento de Homer, el "tomaco", el resultado de mezclar semillas de
tomate y tabaco en una misma plantación y abonarla con residuos
radioactivos. El resultado fueron unos tomates que contienen nicotina y que
resultan tremendamente adictivos para quien los prueba una sola vez, tanto
que las grandes multinacionales farmacéuticas pugnan por robarle la patente
genética. En otro momento mezcla una cosecha de peyote que sus primos
cultivaban para su autoconsumo con unos zumos de fruta que se distribuyen
por la ciudad. Resultado: todo Springfield tiene experiencias alucinógenas.
Homer es también el inventor de un cóctel
tremendamente adictivo, el "flameado de Moe", cuyo ingrediente
secreto es "jarabe no narcótico para la tos, marca Krusty". Dado
que el componente tradicional de los antitusígenos no narcóticos es el
dextrometorfano, lo que el celebre cóctel provoca es el conocido coloque
por DXM. Aunque, dado que el jarabe es de la marca Krusty, bien conocida por
su publicidad engañosa, bien podría tratarse de codeína, un opiáceo
presente en jarabes para la tos. En otro episodio, Homer y su padre se
convierten en distribuidores de una sustancia afrodisíaca, fabricada
clandestinamente en una bañera, y que deja la Viagra en mantillas. La gente
les quita de las manos la sustancia hasta que empiezan los problemas con la
ley.
Pero cuando de manera más directa se
enfrenta Homer a la Prohibición es cuando se convierte en traficante de
bebidas alcohólicas, en el momento en que, rescatando una vieja ley del
pasado, Springfield adopta la "ley seca". Homer entonces se
convierte en un adalid de la libertad de emborracharse y se dedica a
distribuir alcohol de contrabando, arriesgándose a sufrir la pena que la
ley impone en estos casos: ser expulsado del pueblo mediante una gran
catapulta, una ley no demasiado más absurda que nuestras actuales
legislaciones antidroga.
Marge y sus
coloques
Marge no se queda atrás en cuanto a conductas adictivas. La hemos visto
beoda en varias ocasiones, así como víctima de la ludopatía cuando se
legaliza el juego en Springfield. Cuando los servicios sociales se les
llevan a los críos, tras pasar un test de drogas da positivo de crack y PCP.
Ella afirma que se trata de un error y afirma ser adicta sólo al amor a su
hijo e hijas ("Love for my Son and Daughters"), y dice: "Sí,
sólo necesito un poco de LSD". Corresponde claramente a un viaje por
ácido la experiencia de Marge en la cocina al beber un vaso de agua
contaminada durante una pugna entre vecinos en Springfield. La cocina
empieza a derretirse ante sus ojos y los electrodomésticos parecen cobrar
vida. Marge, reconociendo la experiencia, exclama, entusiasmada: "¡Oh.
las paredes se están fundiendo otra vez!"
Los pequeños
de la casa: Bart, Lisa y Maggie
De la pequeña Maggie sólo conocemos una adicción, su chupete. Eso sí, el
episodio donde más activa se la ha visto ha sido precisamente cuando lideró
una rebelión de alumnos en la hiperestricta guardería donde requisaban los
chupetes a los críos, para que no dependieran de ellos.
Lisa, durante un viaje al parque de atracciones de la cerveza Duff echa un
trago del agua por la que están navegando en una atracción, lo que le hace
perder del todo la conciencia, entra en un estado de delirio etílico
durante el que ve danzar elefantes rosas, en una parodia de la escena de
Dumbo en que el elefante y el ratón se emborrachan, y se cree la reina de
los lagartos. Por otra parte, sabemos que durante una experiencia en un
tanque de aislamiento sensorial experimentó intensas alucinaciones.
Bart, por supuesto, no se queda corto, y en alguna ocasión ha bebido más
de la cuenta. Es por culpa de que las cámaras de televisión le filman
borracho que la sociedad de Springfield se ve en la obligación de restaurar
la "ley seca". En otra ocasión, Bart y Milhouse se atreven a
probar el "Fresisuis especial", sólo azúcar, del badulaque de
Apu, y sufren una sobredosis de glucosa que los vuelve hiperactivos.
¿Es eso todo?
En absoluto, la lista de referencias es interminable. Krusty se declara por
dos veces adicto al Percodan. El señor Burns está encantado con sus
pastillas contra el dolor que tienen por nombre Te Daré Amor, y en otro
episodio se declara adicto a la morfina. El abuelo Simpson vende las
pastillas que debe tomarse a adictos necesitados. Durante todo un episodio
Bart aparece bajo los efectos del Focusyn, una parodia del Ritalin, un fármaco
profusamente recetado por los médicos para tratar a niños hiperactivos,
pues favorece su capacidad de concentración. Barney, el borrachín del
pueblo, se bebe en un episodio el contenido de dardos tranquilizadores para
animales. Los doctores inhalan sus propios anestésicos. El dentista
comparte el ácido nitroso con toda la familia Simpson y acaban todos el
episodio con la risa tonta. Y podríamos seguir y seguir si no fuera porque
el espacio de este artículo es limitado.
Conclusión
Los Simpson, es sabido, son una imagen deformada de la sociedad
norteamericana y, por ende, de la nuestra. Al igual que se satirizan en sus
episodios prejuicios como la homofobia, el fanatismo o la pasión por las
armas de fuego, se parodian también las percepciones, los miedos y los
deseos ocultos que las drogas provocan en la sociedad. Lo que hace tan real
a Springfield es que las drogas y lo psicoactivo existen y, por tanto, se
muestran. Por contraste con el mundo triunfante de lo políticamente
correcto, donde las drogas no existen y donde nadie necesita colocarse, Los
Simpson equivalen a un soplo de aire fresco. Tal y como comenté al
principio, desafío a los lectores a encontrar un producto televisivo
destinado al consumo familiar y ampliamente seguido por niños, jóvenes y
adultos, que contenga tal cantidad de referencias al mundo de las drogas y
que plantee cuestiones referidas a la Prohibición con la causticidad con
que lo hace ésta. Colegas, os espero en el bar de Moe.
"Quisiera agradecer a todos los usuarios
de Cannabis-Cafe que me han aportado datos e ideas al respecto. Muchas
gracias."
+ otro
texto con referencias a la droga en los simpons (en inglés)
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