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antiprohibicionistas
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Cafeina,
café y chocolate
| El
té en las colonias inglesas |
Aquí puedes encontrar
(1) artículo publicado sobre el Té Verde por Marta
Dillon.
(2) información sobre las propiedades anticancerígenas
del té, además de información de otras infusiones similares y
sus efectos, toxicidad, breves datos químicos, posición de la medicina
científica ante dicho té e instrucciones para el correcto preparado del
mismo
La ceremonia del
té
Por
Marta Dillon
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Los de
pronto populares beneficios del té verde –utilizado por las
grandes casas de cosmética como The Body Shop, que alguna vez hizo
alabanza de la marihuana – sirven de excusa para revisar algunos
de los preceptos que los antiguos orientales exigían a la hora de
venerar a esta planta tan generosa, que antes de convertirse en
producto comercial crecía salvajemente en las estepas chinas. |
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Dicen los antiguos que la dificultad es una brújula y que quien se
deja guiar se topa, tal vez sin intención, con el bálsamo de pequeños
alivios, descubrimientos sencillos que cambian lo oscuro en luz, lo
que hiere en la comprensión de su necesidad. Sin la dificultad, el
avance es vacuo. ¿Cómo valorar los pasos que se han dado sin
reconocer en los pies las cicatrices de la adversidad? Y no hablamos
aquí de martirio, eso es bien diferente. Los que avanzan por el
sendero de puntiagudas piedras, un pie delante del otro, soltando lo
que ensucia con su discurso permanente el silencio interior, no
hablan de infligirse dolor alguno, ni siquiera de soportar, como si
hubiera un destino en el dolor físico, mucho menos de expiar culpas
por medio del tormento. Sencillamente, dicen, quienes avanzan
despacio, buscando el modo de esquivar, atravesar, afrontar la
dificultad, se topan con la belleza que siempre estuvo ahí, oculta
por la eficiencia, la celeridad, el camino recto. Así es el sendero
del té para los antiguos japoneses y para quienes todavía hoy se
dejan llevar por las evoluciones del vapor en un recipiente sin
asas, reconociendo en el líquido verde un retazo del mundo, quieto
de pronto en esa taza, sencillamente ofrecida como una caricia, una
curación, una búsqueda. El sendero por el que se llega al lugar,
cualquiera sea, donde se realice la milenaria ceremonia del té debe
ser una oportunidad para mirar a los costados, descubrir cómo el
sol se desarma en el prisma de las piedras, advertir lo que ofrecen
las flores e ir soltándolo todo, lo que sobra, lo que mancha, lo
que hace ruido. A la sala del té hay que entrar tan vacío como la
misma taza que espera.
Habrá que atravesar una puerta estrecha, tanto que será necesario
agacharse como en reverencia, aunque no son honores los que se
rinden. Es apenas una demostración del verdadero tamaño que hay
asumir frente a lo que no cambia y lo que se dona –el té, que
estuvo ahí aun antes de ser cultivado y elegido por manos mal pagas
que lo transforman en tesoro de salud–, es, ese modo de entrar,
una señal de humildad para poder recibir lo que se va a recibir. La
longevidad, por ejemplo, de creer a las antiguas geishas que
oficiaban la ceremonia con sus pasos diminutos y sus artes siempre
dispuestas sirviendo té verde como un elixir del que ellas
disfrutaban más que nadie por la sola constancia de tener que
servirlo y beberlo. O la gracia de la atención a las pequeñas
cosas, que es lo que dicen los antiguos que enseña el té. Quien
disfruta del sabor sencillo, del silencio acunado por el ruido
burbujeante del agua que hierve y se derrama –un sonido antiguo
como el del propio cuerpo cuando procesa nuestros excesos, o el que
no recordamos pero seguro está impreso en algún pliegue de nuestra
identidad, ese sonido de agua que era el único medio cuando todavía
no éramos quienes somos– tiene la posibilidad de entender los
cuatro principios fundamentales sobre los que se apoya esta
ceremonia: armonía, respeto, pureza y tranquilidad.
Saber servir y dejarse servir, compartir lo que se tiene –lo poco
que se tiene–, andar a la búsqueda de quien necesita para dárselo,
como un pescador que devuelve sus peces al mar, tentar al huésped
inesperado y cumplir con el servicio, la donación del arte y el
afecto, indiferente a quien lo recibe, siempre que haya alguien del
otro lado. Ese era el sentido, ése es el sentido, dicen los que la
practican, de la ceremonia del té, un conjunto de rituales
finamente programados, tan extensos que sería ocioso describir
pero, que en definitiva, apelan a lo fundamental: rendir culto a los
misterios que a diario compartimos, dejar las explicaciones en manos
de los cínicos, hincarse en el templo de la mente para agradecer lo
que sea que haya que agradecer, encontrar eso, recortarlo del caos
de ideas, encender la vela que lo alumbre como un faro para los
barcos perdidos del resto de las ideas.
¿Importa entonces decir que el líquido que se toma en esta
ceremonia es el té verde y no otro? ¿Importa acaso saber que esa
infusión es la última niña mimada de la medicina alternativa y
que hasta los más duros cardiólogos reconocen que evita la oxidación
del colesterol “malo”? ¿Que actúa como antioxidante, que
retrasa el envejecimiento de la piel y de los órganos internos al
rechazar los ataques celulares que lo provocan? Hasta dicen que
tiene efectos más beneficiosos que las vitamina C y E. Que es
cicatrizante, bactericida –para aplicarse sobre heridas que ya han
comenzado procesos infecciosos–, refrescante de la piel y suave
estimulante, más discreto que el mate, menos dañino que el café
pero suficiente como para que los monjes taoístas lo usaran para
conjurar el sueño durante las extensas jornadas de silenciosa
meditación. Eso no es todo: el té verde es incluso capaz de
proteger la dentadura igual que cualquier baño sintético de flúor.
¡Y hasta se asegura que puede evitar el cáncer por efecto de los
polifenoles que, para más datos, estimulan el ADN para que se
reproduzca sin máculas evitando acciones mutantes!
Es la Camellia sinesis, un arbusto silvestre que llega a medir más
de cuatro metros, planta madre de una diversidad de preparaciones y
mixturas que sólo las expertas narices, como se llama a quienes con
refinamiento son capaces de distinguirlas, combinan para traer
aromas de jazmines, de rosas, de frutas o cientos de otros sabores
que siempre significan lo mismo: una pausa. Un intervalo –que supo
banalizar la conocida publicidad de una marca argentina con nombre
de mujer–, que no siempre convoca a la meditación pero suele
habilitar la charla, el final de una comida, el encuentro heredado
de tradiciones extranjeras a las cinco de la tarde. El té verde, el
que ahora se descubre como un beneficio para la salud o la cosmética,
se obtiene de aquella camellia pero no se fermenta como el té
negro, el más conocido, el que se toma con leche con menos
ceremonia. El té verde tiene ese color intenso que le da su nombre,
tiene el sabor de las hierbas frescas, un tinte amargo, tal vez, que
no hay que quitar con azúcar, ni siquiera con miel, para que traiga
a la boca un regusto de jardines que llega cuando se lo prepara
correctamente: usando agua fresca –nunca la caliente, que cuando
sale de la canilla arrastra los tóxicos de la cañería–, retirándola
del fuego treinta grados antes del hervor, sirviéndola sobre las
hojas en una tetera que no debería ser de metal y dejando que la
infusión repose al menos tres minutos, que son los necesarios para
que los beneficios se suelten en el agua como las fantasías sobre
las evoluciones del vapor, y el silencio, entre las manos de quienes
sujetan como un tesoro la tacita oriental, esa que no tiene asas y
permite que sea abrazada para que se descargue allí eso que los
japoneses dejan en el camino que conduce a la casa del té.
Lo demás, lo que se converse en torno a la bebida, los encuentros
que se produzcan, todo eso corre por cuenta de quien decida tomar el
té, según la costumbre o buceando en el antiguo oriente ese camino
que, dicen los antiguos, ayuda a leer en todo un símbolo. A revelar
el mundo como un mapa, plagado de mensajes y metáforas, que quedarán
en él cuando se haya partido, aun cuando se viva intentando dejar
una huella indeleble, que de todos modos se fundirá en la cadena
del tiempo, en las huellas de otros pies que, como pasos sobre la
arena, el viento borrará y despejará, alternativamente, según
quien sea capaz de mirar sobre los médanos.
publicado
en Pagina/12, Gustos
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Te
verde : anticancerígeno natural
Por Ricardo
A. Mariscal y Carlos Mateos : volver
El té es la segunda bebida más consumida del mundo después del
agua. Pero además de ser apreciado por su sabor, el té
-especialmente el verde- empieza a ser valorado ahora por sus
propiedades terapéuticas, únicas en el reino vegetal. Y es que
cada vez son más los estudios que aseguran que reduce el riesgo de
sufrir enfermedades cardiovasculares y previene la aparición de
tumores además de combatir otros trastornos menores.
"El té es una medicina
milagrosa para el mantenimiento de la salud. Tiene el extraordinario
poder de prolongar la vida". Así de rotundo se expresa al
menos el libro Mantener la salud bebiendo té escrito por un
monje budista en el año 1211. Claro que mucho antes de esa fecha el
té ya era utilizado como planta medicinal por chinos e indios. De
hecho, en China la infusión de té verde es la bebida nacional,
quizás porque están convencidos de que calma el dolor de cabeza y
cura la disentería, la tos, la gastroenteritis y hasta mejora la
hepatitis. Propiedades que las últimas investigaciones amplían
notablemente.
SU ORIGEN
El té verde proviene de la planta Camellia sinensis
de la que se extraen también otros tipos de té. El verde se
obtiene cociendo las hojas frescas al vapor con altas temperaturas.
De esa forma, a diferencia de lo que ocurre con el té negro, se
detiene el proceso de fermentación, las enzimas oxidantes
permanecen inactivas y su contenido en polifenoles queda intacto.
Unos polifenoles que han demostrado -según publica la revista científica
Alternative Medicine Review- "propiedades
antioxidantes, anticarcinógenas, antiinflamatorias, termogénicas,
probióticas y antimicrobianas en numerosos estudios humanos,
animales e in vitro".
La cantidad de estudios en torno al té verde crece en proporción
geométrica, solo comparable a su consumo, mayor incluso que el de
café. Por citar un ejemplo, en los últimos cuatro meses se han
publicado más de 50 estudios sobre sus beneficios terapéuticos, la
mayoría relacionados con su capacidad para frenar el desarrollo de
tumores. Aunque los autores de los mismos suelen mostrarse cautos en
sus conclusiones, lo cierto es que los resultados se acumulan y
parecen quedar pocas dudas entre los expertos sobre las
posibilidades antitumorales de esta bebida de origen vegetal.
En el caso del cáncer de piel se disponen de mayores evidencias. La
Universidad Case Western Reserve realizó una revisión de
estudios que se publicó el pasado mes de agosto en Archives of
Dermatology y destacaba que "los estudios experimentales
sugieren que el té verde posee potenciales propiedades
antiinflamatorias y anticancerígenas útiles en diversas afecciones
de la piel". El análisis concluía señalando que "aunque
son necesarios más estudios clínicos, añadir a productos para el
cuidado de la piel té verde podría tener un profundo impacto
positivo en diversos problemas dermatológicos".
En esta línea, una investigación anterior de la misma universidad
comprobó que los polifenoles protegían la piel de las personas
expuestas a rayos ultravioletas. El daño de la dermis y la
epidermis era menor cuanto mayores eran las dosis aplicadas, lo que
permitía concluir a los científicos que "los polifenoles
del té verde podrían ser usados como un candidato quimiopreventivo
novedoso y una posible estrategia para reducir el riesgo de cáncer
de piel inducido por el sol en la población".
Entre estos polifenoles, los científicos se han atrevido a señalar
como responsables del efecto antitumoral a las catequinas, de las
que el té verde contiene cuatro importantes: EC, ECG, EGC y EGCG.
Pero es en esta última catequina -la EGCG o epigalocatequina- donde
los investigadores estiman que reside la mayor eficacia contra el cáncer.
Uno de los primeros estudios sobre la función antitumoral de esta
sustancia data de 1997, cuando un grupo de investigadores de la
Facultad de Medicina de Ohio (EE.UU.) encabezado por el doctor Jerry
Jankun divulgó en la revista Nature su utilidad para
ayudar a prevenir el desarrollo de tumores cancerígenos e, incluso,
servir de tratamiento.
SIN EFECTOS TÓXICOS
La explicación de esta actividad reside en su inhibición
de la uroquinasa, una enzima fundamental para el crecimiento
tumoral. El trabajo -publicado en Nature- incidía en la
relevancia de la uroquinasa como una de las enzimas que más
favorece la proliferación de las células cancerígenas. Uno de los
hallazgos más novedosos de la investigación fue que el té verde
posee altas concentraciones de EGCG -unos 150 miligramos por taza- y
que esta catequina no posee efectos tóxicos mientras que otros
inhibidores de la uroquinasa sólo pueden ingerirse en pequeñas
cantidades debido a su toxicidad. "El inhibidor de la
uriquinasa que contiene el té verde en cantidades altas podría
reducir la incidencia del cáncer sin efectos secundarios",
destacaron los científicos.
Por si fuera poco, un trabajo más reciente -también aparecido en
Nature- comprobó que la EGCG ralentiza la angiogénesis, el proceso
por el que el tumor genera nuevos vasos sanguíneos para nutrirse y
crecer. Aunque ambos estudios fueron realizados con ratones, otras
investigaciones realizadas con voluntarios han comprobado el aumento
de la capacidad antioxidante del plasma después del consumo de té,
según el European Journal of Nutrition.
Pero a pesar de estos hallazgos sobre las catequinas, muchos científicos
no se atreven a decir que sea un único componente del té verde el
responsable de sus propiedades anticancerígenas y prefieren hablar
de la combinación de varios. Así, la revista Journal of
Molecular Medicine se hizo eco recientemente de un trabajo sobre
los suplementos dietéticos en el cáncer en el que se aseguraba que
"la mayor acción anticancerígena ha sido demostrada por
aquellos componentes naturales con una actividad multifuncional,
como es el caso del té verde", cuyas catequinas y
polifenoles en general "muestran la actividad anticancerígena
más potente". El Centro de Ciencias de la Salud de la
Universidad de Colorado ha ido más allá al señalar que
"el té verde posee una actividad anticancerígena
significativa en numerosos modelos animales" pero advierten
que sus propiedades no se deben a una sola catequina sino a una
"mezcla compleja".
LOS MÉDICOS ESPAÑOLES LO IGNORAN O
LO PONEN EN DUDA
En suma, contamos con todo tipo de estudios sobre los
beneficios antitumorales de esta infusión: clínicos, químicos y
epidemiológicos. Estos últimos toman como referencia a la población
japonesa, cuyos habitantes -que llegan a tomar hasta seis tazas de té
al día- parecen insólitamente inmunes a los tumores de estómago,
esófago y boca.
El té verde no sólo ha roto moldes por el número de
investigaciones realizadas sino también por la cantidad de revistas
científicas que los han publicado, algunas de las cuales hasta
ahora no se habían caracterizado precisamente por su apoyo a la
fitoterapia. Sin embargo, este entusiasmo investigador no se ha
trasladado a los médicos españoles, por lo general reacios a
analizar los datos de cualquier posible acción anticancerígena de
una planta por muchos estudios que la avalen. Una cautela, cuando no
oposición, que no encontramos cuando se trata de fármacos de síntesis
aunque hayan sido objeto de menos ensayos o sus efectos secundarios
sean muy superiores.
Así, uno de los oncólogos que más se destaca por su gran número
de libros publicados y su participación en todo tipo de congresos
científicos, el doctor Manuel González Barón, jefe de
Oncología del Hospital La Paz, de Madrid, no sólo reconoce no
saber nada del té verde sino que reacciona de forma airada a una
mera pregunta sobre él. El doctor Juan José Lahuerta, jefe
de Oncología del Hospital Doce de Octubre, también confiesa no
saber nada de estas investigaciones aunque, a diferencia de su compañero,
no se molesta por la cuestión. Mayor conocimiento muestra el doctor
Miguel Ángel Rubio, del Servicio de Endocrinología del
Hospital Clínico San Carlos de Madrid, quien asegura que "se
trata de trabajos experimentales que hay que analizar con
reservas."
El doctor Rubio ratifica la beneficiosa actividad antioxidante del té
verde pero duda de su carácter preventivo de enfermedades si su
ingesta no se realiza en el marco de una alimentación equilibrada,
dentro de la cual sería "un factor protector más".
El endocrino madrileño es particularmente escéptico en lo que
concierne a la actividad anticancerígena del té verde,
fundamentada en la presencia de otro tipo de antioxidantes en su
composición, las catequinas. El té verde conserva estas sustancias
debido a que la fermentación de las hojas es detenida en mitad de
su proceso. Lo que no ocurre en otras variedades de té, como el
caso del té negro, donde las catequinas se oxidan durante la
fermentación y desaparecen.
COMBATIENDO LA ARTERIOSCLEROSIS
Y no son esas sus únicas propiedades. Según una
investigación publicada el pasado mes de agosto, los poderes benéficos
del té verde se extienden a la prevención de la arterioesclerosis
coronaria, enfermedad que consiste en el endurecimiento de las
arterias y la formación de depósitos de lípidos o grasas en sus
paredes. Médicos del Departamento de Medicina Preventiva de la
Universidad Kyushu, en Fukuoka (Japón), sometieron a un grupo de
varones mayores de treinta años a una dieta en la que se incluía
un consumo de entre dos y cuatro tazas diarias de té verde. Los
resultados demostraron la eficacia del tratamiento en 262 de los 302
sujetos. El beneficio del té resultó ser acumulativo, es decir,
aquellos que consumían más tazas diarias presentaron menos
posibilidades de formar depósitos de grasa en sus arterias. Sin
embargo, no se demostró un beneficio similar en las mujeres.
La capacidad antioxidante de los polifenoles del té es la
responsable de este efecto cardioprotector, según coinciden en señalar
los autores que se han ocupado de su estudio. Los polifenoles son
capaces de reducir los niveles de estrés oxidativo de las células
con lo que disminuyen las posibilidades de sufrir dolencias
cardiovasculares y determinados tumores.
PODEROSOS QUEMA-GRASAS
La influencia de los polifenoles sobre el organismo también
se extiende a la liberación de calor y, por tanto, a la destrucción
de grasas, como subraya la doctora Teresa Ortega, profesora
de Farmacología de la Universidad Complutense de Madrid: "La
acción conjunta de la cafeína -que también contiene el té-
y los polifenoles favorece la termogénesis o ritmo al cual se
queman las calorías y el consumo general de energía; de ahí que
se recomiende el consumo de té verde como complemento del ejercicio
físico al constituir un poderoso quema-grasas".
Esta propiedad es la responsable de que el té verde sea una de las
plantas que con más frecuencia aparecen en las dietas de
adelgazamiento, especialmente aquellas en que se opta por la ayuda
de productos de origen natural en detrimento de fármacos de síntesis
(o químicos). Un hecho que se sospechaba desde hacía tiempo pero
que ha sido comprobado en recientes estudios.
Así, científicos de la Universidad de Ginebra, en Suiza,
realizaron una serie de experimentos destinados a probar este
extremo. Para ello, estudiaron los efectos del té verde en diez
hombres sanos que presentaban un sobrepeso de bajo a medio. El ritmo
de quema de calorías de las personas observadas que ingirieron té
verde con sus comidas aumentó un 4 por ciento y el gasto general de
energía en un 4 y medio por ciento. En cambio, las personas de este
experimento que tan sólo consumieron cafeína no mostraron cambio
alguno en sus índices. En su conclusión, los investigadores añadieron
que, al contrario que otros productos para dietas, el té verde no
contiene altas dosis de cafeína y no afecta al corazón.
OTROS ALIMENTOS RICOS EN FLAVONOIDES
Los flavonoides -también conocidos como flavinas o
flavanoles- son sustancias químicas naturales que fueron aisladas
por primera vez en 1930. Desde entonces se han identificado más de
4.000 y es reconocida su función como eliminadores del exceso de
radicales libres -responsables del envejecimiento celular y de
numerosos procesos degenerativos- así como su capacidad para evitar
la agregación plaquetaria en las arterias y la formación de los
trombos que dan lugar al infarto. Los flavonoides pueden
encontrarse, además de en el té, en alimentos como el chocolate,
las manzanas, las verduras y el vino.
En febrero del pasado año, investigadores del Departamento de Química
Analítica, Nutrición y Bromatología de la Universidad de
Salamanca divulgaron los resultados de un trabajo dirigido por el
doctor Santos Buelga que tenía el objetivo de estudiar los
efectos biológicos en la dieta de los flavonoides y sus
implicaciones en la salud.
De la investigación se concluyó que los españoles consumimos
diariamente varias decenas de miligramos de estas sustancias,
principalmente a través de las frutas (69%) y el vino tinto (17%).
En España, las comunidades autónomas donde hay una mayor ingesta
de flavonoles totales son Asturias, Galicia, La Rioja y Cantabria.
Los científicos españoles confirmaron las propiedades
antioxidantes de estas sustancias pero no cuantificaron en qué
medida era necesario su consumo para ejercer de protector natural.
OTRAS APLICACIONES DEL TÉ VERDE
· Artritis reumatoide
Un equipo de la Universidad Case Western Reserve, de
Cleveland (EE.UU.), comprobó la eficacia del té verde en ratones
susceptibles de padecer artritis reumatoide. Para ello emplearon
ratones a los que alimentaron en un caso sólo con agua y en otro
con agua enriquecida con té verde, dándoles el equivalente a
cuatro tazas diarias para un humano. Pues bien, los roedores
alimentados con té verde fueron menos susceptibles al desarrollo de
la artritis inducida por colágeno; y si desarrollaban la
enfermedad, ésta aparecía más tarde en comparación con los
animales a los que no se les habían suministrado sustancias
antioxidantes. En total, ocho de dieciocho ratones que recibieron té
verde desarrollaron artritis, comparado con diecisiete de los
dieciocho ratones a los que no les fue suministrado.
· Caries
El té verde ha demostrado ser un buen dentífrico ya que combate el
azúcar y las bacterias que se acumulan en los dientes. Contiene
grandes cantidades de fluoruros y de taninos, que son astringentes.
· Estrés
El té verde tiene la mitad de cafeína que un té negro y la
cuarta parte que el café. Actúa como un sedante natural.
· Afecciones de la piel
Desde hace siglos se utiliza el té verde para calmar picaduras de
insectos, abrasiones, cortes, abscesos y acné. Actualmente forma
parte de la composición de muchas cremas antiarrugas y de belleza
en general.
CÓMO PREPARAR CORRECTAMENTE UN TÉ
VERDE
-El té verde puede ingerirse en forma de suplementos (cápsulas
o pastillas) o bien en infusión. Si se opta por esta forma
tradicional hay que tener en cuenta que todos los beneficios para la
salud pueden arruinarse si su preparación y consumo no son los
adecuados.
-El agua contribuye al aroma y sabor de la infusión. Se recomienda
pues utilizar agua mineral con un bajo contenido de sales. Si se
utilizan hojas sueltas, la proporción entre éstas y el agua va a
depender de la clase de té empleada. Entre una y tres cuartas
partes de la tetera se llenan de hojas de té y el resto con agua.
Las mejores teteras para la mayoría de las variedades de té
fermentado son las de arcilla roja.
-Hay que procurar que el agua esté muy caliente, sin llegar a la
ebullición. La revista International Journal of Food Sciences
Nutrition publicó un estudio (británico, por supuesto) sobre
las condiciones del té en el que se decía que "la
preparación del té en un rango de temperaturas entre los 20 y 90
grados centígrados revela que, aunque los antioxidantes se
liberaron de las hojas en el agua en infusiones más frías, al
incrementar la temperatura aumentamos el potencial antioxidante
entre 4 y 9,5 veces".
-Añadir leche al té verde constituye un grave error porque ésta
precipita los compuestos fenólicos y no son absorbidos por el
organismo. Esta recomendación aparece recogida en el estudio británico
-si bien referido al té negro- diciendo que "la
adición de leche parece disminuir el potencial antioxidante".
Este efecto es mayor con la leche entera ya que se debe, sobre todo,
a la grasa de la leche.
DIVERSOS TIPOS DE TÉ
Existen tres tipos de té que consumen habitualmente
millones de seres humanos: el 78% es negro y es el que se suele
consumir en Occidente; un 2% consume el conocido como Oolong y el
testante 20% es té verde.
TÉ VERDE
Se denomina "té verde" al té sin fermentar. Se
obtiene secando las hojas al sol durante una o dos horas o sometiéndolas
a torrefacción. La infusión de hojas de té verde es de un color
entre verde jade y verde amarillento y su aroma es de verduras
frescas. El té verde se consume principalmente en China, Japón y
unos cuantos países del norte de África y de Oriente Medio.
TÉ NEGRO (también conocido como TÉ ROJO)
Los chinos llaman al té que ha sufrido un proceso completo
de fermentación "té rojo" aunque en Occidente se le
conoce como "té negro". El té elaborado a partir de
hojas negras es de un color marrón rojizo y tiene un aroma
semejante al de la malta. Se obtiene fermentando la hoja y secándola
después con aire caliente. Aunque sus beneficios terapéuticos son
inferiores a los del té verde también puede inhibir el cáncer cutáneo.
TÉ OOLONG
Es un té fermentado parcialmente. Está a medio camino en
su composición entre el té verde y el negro. Es exclusivo de China
y Taiwán. Se presenta con tres grados distintos de fermentación:
ligera, moderada y completa.
-El té Oolong fermentado ligeramente -como el Paochung- se
caracteriza por su aroma intenso y tonalidad dorada y clara.
-Las variedades con una fermentación moderada -como "Buda
de hierro", "Narciso" y "Pico helado" (tung-ting)-
son de color marrón, tienen un aroma intenso -"maduro", más
atractivo para el gusto que para el olfato- y dejan un cierto dulzor
en la boca.
-Las infusiones de hojas fermentadas moderada o fuertemente -como
la variedad "cabellos canos" de Oolong- son de
color anaranjado y tienen un aroma afrutado.
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