|
»
punksunidos.com.ar
» salud,
química y libertad »
textos
antiprohibicionistas
{{
Inhalantes
|
El
oráculo de Delfos
El Oráculo de Delfos se encontraba en un templo de la antigua Grecia situado en
las laderas del monte Parnaso. Los que querían indagar sobre su futuro acudían
al templo con ofrendas y hacía sus preguntas al dios a través de una
sacerdotisa llamada Pitia. Después de un rito de purificación la sacerdotisa
respiraba las emanaciones volcánicas existentes en el subsuelo del templo y
emitía sus respuestas. A pesar del método y del carácter ambiguo de las
respuestas que se obtenían el oráculo de Delfos era el que tenía la mejor
reputación de todos los existentes por la certeza de sus predicciones.
Fuente: Wikipedia
Los
gases del Oraculo de Delfos
Diario "La
Nacion", 8 de mayo de 1997
Vivimos tiempos de derrumbe de mitos. Pocos
quedan ya en pie, y uno más, antiguo y arraigado firmemente en nuestra cultura,
acaba de caer estrepitosamente. Las sacerdotisas de Delfos, aquellas famosas por
sus sabios oráculos, no se inspiraron en vapores divinos sino en
emisiones subterráneas de gases.
Las sacerdotisas residían en el templo de Delfos,
dedicado a Apolo y cuando eran consultadas entraban en una gruta, se sentaban en
una silla de tres patas y se llenaban de "humo divino". Así, recibían
de los dioses las ansiadas respuestas, muchas veces en un lenguaje criptico que
exigía una interpretación.
Aun trascendieron la historia, para situarse en
terreno psicoanalítico, ya que a ellas sé les atribuye la revelación al
griego Edipo de su siniestro destino: matar a su padre y desposar a su madre.
Destino que, aunque quiso evitar, cumplió su sinuoso camino y se convirtió en
el famoso complejo freudiano.
Ya el historiador griego Plutarco había sugerido
que las sacerdotisas aspiraban vapores sulfúreos en las profundiades de las
grutas. Pero estudios hechos hace veinte años no habían encontrado ninguna
prueba que avalara esta teoría.
Nuevos estudios han vuelto a traer el tema al
tapete. Según la agencia ANSA, el geólogo Jelle Zellinga de Boer, de la
universidad norteamericana de Wesleyan, en Connecticut, brindó recientemente
una conferencia ante sismólogós, vulcanólogos y arqueólogos, en la que reveló
que la zona del monte Parnaso, donde se elevaba el famoso templo, está sobre
una gran fractura geológica subterránea.
Por sus muchas ramificaciones se colaban gases
hidrocarburos e hidrosulfuros, como metano o etano, cuyas emanaciones provocaban
el especial estado qué predisponía a la revelación.
El Oráculo
Reyes o campesinos, griegos u orientales, los hombres de la Antigüedad se dirigen al templo de Apolo en Delfos para averiguar, por intermedio de la pitonisa, lo que les depara el destino. Cada mes, cientos de personas esperan el espectacular trance que revela la palabra divina. Su influencia es tal, que se deciden guerras según los consejos del oráculo; algunos imperios se habrían desplomado por no escucharlo.
En La Iliada, Homero relata la fundación del templo. En tiempos remotos, había en el lugar un oráculo dedicado a Gaia, antigua divinidad de la tierra. Este era resguardado por el terrible dragón Tifón. Para apoderarse del templo, Apolo mató a Tofón en un combate épico. El sitio recibe el nombre de Pytho, que significa "yo hago pudrir", debido a que allí se pudrió el monstruo. Luego Apolo se transformó en delfín (Delfos) y desvi´o una nave cretense: la tripulación retenida forma el primer estamento de servidores del templo y el dios promete venir todos los años a aconsejar a los humanos. Su templo se encuentra al centro del universo y simboliza el ombligo del mundo, marcado por una piedra llamada
Omphalostes.
El más famoso de los santuarios Delfos, el templo de Apolo.
Fuera del mito, las historia nos señala que el primer templo de Delfos data de fines del II milenio antes de nuestra era. Construido en la ladera sur del monte Parnaso, está enmarcado por el acantilado de Phlemboucos, entre los cuales brota la fuente sagrada de Castalia. Los peregrinos llegan al lugar ya sea por mar, desembarcando en el pequeño puerto de Kirrha, o por tierra, franqueando el paso de Arachova. A partir del siglo VI, la cercana ciudad de Delfos comienza a obtener ganancias del paso de los peregrinos. En el 548, un incendio destruye el templo: es reconstruido, esta vez más grande y más hermoso, gracias a la suscripción panhelénica.
Al comienzo, el oráculo se presenta una vez al año. Debido al éxito cada vez mayor, los sacerdotes adoptan un ritmo mensual y emplean dos, luego tres pitonisas. Pese a todo, los que vienen a consultar esperan muchas veces varios días antes de que lleguen a su turno. Estas jornadas son consagradas a las ofrendas, a los sacrificios y a las purificaciones. La gente se refresca en la fuente de Castalia, sobre la cual permanece grabada hasta nuestros días la frase: "Al buen peregrino le basta una gota, al malo, ni el océano podría lavar su mancha". El oráculo cobra caro; la persona que consulta debe comprar un pastel muy costoso que ofrece sobre un altar, frente al santuario; luego, sobre otro altar, sacrifica una oveja o una cabra.
El trance de la pitonisa
La pitonisa, intermediaria entre el dios y los hombres, es el personaje más importante del santuario. Según el historiador griego Diodora de Sicilia, las primera pitonisas son jóvenes vírgenes, pero la tradición cambia el día en que un consultante, arrastrado por sus bajos instintos, viola a una de ellas. Son entonces reemplazadas por mujeres de unos cincuenta años, generalmente simples campesinas de la región. No es necesario que posean un don particular: son sólo el instrumento de Apolo.
El día del oráculo, la pitonisa se purifica con un baño ritual y se viste de gala. Luego se ubica en lo más profundo del santuario, sobre un trípode de oro. Ahí respira la exhalación sagrada (pneuma enthousiastikon), y sin duda alucinógena, que emana de una grieta del suelo. Entra en trance y se transforma en la voz de Apolo. Grita, se lamenta, canta palabras incomprensibles que el sacerdote (prophetes) interpreta paradarle una respuesta al consultante.
Oráculos misteriosos
La historia antigua está salpicada de famosas profecóias y no se libra ninguna batalla sion haber consultado previamente al oráculo. De este modo, le vaticina a Creso, rey de Lidia, quien no se decide a atacar a un temible vecino, que un "poderoso imperio será destruido". Creso intrepreta la predicción en un sentido que lo favorece y ataca. Efectivamente, en unas semanas un poderoso imperio es destruído: pero es el suyo. Este ejemplo, así como cientos de otros similares, empaña la confiabilidad del oráculo: sus predicciones son tan vagas y pueden interpretarse de tantas maneras, que no pueden ser refutadas. Se plantea la siguiente interrogante: las profecías son obra de las pitonisas, tosacas mujeres que profieren frases incompresibles, o de sacerdotes letrados que las "traducen" y que son conocedores de las sutilezas de la política.
En cuanto al oráculo, las opiniones de los autores antiguos están divididas. Plutarco, que fue sacerdote de Delfos, dejónumerosos opúsculos acerca de los cultos y los ritos, en los que no refuta la tradición. Heráclito y Platón también defienden al oráculo, pero Esquilo, Eurípides y Tucídides se muestran escépticos. En cuanto a Herodoto, afirma creer en el principio del oráculo, pero reconoce que delfos no está libre de corrupción. El oráculo, que es consultado por los reyes, posee, de hecho, una fuerte influencia política y los poderosos están conscientes de eso. En varias oportunidades, Esparta hace divulgar oráculos desfavorables para sus adversarios: en el siglo VI, Delfos aparece como el arma estratégica de una guerra sicológica entre las ciudades.
Por el contrario, para el latino Cicerón no hay duda: en el De divinatione, denuncia al oráculo como un fraude. Efectivamente, en el curso de los siglos siguientes el mundo romano y luego el cristiano destruyen la influencia del santuario. El muy cristiano emperador Teodosio es quien lo clausurará en el año 390. Oribase, enviado en el 362 durante el breve reinado de Julio el Apóstata para intentar restaurar el templo, ha recogido el último oráculo conocido: "Díganle al rey que el magnífico edificio se derrumbó. Febo ya no tiene ni siquiera una cabaña, ni laurel profético, ni fuente murmullante; incluso el agua locuaz enmudeció..."
|