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La vida en
un paraíso triste
Por
Júlio Cortazar
Fuente: Página 12, 12 Febrero 2004 , BS.As. Argentina
Nací en Bruselas en agosto de 1914. Signo astrológico, Virgo; por
consiguiente, asténico, tendencias intelectuales, mi planeta es Mercurio
y mi color es el gris, aunque en realidad me gusta el verde. Mi nacimiento
fue un producto del turismo y la diplomacia; a mi padre lo incorporaron a
una misión comercial cerca de la legación argentina en Bélgica, y como
acababa de casarse se llevó a mi madre a Bruselas. Me tocó nacer en los
días de la ocupación de Bruselas por los alemanes, a comienzos de la
Primera Guerra Mundial. Tenía casi cuatro años cuando mi familia pudo
volver a la Argentina; hablaba sobre todo el francés y de él me quedó
la manera de pronunciar la “r” que nunca pude quitarme.
Crecí en Banfield, pueblo suburbano de Buenos Aires, en una casa con un
gran jardín lleno de gatos, perros, tortugas y cotorras: el paraíso.
Pero en ese paraíso yo era Adán, en el sentido de que no guardo un
recuerdo feliz de mi infancia: demasiadas servidumbres, una sensibilidad
excesiva, una tristeza frecuente, asma, brazos rotos, primeros amores
desesperados, Los venenos es muy autobiográfico. Estudios secundarios en
Buenos Aires: maestro normal en 1932. Profesor normal en Letras en 1935.
Primeros empleos, cátedras en pueblos y ciudades de campo, paso por
Mendoza en 1944-1945 después de enseñar siete años en escuelas
secundarias. Renuncio a través del fracaso del movimiento antiperonista
en el que anduve metido, vuelta a Buenos Aires.
Ya llevaba diez años escribiendo, pero no publicaba nada o casi nada (el
tomito de sonetos, quizás un cuento). De 1946 a 1951, vida porteña,
solitaria e independiente; convencido de ser un solterón irreductible,
amigo de muy poca gente, melómano, lector a jornada completa, enamorado
del cine, burguesito ciego a todo lo que pasaba más allá de la esfera de
lo estético. Traductor público nacional. Gran oficio para una vida como
la mía en ese entonces, egoístamente solitaria e independiente.
(Carta de Julio Cortázar a Graciela Maturo enviada desde París el 4 de
noviembre de 1963, e incluida en el libro Julio Cortázar y el hombre
nuevo, de Maturo.)
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