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Otras voces
Fuente: Página 12, 12 Febrero 2004 , BS.As. Argentina
- José Saramago: “Cuando leí Rayuela sentí que se me venían abajo
unas cuantas ideas hechas acerca del quehacer literario. Comprendí que
los conceptos de principio y fin son mucho más elásticos de lo que creía;
que la vida, siendo indeterminación en búsqueda de una coherencia, puede
ser también coherente en esa misma indeterminación. No se aprende sólo
a escribir leyendo a Cortázar, también se aprende a vivir. Su obra está
vivísima, no entró en la oscura nube del olvido”.
- Mario Benedetti: “La suya es una noche circular, o como él mismo la
define, ‘un río que en sí mismo desemboca’. Su noche es ‘la noche
del testigo’. Pero de esa noche, como de su mesa de trabajo con lápices,
pipas y manuscritos sobre la que brinca su gata Fanelle, también podría
decirse, como él juega y escribe: ‘Todo aquí es tan libre, tan
posible, tan gato’. El poeta usa su libertad para remover sus viejos y
nuevos papeles. Como bien dice Basho y Cortázar retoma, ‘este camino/ya
nadie lo recorre/salvo el crepúsculo’. Ese camino de lo que se hizo,
bien o mal, con éxito o con frustración, ya nadie lo recorre, ya nadie
tiene ánimo y lucidez suficientes como para reconocerlo y aprender,
recordar y elegir.”.
- Manuel Vázquez Montalbán: “Los lectores de Cortázar se convierten
en una secta que trata de encontrar huellas en la realidad, aunque sea a
costa de discernirlas en el límite de lo fantasmagórico. ¿Será cierto
que la palabra escrita de los grandes creadores, se llamen Joyce o Cortázar,
se quedó en sus escenarios imaginarios a manera de auras eternas de las
situaciones y las personas que la sublimaron?”.
- Carlos Fuentes: “Lo recuerdo: la mirada inocente en espera del regalo
visual incomparable. Lo llamé un día el Bolívar de la novela
latinoamericana. Nos liberó liberándose, con un lenguaje nuevo, capaz de
todas las aventuras. Rayuela es uno de los grandes manifiestos de la
modernidad latinoamericana, en ella vemos todas nuestras grandezas y
miserias, nuestras deudas y oportunidades, a través de una construcción
verbal libre, inacabada, que no cesa de convocar a los lectores, que
necesita para seguir viviendo y no terminar jamás”.
- Jorge Luis Borges: “Hacia 1947 yo era secretario de redacción de una
revista que dirigía Sarah de Ortiz Basualdo. Una tarde, nos visitó un
muchacho muy alto con un previsible manuscrito. No recuerdo su cara; la
ceguera es cómplice del olvido. Me dijo que traía un cuento fantástico
y solicitó mi opinión. Le pedí que volviera a los diez días. Antes del
plazo, volvió. Le dije que tenía dos noticias: una, que el manuscrito
estaba en imprenta; otra, que lo ilustraría mi hermana Norah, a quien le
había gustado mucho. El cuento, ahora justamente famoso, era Casa tomada.
Años después, en París, Cortázar me recordó ese episodio y me confió
que era la primera vez que veía un texto suyo en letras de molde. Esa
circunstancia me honra”. (Del prólogo a Cartas de mamá.)
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