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Julios
en acción
Julio Cortazar
A lo largo del
siglo XIX, el refugio en la metafísica era el recurso mayor frente al timer
mortis, las miserias del hic et nunc y el sentimiento del
absurdo por el que nos definimos y definimos el mundo. Entonces vino Jules
Laforgue, que en un sentido se adelantó como cosmonauta al otro Jules, y
mostró un recurso más sencillo: ¿para qué la vaporosa metafísica
cuando teníamos a mano la física palpable? En una época en que todo
sentimiento operaba como un bumerang, Laforgue lanzó el suyo como una
jabalina contra el sol, contra el desesperante misterio cósmico.
encore a cet astre
Espèce de soleil! tu
songes:–Voyez-les,
Ces pantins morphinés, buveurs de lait d'anêsse
Et de café; sans trêve, en vain, je leur caresse
L'échine de mes feux, ils vont étiolés!–
–Eh! c'est toi, qui
n'as plus que des rayons gelés!
Nous, nous, mais nous crevons de santé, de jeunesse!
C'est vrai, la Terre n'est qu'une vaste kermesse,
Nous hourrahs de gaîté courbent au loin les blés.
Toi seul, claques des
dents, car tes taches accrues
Te mangent, ô Soleil, ainsi que des verrues
Un vaste citron d'or, et bientôt, blond moqueur,
Après tant de
couchants dans la pourpre et la goire,
Tu seras en risée aux étoiles sans coeur,
Astre jaune et grêlé, flamboyante écumaire!
Dicho sea al pasar (pero es un
paso privilegiado), en 1911 Marcel
Duchamp hizo un dibujo para este poema, de donde habría de salir su Nu
descendant un escalier. Normalísima secuencia patafísica.
Que estaba en lo cierto lo ha
probado el tiempo: en el siglo XX nada puede curarnos mejor del
antropocentrismo autor de todos nuestros males que asomarse a la física
de lo infinitamente grande (o pequeño). Con cualquier texto de divulgación
científica se recobra vivamente el sentimiento del absurdo, pero esta vez
es un sentimiento al alcance de la mano, nacido de cosas tangibles o
demostrables, casi consolador. Ya no hay que creer porque es absurdo, sino
que es absurdo porque hay que creer.
Mis eruditas lecturas del correo científico de Le
Monde (sale los jueves) tienen además la ventaja de que en vez de
sustraerme al absurdo me incitan a aceptarlo como el modo natural en que
se nos da una realidad inconcebible. Y esto ya no es lo mismo que aceptar
la realidad aunque se la crea absurda, sino sospechar en el absurdo un
desafío que la física ha recogido sin que pueda saberse cómo y en qué
va a terminar su loca carrera por el doble túnel del tele y del
microscopio (¿será realmente doble ese túnel?).
Quiero decir que un claro sentimiento del absurdo nos sitúa
mejor y más lúcidamente que la seguridad de raíz kantiana según la
cual los fenómenos son mediatizaciones de una realidad inalcanzable pero
que de todas maneras les sirve de garantía por un año contra toda
rotura. Los cronopios tienen desde pequeños
una noción sumamente constructiva del absurdo, por lo cual les produce
gran sobresalto ver cómo los famas se quedan tan tranquilos cuando leen
una noticia como la siguiente: La nueva partícula elemental ("N.
Asterisco 3245") posee una vida relativamente más larga que la de
las otras partículas conocidas, aunque sólo alcanza a un milésimo de
millonésimo de millonésimo de millonésimo de segundo.(Le Monde,
jueves 7 de julio de 1966.)
–Che Coca–dice el fama después de leer esta
información–, alcanzame los zapatos de gamuza que esta tarde tengo una
reunión importantísima en la Sociedad de Escritores. Se va a discutir la
cuestión de los juegos florales en Curuzú Cuatiá y ya estoy veinte
minutes atrasado.
A todo esto varios cronopios se han excitado enormemente
porque acaban de enterarse de que a lo major el universo es asimétrico,
lo que va en contra de la más ilustre de todas las ideas recibidas. Un
investigador llamado Paolo Franzini, y su mujer Juliet Lee Franzini (¿se
ha advertido cómo a partir de un Julio que redacta y otro Julio que diseña
se van incorporando a quí dos Jules y ahora una Juliet, a base de una
noticia aparecida un 7 de julio?) saben muchísimo sobre el mesón eta
neutro, que salió del anonimato poco ha y que tiene la curiosa
particularidad de ser su propia anti-partícula.
Apenas se lo descompone, el mesón produce tres pi-mesones de los cuales
uno es neutro, pobrecito, y los otros dos son positivo y negativo
respectivamente para enorme tranquilidad de todo el mundo. Hasta que (los
Franzini de por medio) se descubre que la conducta de los dos pi-mesones
no es simétrica; la armoniosa noción de que la antimateria es el reflejo
exacto de la materia se pincha como un globito. ¿Qué va a ser de
nosotros? Los Franzini no se han asustado en absoluto; está muy bien que
los dos pi-mesones sean hermanos enemigos, porque eso ayuda a reconocerlos
e identificarlos. Hasta la física tiene sus Talleyrand.
Los cronopios sienten
pasar por sus orejas el viento del vértigo cuando leen al final de la
noticia: "Así, gracias a esa asimetría, podrá llegarse quizá a la
identificación de los cuerpos celestes compuestos de antimateria, siempre
que esos cuerpos existan como pretenden algunos basándose en las
irradiaciones que emiten." Y siempre el jueves, siempre Le Monde,
siempre algún Julio a tiro.
En cuanto a los famas, ya lo dijo Laforgue desde una de
sus cabinas espaciales:
La plupart vit et meurt
sans soupçonner l'histoire
Du globe, sa misère en l'éternelle gloire,
Sa future agonie au soleil moribond.
Vertiges d'univers, cieux
à jamais en fête!
Rien, ils n'auront rien su. Combien même s'en vont
Sans avoir seulement visité leur planète
.S. Cuando anoté: "Normalísima
secuencia patafísica" luego de indicar ese enlace Laforgue-Duchamp,
que de una manera u otra me envuelve siempre, no imaginaba que una vez más
tendría pasaje al mundo de los grandes transparentes. La misma tarde
(11/12/1966), después de trabajar en este texto, decidí visitar una
exposición dedicada a Dada.
El primer cuadro que vi al entrar fue el Nu descendant un escalier,
enviado especialmente a París por el museo de Filadelfia.
Extraído de "La vuelta al día en
ochenta mundos" de Julio Cortázar, publicado en 1967 por Siglo XXI.
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