| » volver a la página principal : textos sobre punk : archivo de textos completo |
El
fanzine en el movimiento punk Los
fanzines presentan la problemática de cómo estudiar los productos de
la cultura popular. Pretendemos pensar el espacio social desde la idea
de hegemonía de Gramsci, donde este es definido como un lugar de
conflicto en el que las clases sociales luchan por instaurar un
sentido, poniendo en juego instancias de dominación, negociación y
de continuidad de los productos culturales que entran en circulación. Nuestra
intención es evitar tanto la mirada dominocentrista[1]
de la cultura popular como la populista, según la cual sólo lo
subalterno pasa a ser lo valioso, desligando a lo social de toda
situación de conflicto y dominación simbólica. Esta
postura es necesaria ya que los fanzines se autodefinen como productos
culturales de resistencia a la cultura dominante. Siguiendo esta idea
de hegemonía se pueden encontrar diferencias y continuidades de los
fanzines punk/harcore con la cultura dominante y no pensarlos
solamente como una alteridad radical. Tribus
Urbanas Creemos
importante definir el concepto de tribu urbana que se da a los grupos
que consumen y producen la clase de publicaciones analizadas. Fundamentalmente,
nos interesa el sentido que tienen estos grupos para los jóvenes que
habitan en las ciudades modernas. Partimos de la idea que estas
agrupaciones juveniles cualquiera sean los símbolos e ideas que
sostengan sirven a sus seguidores como “mapas” para un recorrido
urbano, a través del consumo cultural y de los espacios que se
proponen, y mediante ello constituyen su identidad y se reconocen en
las megaciudades modernas que los condenan al anonimato. En
este ámbito, las personas están sometidas a los cambios producidos
por el libre comercio, la globalización de la información y la
tecnología. Así los espacios urbanos son redefinidos, y en este
marco, las personas son sometidas a nuevas formas de relaciones
humanas cada vez más mediadas por la tecnología, lo que da como
resultado un contacto más escaso y despersonalizado.
Es
posible pensar que una “tribu”, un grupo, construye lazos mediante
una relación simbólica que borra diferencias y establece otros
nuevos. Así se plantea una identidad distinta, que sustituye lo que
Marc Augé define como primeras alteridades (sexo, edad, parentesco,
nacionalidad) constitutivas de la identidad ritual. Lo que nosotros
hemos definido como tribu, se caracteriza por transponer los elementos
tradicionales de conformación identitaria (el espacio), debilitándolos,
para dar paso a nuevos límites, ya no físicos, sino simbólicos
y operativos en el imaginario del grupo. Instala sus ámbitos y
sus dispositivos rituales propios. Como
señalaran Grignon y Passeron “El racismo, la xenofobia, los
radicalismos étnicos y los mecanismos de marginación –por
cuestiones de salud, religión, edad, etc.—de determinados grupos
sociales son el resultado del desplazamiento de la frontera físico-simbólica
espacial a la frontera interior. (...)” [2] Introducción
a análisis de los fanzines Relacionado
originalmente con el cómic, el fanzine se vincula en la actualidad a
la idea de una publicación de bajo presupuesto, que se presenta en
sociedad como un emprendimiento cooperativo o individual. El caso
particular de los fanzines que se definen como punks, responden, como
en el caso de otras tribus a la naturaleza de su forma y de sus
contenidos. Los
aspectos más sobresalientes de los fanzines, como señalara Oscar
Steimberg, se encuentran en el soporte mismo de la publicación, en el
diseño gráfico, y en su modo de producción y circulación,
aspectos signados por una clara oposición a las normas de las
publicaciones convencionales. Ellas y la propia ideología antisistema
del movimiento punk (basada en sus orígenes en consignas del
anarquismo) funcionan como condiciones de producción de sus fanzines,
recorriéndolos como un otro
y un yo. La lucha contra lo
convencional se extiende desde la elección estética, de contenidos y
de forma de venta. En cuanto
al soporte, se trata de material gráfico editado con muy bajo
presupuesto de producción. Todas las publicaciones son fotocopias, en
general en blanco y negro (excepto alguno que utiliza para su tapa una
hoja color, como es el caso de “Seremos destruidos”). Con
relación al diseño, son muy pocos los fanzines que utilizan las
ventajas que hoy en día ofrece la informática para diseñar.
Encontramos una marcada tendencia al collage casero, que
combina material fotográfico de baja calidad, recortes, usos de
diferentes tipografía o uso del
manuscrito, ausencia
de una alineación en los textos y deliberada desprolijidad (palabras
tachadas, superposición de textos y fotografías). Sobre un soporte anárquico se erigen las figuras de
enunciador lector marcada por la complicidad de la pertinencia. El
discurso que se maneja es cerrado. El elitismo marcado por los
contenidos y las modalidades de enunciación (características gráficas,
uso de jergas lingüísticas, interpelaciones en forma de consignas)
que define la complicidad de autor y lector. Esto se marca La mayoría
de las notas, cualquiera sea su característica, el autor escribe en
primera persona. Se presenta un “yo”, que con marcado tono
coloquial, da testimonio y un vos
compañero que marca la diferencia con el impersonal del discurso
periodístico, reforzado por el desprecio de las normas de la cita y
de propiedad intelectual. Cuando aparecen las citas no son completas,
a veces de autor pero no sobre la obra. Un ejemplo sería en el
fanzine “Me cache en die” se ilustra una nota al grupo Huasipungo
con la obra de Goya, El tres de
mayo de 1808 en Madrid: Los fusilamientos en la montaña del príncipe
Pío, que también ilustra la edición del libro Operación
Masacre de Rodolfo Walsh. El autor del fanzine no hace ninguna
referencia a la inclusión de esa ilustración. Esto es fruto de la
ideología “anárquica” de estos grupos, por ejemplo en el Fanzine
“Nadie es inocente” se dice: “si te interesa conseguir prod. de
bandas de aquí y ala (suzkadi, españa,
b.a, interior del pais, bolivia, y alguno que otro mas) mandamos un k7
y una estampilla y te lo grabamos, para no darles de comer a
“esos” que lucran con la música ...... Pidan mini catalogo 100%
ANTISADAIC” Creemos
que esto también tiene que ver con la transgresión de las normas de
organización mínima del discurso, propia, por ejemplo, del discurso
periodístico. Se podría decir que esta es una marca importante que
se repite en todos los aspectos de la publicación, lo que mencionamos
anteriormente como expresión de rechazo al sistema. Sin embargo –y
aquí la definición por la diferencia se refuerza— resulta
importante destacar que la transgresión se realiza desde la utilización
de géneros comunes al discurso de las publicaciones convencionales
(editoriales, noticias, crónicas, entrevistas).
El
lector esta presente desde las consignas que lo interpelan
directamente. El lector es continuamente llamado a participar. La
publicación intenta abrir espacios de encuentro con los lectores, más
allá de la mediación del soporte gráfico. Con este fin se dan las
direcciones y los números de teléfono del autor y de los integrantes
de las bandas que aparecen. Pero también es importante destacar que
generalmente este contacto se promueve desde el intercambio comercial.
Los números de teléfonos y las direcciones en gran medida son dadas
para comprar los fanzines o las grabaciones de las bandas. Muchas
características de los fanzines punk coinciden con las desarrolladas
por Oscar Steimberg en su trabajo sobre los fanzines anarcojuveniles:
“El enunciador que surge de la prensa anarcojuvenil, en cambio,
nunca aparenta cerrar su trabajo de acuerdo con esquemas de
intercambio verosímiles y legibles; sus gestos y sus textos nunca se
organizan en la superficie de una normalidad universal de la
comunicación. Su retórica gráfica y verbal construye objetos
aparentemente “no diseñados”, por su caducidad preanunciada, su
exhibición explícita del descuido y el error, el efecto de
inmediatez de sus énfasis y el de su superposición de intertextos o
referencias no ordenados por la cita. Y sus espacios verbales están
siempre cubiertos por el léxico y los giros de una jerga segmental,
con apelaciones a una comunicación entre pares, que comparten en
soledad común problemas y experiencias.”[3] En
sus aspectos gráficos y discursivos los fanzines manifiestan el
imaginario de la tribu. Para el que no comparte los códigos de la
tribu no se produce comunicación. Son publicaciones que no persiguen
la masividad, no pretenden la adhesión (carencia de un discurso pedagógico
que impulse a ella). Se impide la decodificación a quien no comparte
dichos códigos. No entender significa no pertenecer. Esto
responde al principio de identidad y diferenciación del Otro en que
se apoya la tribu. Una diferencia que se establece desde las
representaciones simbólicas de la identidad, en el caso de los grupos
analizados, expresada exclusivamente desde lo simbólico (vestimenta,
lenguaje) más que desde la acción violenta. En
el fanzine aparecen algunos llamados a la acción, pero no grupal sino
individual. Ej: en una nota de Nadie
es Inocente, que problematiza el uso, que en nombre de la ciencia, se
hace de la naturaleza y los animales, el llamado a la acción que se
hace es: “No compres productos de estas empresas asesinas, boicotéalos”;
Tu participación es necesaria, tus críticas, tus opiniones, tus
ideas, tus quejas o cualquier cosa que a tu criterio deba ser
difundido acá será bien recibido, respuesta segura, la única forma
de que esto crezca es con tu participación”. De
hecho, quizás la acción grupal más concreta se realice en el ámbito
de la distribución (el precio accesible y empleo de la feria o el
contacto por carta). El
fanzine como soporte de las prácticas rituales punks
Fanzine
y prácticas rituales están imbricados: por un lado, el fanzine
participa activamente en los rituales de grupo, en tanto se venden en
los ámbitos en que éstos se desarrollan; por otro, tematiza el
conflicto que escenifican los rituales. Como
medio de comunicación que se inscribe en el interior de las
determinadas práticas rituales (ferias, recitales, encuentros) de las
tribus punks. Los ámbitos
donde estas prácticas se realizan funcionan como lugar de distribución
junto con los compacts discs y los cassettes. Fuera de esta red, se
pueden adquirir por correo (previo pago de estampilla y, en algunos
casos de uno o dos pesos). Existe
voluntad de difundir otros materiales (otros fanzines y discos e
información sobre bandas), que se lee tanto en la reproducción de
notas de otras publicaciones como en la publicidad de direcciones
donde conseguir otros fanzines de la especie. Existirían
en Buenos Aires al menos cuatro ferias de fanzines: Plaza Congreso,
Parque Centenario (“puesto-feria”), San Miguel y Parque Rivadavia. En
la feria de Plaza Congreso, pudimos observar ciertos rasgos que Augé
señala como constitutivos de las prácticas rituales. Las ferias
encuentran un tiempo y un lugar propios, diferentes al de la
cotideaneidad, lo que Bataille denominaría tiempo productivo[4].
Es un tiempo diferente al de la historia, donde las jerarqu[JT1]ías
y las desigualdades se borran entre los miembros del grupo. “Vine
justo, porque terminé de laburar acá, porque por ahí termino en
Wilde y cagué… (…) Acá está bueno porque me encuentro con los
pibes, charlo con los muchachos –ríe--” (Rolando Fancini, Fanchin,
guitarrista de S.O.A. -Sin opción Alguna-). Cuando se le pregunta por
el impacto que produce el contraste entre trabajo - feria, declara: y
salís de unos ortivas y venís acá que es otra onda, porque qué sé
yo… acá haces contactos, para tocar, o para salir en algún
lado”. En el resto de la entrevista, nos explica lo que él entiende
por “mutuo apoyo y solidaridad”, uno de los pilares de la ideología
anarcopunk (que aparece en la mayoría de las consignas de Desorden,
Intelectual Punx y otros): “Yo lo veo cuando tocamos… la otra
vez vinieron unos chicos de Chile y se quedaron a dormir acá.
Entonces después nos hicieron la onda para ir allá para hacer tres
fechas”. Las
ferias donde los fanzines se ponen a la venta (a un precio que oscila
entre los 50 centavos y los 3 pesos) se rige una estructura
horizontal. Paty (de Me cache en
Die) afirma que el único puesto de la feria (un tablón grande
que exhibe casi la totalidad de los fanzines porteños y buena parte
de la producción del resto del país y del extranjero) es un lugar
“que nada que ver con cualquier kiosko o lugar así, de venta de
discos, donde se quedan con un treinta, cuarenta por ciento del único
ejemplar que te venden. Ahí, el chabón, Pablo, recibe todos los
fanzines que hace cualquiera y después te avisa si vendió. Eso pasa
porque acá no hay nadie que quiera hacer guita con esto. Acá no tenés
ningún chabón que te diga –eh, mira, ¿yo que gano con esto? Yo te
lo tengo, ¿pero a quién se lo vendo?”. En las palabras de Paty,
puede leerse la conciencia de que una estructura horizontal sólo es
posible en ese espacio y en ese tiempo: La Plaza Congreso, durante las
cuatro horas (16 a 20 hs.) que dura la feria. Es lícito entonces,
operar una analogía con respecto a lo que sucede en el fanzine, en
tanto éste se constituye en torno a una diferencia con el modo de
producción y circulación de los medios gráficos convencionales.
Producido para un público específico, que construye su identidad en
ritos con lugar y tiempos propios, el fanzine se permite ciertas
licencias en su estética, su lenguaje y su diseño (licencias que
hemos citado en los aspectos semióticos) que sería inaceptables para
una publicación inserta en un circuito comercial. De este modo, a la
manera que lo señalara L.A. Romero, podría pensarse que la identidad
punk se construye en el conflicto con otras, y que el fanzine
manifiesta esta disputa planteando su estética desde la diferencia
con las publicaciones convencionales y en contenidos que refieren al
propio grupo de pertinencia y que desprecia la apertura hacia un nuevo
público. Es
necesario, entonces, comprender al fanzine, dentro de lo que Bourdieu
definiría como campo[5].
Dentro de una red de prácticas, funciona
instalando una lógica, un lenguaje y unos códigos propios; y
quien quiera acceder a ellos deberá encarnarlos en su propio cuerpo a
través del habitus propio de la tribu para comprender
el sentido a él asignado por los agentes. Quien
no se encuentre familiarizado con las reglas del
juego que proponen los ritos y las manifestaciones artísticas de la
tribu punk, quien no tenga
la posibilidad de enmarcarlas dentro del campo
al que pertenecen, no participa de las operaciones de institución
del sentido y por lo tanto le es vedada la posibilidad de
reconocerlas. En este sentido, el fanzine funciona como un soporte de
construcción del discurso punk, así como las actividades referidas a
lo ritual funcionan como soporte en donde el hábitus opera su doble
dimensión estructurada y estructurante. Podría pensarse que se trata
de una relación reflexiva[6]
de aprehensión y recreación de los presupuestos punks en el interior del campo-tribu, lo cual sin duda, dificulta la
comprensión desde el afuera. En la tapa del punk-zine No pasarán
puede leerse (recortado sobre una foto
de dos punks aparentemente, en un pelotón de fusilamiento)
“En los ’70, el movimiento punk se convirtió en una amenaza para
la zoociedad. Hoy, en los ’90, la miseria y la opresión continúan
manteniendo en pie al mismo sistema. ¡Volvamos a enfrentarlo!”.
Resulta difícil, para el observador no familiarizado con la historia
del punk, asociar en la
Argentina este movimiento a la guerrilla de los 70. Para un lector
neutral, se trata de una afirmación críptica.
Algo
similar sucede en los ámbitos[7].
Analizar los ritos implica una tarea analítica de descripción densa[8],
una tarea de descripción e interpretación. En este sentido, gestos
como el escupitajo al cantante de una banda en un recital puede ser
entendido de diferentes maneras según el campo que se analice. Dentro
de los códigos de la tribu punk,
el escupitajo se vive como un gesto de aprobación, de aliento o de
admiración. Como
afirmábamos anteriormente, el fanzine cumple también una función
metadiscursiva con respecto a las prácticas rituales de grupo.
En él se pueden encontrar comentarios sobre recitales (sobre todo
dentro de las entrevistas a bandas), comentarios sobre encuentros y
discusión sobre la pertinencia de ciertas prácticas. Fun
People y Desorden parecen
ser un ejemplo de esto: El primero ( que se vende en los recitales de
la banda homónima y, en algunos casos acompaña a sus discos) se
encarga de informar acerca de las giras y recitales del grupo. Sus
textos traslucen las prácticas de constitución de la identidad del
grupo: “La pasamos muy bien, salvo por los cabrones de seguridad que
pegaban al público que se divertía en el slam y a pesar de que los
invite a retirarse del lugar los tipos y el público se pusieron más
bravos”; el segundo”; en Desorden
encontramos una crónica sobre un encuentro anarkopunk, con clara
intención informativa: “Algo que generó roces y discusiones al por
mayor fue el tema alcohol, todos sabíamos que al encuentro se iba a
trabajar en conjunto entre gente de diferentes países, a coordinar
formas de “militar” dentro del mov. anarkopunk, pero mucha gente
quería demostrar que su “actitud”estaba sobre todo, que había
que discutir mas de 3 horas sobre si se bebía o no en el encuentro”
(“Desorden”, en la crónica sobre encuentro anarkopunk Uruguay
’98). La
construcción de la identidad y de la alteridad en el fanzine
punk Clifford
Geertz afirma que el ritual reproduce determinada situación
conflictiva en la sociedad y entiende que estas posibilidades de esta
representación pueden remediar o repetir este conflicto[9].
El fanzine, como soporte comunicacional del discurso punk escenifica el conflicto sin remediarlo: hay una lucha constante
entre un nosotros –los
punks— y los otros. ¿Quién
es el otro de la tribu Punk? Las diferencias, parecen proceder de una
matriz común: la sociedad capitalista. En el segundo editorial de Me
cache en die puede leerse “No me considero hipocrita, no me
considero conformista, no apoyo este sistema y lucho contra él a mi
manera”. El Capitalismo es “el sistema” y el “estado
fascista”, los dos términos son homologables.
Cuando se le pregunta a María, guitarrista de Makia
Subversiva, por el motivo que los llevó a formar la banda, responde:
”Las ganas de hacer algo en dos aspectos: por un lado el musical
(…) por otro lado el contenido de expresar a través de las letras
de los temas lo que sientes, denunciar lo injusto, luchar de esta
manera contra la opresión del sistema: politico, social, educativo,
policial, racista, sexista, discriminatorio, militarista ”. Los
punks luchan contra todo aquello que forma parte del aparato estatal.
Entre ellos encontramos: --el
ejército: “Los gobiernos alegan que los ejércitos son
primordialmente requeridos para la defensa exterior. Pero no es
exacto. Ellos son utilizados en primer lugar para intimidar a sus
propios súbditos.” (Volante del movimiento brasileño PCAM—proyecto
de concientización anti-militar—reproducido en el fanzine argentino
No more Hate). --El
sufragio universal: Una nota del mismo fanzine, titulada “Libertad
de voto. Sumisión de todos”, finaliza “(…) proponemos no
arrodillarnos más a pedir, simplemente a tomar lo que es nuestro,
nuestros derechos como seres humanos que somos; (…) o vamos a seguir
esperando a que el último derecho existente en este país sea el de
permanecer vivo, y el de votar, claro”. --La
clase política: “Los políticos vende lo que es de tod@s… en
beneficio de unos pocos!!!” (Intelectual Punx). “No estoy conforme con el entorno, con lo que
me rodea, me limita y no me deja crecer, con el fascista concepto de
libertad que me enseñaron que no es más que una libertad restringida
y vigilada por los mismos de siempre (sólo que ahora la van de democráticos)”
(Editorial de Nadie es Inocente). --La
Policía: “Y dónde están esas fuerzas de la ley/ con sus placas
todas sucias hoy/ de la sangre de ayer/ y dónde están esos bravos de
la ley con sus placas, sus gorros; sus armas / y su corrupción”
(Fragmento de “La Ley “, canción de Estado Mayor Conjunto,
reproducida en No More Hate). --Clericalismo:
La tapa de Me cache en die
presenta una fotografía de la Iglesia Satánica, en Golpe
Justo aparece una banda llamada “Arzobispo Violador”. En Desorden aparece un cómic en el que se representa a un cura con el
signo pesos dibujado sobre su sotana, que grita “¡Ayuden al señor,
una colaboración para él!”. La
lucha no se reduce a las instituciones: también se trata de un
enfrentamiento total contra: --el
modo de producción capitalista: “Multinacionales = Explotación”
es el título de una nota de opinión que Intelectual
Punx reproduce de Sin
Gobierno (fanzine argentino). No
more hate contiene en su edición un anexo que propone boicotear a
Mc Donald’s, en virtud de
la explotación que esta firma haría de sus empleados. --cuestionamiento
a la sociedad en general: ”Aklárate!!…….Kon Nosotros o Kontra
Nosotros?” (Cierre de un cómic de Golpe
Justo). Cuando a los integrantes del MAP se los invita a dejar un
mensaje para el lector,
responden: “(…)destruir todos los pilares de esta sociedad hipócrita,
conservadora, represora y luchar con odio canalizado…”.
El
nosotros utilizado en los fanzines se representa claramente en la
exclusión explícita de los sectores anteriormente citados. Pero, ¿quiénes
son ese nosotros? Este nosotros punk no da
demasiados elementos para ser reconocido. Visibilidades:
El abordaje resulta más sencillo en cuanto a la estética, y
es pasible de ser observado en los retratos que los autores realizan
de sí mismos y de sus amigos, compañeros de lucha. De este modo, un punk se podría reconocer por ciertos rasgos particulares en la
vestimenta (pantalones ajustados o rotos, camperas de cuero con la A
de anarquía, borceguíes y otros) y en el peinado (la cresta, el
rapado). Los
punks dibujados aparecen
siempre desgarbados y ojerosos, lo que podría pensarse como una
provocación similar a la de la forma de vestir. Se relevan muchos
casos en que los personajes son retratados en actitudes agresivas o
provocativas. Me cache en die
presenta un retrato de su productor (“Paty”); un chico de unos
dieciséis o diecisiete años que sostiene una botella de cerveza y
eructa. La deliberada desprolijidad citada en el diseño y en el
lenguaje recorre también a los retratos que los productores hacen de
sí mismos. El
fanzine parecería ofrecer un canal para traducir un imaginario que no
parece condecir con lo que se observa en la vida cotidiana de la
tribu. En Desorden se
observa claramente esta distinción. En esta publicación conviven el
imaginario de sí como grupo en conflicto con los poderes oficiales
y la conciencia de sí como grupo pequeño cuyas propuestas
parecen poco viables en el marco social. En
un cómic aparece
un punk mordiendo un trozo de pantalón de un policía que escapa
corriendo. El personaje comenta: “Un policía no es muy nutritivo
que digamos, pero con algo hay que llenar el estómago!“. En otra página,
el líder de Terapia de Rabia
(banda argentina), declara: “Es muy complicado vivir hoy en día en
la Anarquía; hay mucha gente egoísta y con mala leche, creo que
mientras exista el dinero la gente matará por conseguirlo”. Esta
tensión se ejemplifica si en el trabajo de observación participante
y en las entrevistas, en donde hemos comprobado que la violencia
representada en los fanzines pocas veces se traduce en una acción
efectiva. Enunciados Resultan
interesantes las palabras de Martín (Desorden)
cuando responde sobre si se define como punk “lo que pasa es que
si yo te digo que soy punk, vendría otro y me diría que es más punk
que yo. Si yo dijera que soy punk también me pondría con ellos, que
para mí no son punks (…) Para mí, el fanzine es punk, es lo que yo
entiendo como punk: un movimiento contracultural”. Los fanzines
parecen acercarse más a una edición de autor que a un órgano
oficial de difusión de ideas del movimiento, como podría ser una
publicación partidaria. Paty, de Me
Cahe en Die afirma que “como es un movimiento que no tiene
jefes, no tiene jerarquías, entonces cada uno puede decir lo que
quiera, más bien que sea dentro… dentro del punk, pero el punk es
muy abierto” En
la feria de Plaza Congreso conviven las obras de William Goodwin,
Mijail Bakunin, Proudhon y Kropotkin con los fanzines. Sin embargo,
resulta curiosa la lectura del anarquismo que hace lo que Martín
define como “Movimiento Anarkopunk” (y que luego observamos en
algunos de los fanzines). Encontramos que a anarquía se asocian ideas
de “Solidaridad y mutuo apoyo” (Desorden, en Crónica sobre
Encuentro Anarkopunk Uruguay ‘98”, la idea de Contracultura
(“Construyendo Kultura contra el poder”, Desorden
“El Anarquismo en Bolivia”),
la ideas político-revolucionarias (“Seremos una bomba contra la
Burguesía”, No More Hate,
en una nota sobre el Movimiento Anarkopunk en Brasil),
y la crítica contra los alter. La denuncia ocupa mayor espacio que la propuesta, y en este
sentido, las consignas punks presentan una ambigüedad que dificulta
la identificación de su proveniencia. Y no es casual, puesto que están
hechas de una especie de pastiche de consignas políticas, en donde se
funden el anarquismo, los movimientos revolucionarios y algunos
sectores más pequeños como organizaciones ecológicas, de Derechos
Humanos y de protección de los derechos de los animales. Comparten el
espacio de Me Cache en Die notas sobre Derechos Humanos (Amnesty International,
Madres de Plaza de Mayo, Comisión de Apoyo al Pueblo Originario
Mapuche), un editorial en
donde se plantea lo que es ser punk
(“Sin ejemplos! Sin reglas! Un solo objetivo: El intercambio ¡Sin
Prejuicios!”) y notas sobre el veganismo (subdivisión del punk que
no consume productos derivados de los animales). Quizá el ejemplo más
significativo sea el del fanzine Hasta
la Victoria Siempre, en cuya tapa puede observarse a Lenin junto
con otros camaradas y sobreimpreso sobre la foto “Fanzine punk
subversivo. Otra manera de agitar, las mismas ideas
revolucionarias”. Este
es un funcionamiento similar al de los géneros: el discurso de estos
fanzines aparece así contaminado de formas que pertenecen a lo que
Castoriadis define como lógica conjuntista identitaria[10].
La identidad del grupo se construye en el fanzine sobre la base de dos
operaciones: a) oposición al discurso hegemónico desde la gráfica
y los contenidos; b) apropiación de procedimientos argumentativos formales y
apelación a significaciones
sociales imaginarias[11] de la sociedad desde los géneros y en el
tratamiento de problemáticas. Los
punks parecen necesitar de consignas previamente enunciadas y que el
productor se apropia y vincula a lo que él interpreta como movimiento
punk. Quizás por eso,
aparece un discurso fragmentado, en cuyo interior hay peleas y
subdivisiones internas, que proceden de lecturas y aprehensiones del
sentido individuales (exaltado en este caso por la carencia de un ente
rector). Como corolario, puede citarse el ejemplo del Encuentro
Anarkopunk Uruguay ’98, en donde el cronista de Desorden
nos cuenta que hubo problemas entre veganos y no veganos y discusiones
entre quienes entendían que era poco ético beber “y
que después vinieron a pedir un trago como si nada hubiera pasado.
Nosotros (supuesta comisión bebidas) éramos borrachos pero al
menos no lo ocultábamos…”. Por
estas dificultades y diferencias internas, podemos decir que el
nosotros punk que construye la
enunciación del fanzine tiene que ver con la heterogeneidad y
con la selección y lectura
propia del movimiento que su productor realiza. Resulta
también significativa la omisión a todo tipo de actividades comunes
a los ciudadanos, tales como trabajo, estudios y familia. En ninguna
de las notas que aparecen en los fanzines se hacer referencia a estos
ámbitos, salvo para señalar conflicto y/o alienación, lucha. En términos
de Bataille podría plantearse que los integrantes de la tribu
realizan un gesto soberano[12].
Los productores parecen definirse por el tiempo en que hacen uso de
este gesto soberano, cuando participan de los rituales de la tribu. No
sólo en los contenidos de los fanzines se
trabaja lo
referente a la divulgación de las ideas del movimiento y a la difusión
de sus actividades, y se omiten aquello que no concierne a identidades
primarias (edad, sexo, clase social, familia, profesión), también en
las entrevistas notamos una reticencia a establecer conexiones entre
ellas y la identidad
grupal. Quizás
resulte pertinente cerrar esta apartado con las palabras de Daniel, de
Seremos destruidos frente a
la pregunta sobre su ocupación ”artista, músico, pintor, escritor… y durante el día,
empleado administrativo”. Pensamos
entonces que la identidad del nosotros punk se construye en la
heterogeneidad, producto de las condiciones de reconocimiento y las
condiciones de producción del productor del fanzine. Y que en este
caso, por tratarse de un movimiento planteado como horizontal, resulta
más sencillo identificar al alter
(que se aferra al clivaje, a la diferencia)
que al yo. Este se
construye en la fragmentación, en el pastiche (en función de que no
hay una cabeza visible de grupo que delimite la pertinencia de las
propuestas al movimiento) y en la operación de suspensión del tiempo
productivo en el ritual que construye la identidad. Bibliografía
utilizada Oriol-Costa,
Pere; Pérez Tornero, José Manuel; Tropea, Fabio: “Tribus
Urbanas”, Ed. Paidós, Barcelona, España, 1996. Steimberg,
Oscar: “El fanzine anarcojuvenil: una utopía del estilo” , Colección
materiales de Ciencias Sociales, Secretaría de Publicaciones de
Ciencias Sociales. Bataille,
Georges; “la noción de gasto” en La
parte maldita. Ed. Icaria, Barcelona, 1987 Romero,
L.A; “Los sectores populares urbanos como sujetos históricos”, en
Romero, L.A. y Gutiérrez, L. Sectores
populares, cultura y política. Buenos Aires en la entreguerra, Buenos
Aires, Sudamericana, 1995. Alabarces,
Pablo; “Intersticios, alteridades, tráficos: Apuntes para una teoría
de las culturas de las clases populares”, en Margullis, M. y Urresti,
M. (comp.) : La Cultura en la Argentina de fin de siglo: ensayos sobre la dimensión
cultural, IIS-CBC (UBA), Buenos Aires,1997 Wolff
Mauro; “Harold Garfinkel O la evidencia no se cuestiona”, Geertz,
Clifford: “Descripción densa: hacía una teoría interpretativa de
la cultura” , en La interpretación de las culturas, México, Gedisa,
1987. Augé,
Marc; “Los dos ritos y sus mitos: La política como ritual” en Hacia
una antropología de los mundos contemporáneos, Gedisa,
Barcelona, 1995. Castoriadis,
Cornelius; “Las significaciones imaginarias sociales” en La
institución imaginaria de la sociedad. Buenos Aires, tusquets,
1993. García
Canclini, Nestor; Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir
de la modernidad. Ed. Grijalbo, México, 1990. Bourdieu,
Pierre; “La elección de lo necesario” en La
Distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Ed.
Taurus, Madrid, 1988. Fanzines
- Corpus Intelectual
Punx (España) Bolezine #1, Abril ‘97 [1] Nos referimos al concepto utilizado por Grignon y Passeron para designar a la metodología de estudio cultural que toma la cultura dominante como centro, y a partir de allí desarrolla las categorías para analizar los productos de los sectores subalternos. Grignon, Claude y Paseron, Jean Claude; “Dominocentrismo y dominformismo” en Lo Culto y lo Popular. Miserabilismo y populismo en sociología y literatura. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1991. pág. 99-104. [2] Grignon y Paserón “Dominocentrismo y dominformismo” en Lo Culto y lo Popular. Miserabilismo y populismo en sociología y literatura. Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1991. [3] Steimberg, Oscar: “El fanzine anarcojuvenil: una utopía del estilo” , Colección materiales de Ciencias Sociales, Secretaría de Publicaciones de Ciencias Sociales. [4] Bataille, Georges; “la noción de gasto” en La parte maldita. Ed. Icaria, Barcelona, 1987. págs. 25-43. [5] Para Bourdieu “un campo se define entre otras formas, definiendo aquello que está en juego, y los intereses específicos, que son irreductibles a lo que se encuentra en juego en otros campos o a sus intereses propios y que no percibirá alguien que no haya sido construido para entrar en ese campo” .. Bourdie, Pierre; “Algunas propiedades de los campos” en Sociología y Cultura, Grijalbo, México, 1990, pp 135-158. [6] Entre otros autores que utilizan la noción de reflexividad, nosotros elegimos la de Harold Garfinkel, según la cual, la reflexividad podría entenderse como una operación por la cual un enunciado o una situación se explica por los mismos términos en los que el sujeto lo piensa. Ver Wolff Mauro; “Harold Garfinkel O la evidencia no se cuestiona”, pp18-22. [7] Romero, L.A; “Los sectores populares urbanos como sujetos históricos”, en Romero, L.A. y Gutiérrez, L. Sectores populares, cultura y política. Buenos Aires en la entreguerra, Buenos Aires, Sudamericana, 1995 pág 39-41. [8] Geertz, Clifford: “Descripción densa: hacía una teoría interpretativa de la cultura” , en La interpretación de las culturas, México, Gedisa, 1987, pp 35-39. [9] Geertz, Clifford; “Géneros Confusos”, en Reynoso, Carlos (comp.); El surgimiento de la antropología postmoderna, Paidós, Barcelona, 1994. pág. 66-72 [10] Castoriadis, Cornelius; La institución imaginaria de la sociedad. Buenos Aires, tusquets, 1993. “Las significaciones imaginarias sociales”, pág. 296 [11] Castoriadis op. cit. pág 304-312. [12] Bataille George, “La noción de gasto” , en La parte maldita, Icaria, Barcelona, 1987, pp 25-43. |