|
|
| | volver a la página principal | textos sobre punk | buscar en punksunidos | |
|
|
|
Punk, atentado
contra el supermercado Analizando el fenómeno punk, como algún teórico amante de los cruces podría hacer, es evidente que se trató de una resultante lógica de la modernidad. Si la modernidad se caracteriza por un movimiento destructivo de lo establecido bautizado como modernismo y uno constructivo que da la bienvenida a lo nuevo llamado modernización, este núcleo paradójico y dialéctico fue también el embrión del punk que postulaba la necesidad de destruir para construir. Pero dado que se podría escribir todo un libro desarrollando esta idea y que el mismo podría terminar con una foto trucada de Robespierre con la remera de los Pistols, será mejor tratar de ver que pasó con aquella llamarada que marcó de algún modo las décadas posteriores. A esta altura lo más significativo del punk rock había pasado por el impensado momento de sentarse a negociar con las discográficas multinacionales en un claro ejemplo empírico de los términos que desarrollara Raymond Williams en los estudios culturales de Birmingham. El emergente estaba encontrando su lugar en lo hegemónico y la cuestión provocaba controversias. Así como algunos vieron en esto un pasaje lógico del proyecto, otros perecieron en él. The Clash, por ejemplo, sentía que podía luchar contra el sistema desde adentro y seguía sin entrar en contradicciones aunque un tema suyo musicalizara la promoción de una marca de jeans. Por otra parte, los que habían basado toda su virulencia en la máxima de «no transar», comenzaron a naufragar en alta mar haciendo agua ya sea por la popa o por la proa. Algunos sectores del movimiento, atentos a las
palabras que hablaban de la necesidad de una revolución permanente, sólo sabían
que la cosa debía radicalizarse siempre un poco más, entrando así en una
especie de espiral de controversias que, como un ácido corrosivo al extremo,
fue deformando la esencia punk hacia sólo un lado del asunto. Había que tener
la cresta más alta, gritar los insultos más crudos contra el establishment y
golpear los instrumentos con odio para ser más punk. La revolución punk corría
igual suerte que la revolución proletaria. Objetivos distintos estaban saliendo
a la luz provocando quiebres que debilitaban su fuerza inicial. Por otro lado mientras el punk se desparramaba
por el mundo, tomando características localistas en cada lugar, cada detalle de
su filosofía prestaba en ciertos aspectos a confusiones. Un ejemplo de esto fue
el intento de acercamiento que el partido británico neo nazi, National Front,
realizó para captar adeptos en las filas del punk. Muchos punks esgrimían
entre sus atuendos símbolos como la esvástica sólo por el hecho de provocar,
pero en realidad estaban muy lejos de simpatizar con ideas nazis. Negros, judíos,
hindúes y todo tipo de inmigrantes eran, para los grupos neo nazis, la causa de
todo los males sociales; los punks, a diferencia de ellos, veían a estos grupos
como cercanos a la causa punk, ya que debían soportar también la exclusión y
la injusticia social. De hecho, un ejemplo de esto, es la buena disposición del
punk a escuchar reggae, música jamaiquina ejecutada por rastafaris, la única música
respetada por ellos más allá de la propia, demostrando de este modo que el
componente racista jamás estuvo presente en la esencia del movimiento. La idea
de los grupos fascistas, de que los punks ayudarían a su causa, sólo dejó al
descubierto la antítesis entre los cabeza rapada que leían el Mein Kamp como
si se tratara de la Biblia y los punks que veían en ellos ese fascismo, que
tanto combatieron, llevado a la máxima expresión. Más allá del ojo del huracán, Londres y la costa oeste de los EE.UU., el punk rock no se detuvo en las fronteras. En el caso puntual de Argentina lo más significativo y contundente fue sin duda Los Violadores, cuyo «Uno Dos Ultraviolento», tema inspirado en La Naranja Mecánica, fue sin duda la bandera que flameó más alto en el punk de estos lares en épocas donde era un verdadero compromiso enfrentar a los progenitores para que estos comprendan que eran los ruidos que provenían del garaje. A la primera generación de nombres como Los Laxantes o Los Violadores le siguió una segunda generación punk caracterizada por grupos como Ataque 77, Gatos sucios, Flema, etc... y hasta una tercera, como 2 minutos, que sigue tomando la posta de ideas que con el tiempo siguen vigentes, aunque no todos las exhibieron con igual inteligencia y eficacia. Lo cierto es que el punk no nació como moda, dio
origen a un circuito verdaderamente alternativo, creó espacios donde no los había
y gritó cosas que se callaban; pero la utopía de mantenerse fuera del sistema
chocó contra la moda, la música, la difusión y en síntesis: contra el
mercado. Quizás no se supo como seguir la revolución; los grupos que entraron
al circuito comercial quedaron lejos de aquel cooperativismo y de la
marginalidad, y los que quedaron fuera debieron buscar como sobrevivir sin
tiempo para remontar la lucha desigual contra un establishment que ya sabía
como tratarlos. ESTAS MUERTO (LOS VIOLADORES 1983)
|