Trabajo y aburrimiento: en los países civilizados casi todos los hombres trabajan para ganar un salario. Para ellos el trabajo es un medio, no un fin, y por eso no se muestran exigentes en la elección de trabajo, con tal de que les proporcione buena retribución. Hay algunos hombres excepcionales que prefieren perecer a trabajar en cosas que no deleitan; son minuciosos y difíciles de contentar y no les basta con ganar mucho si el trabajo no es por sí mismo la ganancia de las ganancias. A esta especie de hombres raros pertenecen los artistas y los contemporáneos de todas clases, pero también los ociosos que se pasan la vida cazando en aventuras e intrigas de amor. Todos ellos buscan el trabajo y el esfuerzo cuando va mezclado con algún placer, y no les asusta entonces la más dura y difícil de las faenas. Pero de no ser así, su pereza es grande hasta cuando puede traer consigo la pobreza, el deshonor o peligros para la salud y la vida. Temen menos que al aburrimiento al trabajo sin gusto, y hasta necesitan de una gran dosis de aburrimiento para que su trabajo pueda salirles bien. Para el pensador y para el espíritu inventivo el aburrimiento es la calma chicha del alma que precede a los alegres vientos y a la feliz carrera; hay que soportarlo y esperar su efecto, y esto es lo que las inteligencias inferiores no pueden conseguir de sí mismas. DISIPAR DE CUALQUIER MANERA EL ABURRIMIENTO ES LO VULGAR, tan vulgar como el trabajo sin gusto. En esto se distinguen tal vez los asiáticos de los europeos: en que aquéllos son capaces de reposo más prolongado y profundo que éstos. Hasta sus narcóticos obran lentamente y requieren paciencia, al revés de lo que sucede con la insoportable rapidez de ese veneno europeo que llamamos alcohol.
Y hablando de asiáticos u orientales, ellos lo sabían muy bien: wei wu wei.
Trabajo y aburrimiento: en los países civilizados casi todos los hombres trabajan para ganar un salario. Para ellos el trabajo es un medio, no un fin, y por eso no se muestran exigentes en la elección de trabajo, con tal de que les proporcione buena retribución. Hay algunos hombres excepcionales que prefieren perecer a trabajar en cosas que no deleitan; son minuciosos y difíciles de contentar y no les basta con ganar mucho si el trabajo no es por sí mismo la ganancia de las ganancias. A esta especie de hombres raros pertenecen los artistas y los contemporáneos de todas clases, pero también los ociosos que se pasan la vida cazando en aventuras e intrigas de amor. Todos ellos buscan el trabajo y el esfuerzo cuando va mezclado con algún placer, y no les asusta entonces la más dura y difícil de las faenas. Pero de no ser así, su pereza es grande hasta cuando puede traer consigo la pobreza, el deshonor o peligros para la salud y la vida. Temen menos que al aburrimiento al trabajo sin gusto, y hasta necesitan de una gran dosis de aburrimiento para que su trabajo pueda salirles bien. Para el pensador y para el espíritu inventivo el aburrimiento es la calma chicha del alma que precede a los alegres vientos y a la feliz carrera; hay que soportarlo y esperar su efecto, y esto es lo que las inteligencias inferiores no pueden conseguir de sí mismas. DISIPAR DE CUALQUIER MANERA EL ABURRIMIENTO ES LO VULGAR, tan vulgar como el trabajo sin gusto. En esto se distinguen tal vez los asiáticos de los europeos: en que aquéllos son capaces de reposo más prolongado y profundo que éstos. Hasta sus narcóticos obran lentamente y requieren paciencia, al revés de lo que sucede con la insoportable rapidez de ese veneno europeo que llamamos alcohol.
Y hablando de asiáticos u orientales, ellos lo sabían muy bien: wei wu wei.