Operacion de la Cruz

Blog de Eduardo de la Cruz

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Pequeño Bambi llega a la Universidad.

jueves 21 de agosto de 2008

Un grupo que hace historia en esta ciudad y que siempre vuelve,
siempre ofreciendo nuevas perfomances
hoy en la Universidad Pública.
Si es posible vayan porque es un pecado perderselas. ( aún suenan en
mis oídos los acordes de La loba, lo más!!!!)

Besote a la mejor de todas Vivi querida de mi parte y de la Zule.
Y a escuchar los clásicos reversionados por Pequeño Bambi!!!

Ciclo Derecho a la Cultura

Música: "Pequeño Bambi" (Punk Rosa)

Jueves 21 de agosto | 21 hs | El Subsuelo | Pabellón Argentina

Presentado como el "resultado de una creación mediática" Pequeño Bambi
se configura como una estrategia de colaboraciones múltiples: es un
grupo de rockstars "divinizado", que indaga en los límites entre
ficción / simulacro / verdad, mediante acciones performáticas que
incluyen conciertos, video proyecciones o instalaciones, entrevistas
en medios masivos, la creación de un grupo de fans ficticios, etc. El
resultado es una mixtura con carácter de espectáculo, una
contaminación de formas y gestos culturales que van desde la canción
melodramática al punk y al kitsch. (*)

Frontgirl, performer: electropampa (Karol Zingali) | Music Partners,
guitarra eléctrica: niña nuclear (Eli Rivarola) | Batería, g-power
Bajo: chiquita bakana

Pequeño Bambi reversiona al estilo happy punk, canciones populares de
los años ´70 y ´80 que se hicieron memorables de la mano de Jeanette,
Camilo Sesto, Madonna, Donna Summer, Valeria Lynch, Sandro, Roberto
Carlos y Rafaela Carrá, por ejemplo.

Puesta Visual: Karol Zingali

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Del.icio.us   Meneame

Justicia perseguirás!

Para escuchar,
para seguir pensando en aquellos duros años y en estos que no son
menos violentos,
para tratar de buscar las conexiones, las continuidades y que
elementos violentos, autoritarios y dictatoriales aún continúan en
esta sociedad,
para no olvidar,
porque aún falta mucho por hacer,
lo que se hizo esta muy bien pero creo que aún nos queda mucho por
hablar, mucho por decir y mucho por escuchar,
por los 30.000 desaparecidos, por los que aún no han podido hablar,
por nosotros y por las generaciones que vendrán
esta invitación.

Buen jueves

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Del.icio.us   Meneame

Castoriadis y sus espectros visitan la Casona Municipal esta tarde a las 19 horas.

miércoles 20 de agosto de 2008

Me ha llegado esta invitación y me parece oportuna compartirla con todos los lectores de este sitio que se encarga de destacar las cosas buenas que pasan en esta ciudad/aldea que habitamos.
Este ciclo  es uno de los pocos que toma a la filosofía comtemporánea como tema y nos invita a reflexionar, conocer y ver cuales son las ideas de aquellos pensadores que son fundamentales o fundacionales.
Hoy es el turno de Castoriadis que nos ha dejado un legado importantísimo para aquellos que nos gusta reflexionar en torno al ser social y  sus vinculaciones.
La idea de magma es un aporte que debemos rescatar antes que las oleadas conservadoras y reduccionistas las marginen al parnaso del olvido como tantas otras ideas.
Les dejo la invitación y si no conocen al Genial Cornelius les dejo el requiem que escribió Egdar Morin hace unos años al momento de enterarse que su amigo habia fallecido.
Y esta tarde los veo en la Casona para pensar junto a Castoriadis/ Marchesino
 
"Cornelius Castoriadis, el retorno de la imaginación"
Por Cesar Marchesino
Miércoles 20 de Agosto
19hs
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA
Casona Municipal.  Gral Paz y La Rioja.
 
En este encuentro del ciclo de lecturas en filosofía francesa
contemporánea, que hemos denominado DOBLE JUEGO, nos encontramos este
miércoles para introducirnos de lleno en el pensamiento de Cornelius
Castoriadis a través y gracias a Cesar Marchesino. Este encuentro,
como todos los otros, no exige conocimientos profundos en filosofía
sino tan solo estar dispuestos a aventurarnos en el conocimiento y
pensamiento más actual.
Los encuentros tienen la finalidad de que el pensamiento filosófico
pueda salirse de los claustros universitarios para estar dispuesto a
la voluntad de los oyentes. Como siempre, y para ayudar a esta
finalidad, habrá un brindis y música…
La imaginación ha constituido un escollo insalvable para la filosofía.
Desde sus inicios en la Grecia clásica y hasta nuestros días, los
intentos por sobrepasar las paradojas a los que conduce el pensamiento
de la imaginación han degrado de manera sistemática el estatuto
ontológico de la misma.
En la segunda mitad del siglo XX C. Castoriadis, con un recorrido
intelectual que va de la filosofía al psicoanálisis, pasando por el
derecho y la economía, y una marcada trayectoria militante, intenta
romper con la clausura de la filosofía heredada y nos propone pensar
la imaginación de manera diferente.
Más información:
 
 
Castoriadis, un titán del espíritu
Edgar Morin
Texto reescrito por Edgar Morin en base a su discurso en el funeral de Cornelius Castoriadis. Traducción de Alejandro Pignato para Zona Erógena, revisada para esta copia digital.
 
Después de la guerra greco-turca de 1921 tanto los griegos que se habían instalado en Asia Menor como los turcos que vivían en Macedonia, desde hacía varios siglos, tuvieron que dejar su tierra natal. Unos y otros padecieron las primeras depuraciones étnicas de este siglo veinte. Así, la familia Castoriadis tuvo que abandonar Estambul para ir a Atenas poco después del nacimiento de Cornelius.
La segunda guerra mundial iba a orientar su destino. El adolescente Castoriadis se unió en Atenas, en 1944, al partido trotskista, que sufría la represión gubernamental y la decisión del comité central comunista de llevar a cabo su liquidación física. Castoriadis se refugia en Francia en 1945 y, con Claude Lefort, protagoniza una herejía radical en el seno de la herejía trotskista; la URSS, ya no es considerada como un Estado obrero solamente degenerado, sino como el Estado de una nueva opresión de clase, pierde todo privilegio revolucionario. Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, cuatro letras, cuatro mentiras, escribe Castoriadis. En 1948 funda, con Claude Lefort, el grupo Socialismo o Barbarie, que, sin dejar de criticar al mundo capitalista, denuncia también incansablemente el presente de una ilusión, lo que le vale el rechazo duradero de la izquierda oficial.
Nos habíamos encontrado para sostener la revolución húngara, durante el tumultuoso año de 1956. Luego, cada uno a su modo, nos encaminamos hacia una superación integradora de lo mejor de Marx en una concepción más compleja. Como dice Castoriadis, la continuación de la obra de Marx exige la destrucción del marxismo, transformado, en su apogeo, en una ideología reaccionaria.
En este círculo llamado al comienzo Saint-Just, y luego más modestamente Círculo de investigación y de reflexión social y política (Cresp), es dónde se efectúa una gran re-elaboración, en Lefort y en Castoriadis, y donde uno y otro van a repensar, por vías diferentes, el problema de la democracia.
La idea político-social de autogestión va a profundizarse con la idea filosófica de autonomía, la cual conducirá a Castoriadis a una gran mutación filosófica. La autonomía -darse a sí mismo sus propias leyes- conlleva en sí misma la auto-creación, y nos ubica frente al misterio de la creación misma, que, para Castoriadis, es más que una combinación de elementos preexistentes; el surgimiento de una novedad radical, que constituye una discontinuidad inesperada. Y, en la fuente de toda creación, está el imaginario, inventor de un mundo de formas y de significaciones, que en el individuo es la imaginación radical, y, en la sociedad, imaginario social instituyente. Imaginación y creación están ligadas, incluso en la fuente del pensamiento.
A diferencia de las concepciones dominantes, para las que el imaginario no es más que ilusiones o superestructuras, Castoriadis lo reintroduce en la raíz de nuestra realidad humana, al igual que, a diferencia de las concepciones no aptas para concebir la noción de sujeto, Castoriadis encuentra nuevamente los constituyentes del sujeto (el "para sí", el hecho de que cada uno crea su mundo está dotado de imaginación) y destaca la importancia radical del surgimiento del sujeto autónomo en la sociedad democrática ateniense hace dos mil quinientos años.
Su pensamiento que se afirma a partir de L'Institution imaginaire de la société (Le Seuil, 1975) hasta el último volumen de Les Carrefours du Labyrinthe, Fait et a faire (Le Seuil 1997), toma forma epistemológica: nada de lo que está vivo, humano y social es exhaustiva y sistemática mente reductible a nuestra lógica clásica, que él llama conjuntista-identitaria. Castoriadis ve en lo que él llama magma, sustancia sin forma pero creadora de formas, el sustrato genésico de toda creación.
Esta reconstrucción filosófica no sólo no borra las críticas radicales que Castoriadis hace, en forma diferente, al totalitarismo y al neoliberalismo, sino que entraña la gran aspiración a la cual no dejó de ser fiel: la de una sociedad autónoma constituida de seres autónomos. Y ve en forma sorprendentemente profunda que la consciencia de nuestra mortalidad es la condición de esta autonomía: "No es sino a partir de esta convicción insuperable -de la mortalidad de cada uno de nosotros y de todo lo que hacemos, que podemos vivir como seres autónomos, incluso en los otros seres autónomos y hacer posible una sociedad autónoma".
Corneille -como lo llamamos nosotros- se nutría sin descanso en los textos de Platón y Aristóteles, pero no era un filósofo intramuros: se esforzaba en pensar los componentes de la cultura y del saber de su tiempo. No basta con agregar unos a otros los términos de filósofo, sociólogo, psicoanalista, economista, politólogo para definir su espíritu enciclopédico. Era enciclopédico no en el sentido aditivo del término, sino en el sentido originario griego, que articula los saberes disjuntos en ciclo. Hizo mucho más que mostrar una competencia profesional como economista en la OCDE y luego como psicoanalista. Demostró de manera sorprendente que, contrariamente al dogma establecido, es posible en el siglo XX constituirse una cultura con la condición de ir a los pensamientos generadores, a los problemas, a las grandes obras. Era un hombre de cultura amplia y abierta, enamorado de la música, de la poesía y de la lectura, lector de revistas científicas.
Pensador de la autonomía, atravesó el siglo ajeno a los marxismos oficiales, al positivismo científico tanto como al positivismo lógico, al lacanismo (al que consagró un libelo corrosivo y divertido, rápidamente cubierto de silencios indignados o consternados), al estructuralismo, al post-estructuralismo, al post-modernismo. Con una violencia polémica que yo, a veces, he juzgado como excesiva, odiaba la feria de las vanidades, las reputaciones engreídas. Detestaba las futilidades y la parisianidad y, en un libro reciente, denunciaba el "avance de la insignificancia".
¡Cuántas charlas de café estruendosas no hemos tenido! ¡Cuántos ágapes agradables! ¡Qué fraternidad en las rebeliones y en las desesperanzas! y cómo no recordar en las lágrimas de hoy nuestras risas en su cumpleaños 70 cuando yo recitaba mi "Oda a Corneille". Y cuántas afinidades entres sus ideas y las mías; cómo él, creo en la autonomía, que yo llamo auto-organización; como él, me niego a dejar disolver la idea de creación; como él, creo en el carácter real y radical del imaginario; como él, creo en la posibilidad de una cultura que ponga en marcha al saber; como él, creo en la necesidad y en la insuficiencia de la lógica clásica; como él, creo en la virtud genésica de lo que él llama magma, y de lo qué él llama laberinto que yo llamo complejidad.
 
Corneille no entró en marcos que resultan normales a la mayoría de los intelectuales, universitarios y políticos. Era enorme, fuera de las normas. Lean las Historias, como se debe, del mundo intelectual, allí no encontrarán sino marginalmente citado a este gran pensador.
De la presencia de sus ancestros en el mundo otomano conservaba un modo de actuar de campesino balcánico pero era un ateniense del siglo de Pericles, teniendo en cuenta la vivacidad de su inteligencia; era al mismo tiempo un cálido mediterráneo, un auténtico europeo en cuanto a su cultura, que llevaba en él Oriente y Occidente; y este inmigrante transformado en francés contribuyó a la riqueza ya la universalidad de la cultura francesa. Hasta el final, siguió siendo vivaz, ardiente, fogoso, apasionado, joven: le gustaba repetir las palabras de Wilde: "Lo terrible de envejecer es que uno sigue siendo joven".
Luego de tres meses de una lucha increíble de todo su ser contra la muerte, este titán se apagó, al lado de su compañera Zoé, su hija, Cybele, su hija, Sparta, su nuera, Dominique y Rilka, su madre. Del fondo de la amistad, del fondo de la fe en la creatividad humana, del fondo de la esperanza y de la desesperanza, yo saludo a la obra, al pensamiento, a la persona de Cornelius Castoriadis.
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Del.icio.us   Meneame

Link: el mejor de todos sin lugar a dudas.

Es uno de los grandes pensadores de este país, es un intelectual con
todas las letras que esta fuera de rencillas y capillas literarias,
bah conociéndolo a través de sus escritos creo que aborrecería estarlo.
Tiene autoridad para decir las cosas que dice, es un estudioso de
nuestra literatura ( y sus elecciones afectivas a la hora de estudiar
y abordar objetos de estudio también) y además es un tipo que está
atento siempre a los cruces, los nuevos aires y a la psoibilidad de
patear el tablero.
Mis alumnos saben de predilección por él ya que es bibliografía básica
en el lugar donde estoy y sus libros nunca están en mi biblioteca ya
que siempre anda de préstamo.
Desde su blog que, desde aquí se puede linkear ( ya lo dice él mismo
es un link), uno puede darse un paseo por diversos temas, relatos y
temas que él desde su prosa sabe como hacer accesibles y queribles.
En esta entrevista pueden conocerlo un poco más, la excusa es su
último libro de relatos Mafia Rusa ( que presentará en Córdoba el 20
de septiembre), pero pueden leer toda la obra de este autor porque es
un experiencia interesante.
Monserrat y Los años 90 son geniales en el terreno de la ficción.
Sus recopilaciones y trabajos en torno a la figura de Rodolfo Walsh
son insolayables para cualquier estudioso de la literatura y amante de
la palabra.
Y sus libros teóricos como Clases. Literatura y Disidencia y
Literatura argentina: cuatro cortes son iluminadores en muchos
aspectos.
Nos falta conocer su teatro pero imposible viviendo aquí lejos de la metrópli.
Pero bueno pasen y lean a uno de los continuadores de Manuel Puig y
Rodolfo Walsh y que ya ha dejado ( y lo seguirá haciendo) un mojón
importante en la cultura argentina y latinoamericana.
La entrevista salió en la edición de Crítica. Y no dejen de leer su
blog es imperdible, de lectura diaria, diría yo.

"No hay una vida más aburrida que la de un escritor"

–Sí –dice el escritor, enfático– soy un link de verdad.
Colgado de una rama genealógica que parece sacada de la red, este
escritor y también blogger, conocido por sus libros, pero también por
su Linkillo, blog con que testifica sus peripecias diarias, nació
efectivamente siendo un hipervínculo de carne y hueso. Y también,
según lo ha expuesto –cubierto a medias por la ficción– en su último
libro de relatos mafia rusa, el escritor Daniel Link, apenas nació,
linkeó inmediatamente con la pobreza.

–¿Usted fue pobre?

–Sí –dice–, seguramente no tan pobre como aparece en el libro, algunas
cosas están un poco exageradas y otras son seguramente malas
interpretaciones mías.

Link, parcial niño pobre hace cuarenta años, es hijo de dos
trabajadores obligados a la jornada diaria para sostener una familia.
A través de algunos de sus relatos de mafia rusa, el lector nota,
enternecido, que Link tuvo carencias materiales y, por citar un caso,
en una de estas narraciones el presunto niño Link se ve obligado a
robarle a un compañero su libro de estudio.

Ahora Daniel Link, el adulto que está en sus cuarentas, concluye, con
entereza y sentado en un sofá de su departamento del barrio Monserrat,
que él proviene de la clase trabajadora. Admite, eso sí, que le gusta
llevar una vida de riqueza simbólica.

Link, dice, es rico en experiencias, rico en relaciones, rico en
conocimientos y rico en capacidad para pensar. Un millonario etéreo
que se gana la vida como profesor universitario, que escribe libros
por necesidad existencial, que alimenta dos veces a la semana un blog,
todos los días a sus gatas y que ahora se vio en la metafísica
tentación de alimentar con su propia vida estos quince relatos
editados por Emecé.

–¿Le dio pudor ser tan autobiográfico en este libro? –se le pregunta,
constatando en la lectura, que los textos recorren sus viajes, su
niñez y su vida de literato.

–Supongo que en el momento en que puedo sentarme a escribir de estas
cosas es porque perdí todo pudor al respecto. Todo es un proceso de
vaciamiento. El neurótico es aquel que guarda muchos secretos y me
parece que eso no vale la pena. Más vale vaciarse de eso que puede
llegar a molestar.

Link, incansable adicto al autorretrato, dice que siempre ha escrito
acerca de sí mismo. Justifica la egolatría y recuerda una frase de
Ricardo Piglia, quien una vez le dijo que sólo publica novelas para un
día poder publicar su diario de vida.

–Pero usted ¿es una persona interesante?

–¿Si yo soy interesante? –Link se asombra. El entrevistador capta que
la pregunta podía transmitir agresividad y asiente con titubeos. Link,
que cada respuesta la transforma en una introspección, responde,
honesto, que no, no es interesante. La vida de un profesor, de un
intelectual, no es atractiva. Se trata, dice, de encontrar las
pequeñeces del mundo, la poca carne que uno puede extraer de ese
hueso. Entonces, medita, tira el humo al techo, y agrega:

–No hay vida más aburrida que la de un escritor. No tiene ningún
atractivo por sí misma, salvo la inclinación a la pereza.

–Eso ya es interesante, Daniel –se le dice con determinación.

–Y, claro, un lector alejado de los rituales de la literatura puede
pensar eso de "pero este tipo vive al pedo" (el entrevistador sonríe
imperceptiblemente). Pero la situación es más compleja porque un
escritor pasa la mitad del tiempo escribiendo mentalmente y la otra
mitad pasando al limpio.

Link escribe mucho con la mente ("es un registro de conciencia"). Por
cada lugar que transita, el hombre va rescatando fragmentos con el
cerebro. Por eso se reconoce un escritor mental obsesivo.

A la hora de escribir con las manos, Link elige la mesura y sólo lo
hace por las tardes y por las noches. Se levanta generalmente a las
diez de la mañana y dedica la primera parte del día a trámites
ciudadanos. Parte de esto se retrata en el cuento "Parpadeos" de su
último libro. Dos escritores destinan toda una mañana a hablar por
teléfono, sin apuro, analizando sus vidas.

Un amigo escritor, Pablo Pérez, le dijo a Link que era un cuento
maricón. Link le dijo que él, Pérez, escribía cosas mucho más
mariconas. Entre tanta mariconada se produce un clima distendido y
Tita Merello, la gata, aprovecha para cortejar al entrevistador y
también pasa un hombre fantasma que va de un pasillo a la cocina
("¿Quién es usted, señor?" es la pregunta que nunca se le hizo) y a
las dos de la tarde, hora peak del día laboral, parece que todos
tienen ganas de cebar unos mates. ¿Siempre será así la vida de los
escritores?

–Quizás sea así para un escritor que viva de su escritura –dice Link–,
pero yo no vivo de la escritura. No es mi trabajo. No podría comprar
ni siquiera alimento para mis gatas si dependiera de mis derechos de
autor. Yo tengo obligaciones que cumplir y las cumplo.

El lector capta en Mafia rusa que, además de la tendencia
autobiográfica, hay una inclinación a la prosa elaborada. Link dice
que no le gusta escribir como habla. Link, en su interior, aspira a
escribir frases realmente largas. Le gustaría escribir esas frases
majestuosas y elegantes que logra escribir Alan Pauls. Alan Pauls,
dice, es el mejor escritor de su generación. Otros escritores de su
generación son Daniel Guebel, Sergio Bizzio, Juan Forn y Rodrigo
Fresán. Link dice que no forman un grupo y dice que, a lo sumo, son
como una constelación, cada cual por su lado, unidos en el espacio.

–¿Cómo juzga el estilo de Mafia rusa, Daniel?

–Yo no sé si los demás pueden llegar a reconocer un texto y decir
"mirá, esto es de Link", no sé (el entrevistador se ve algo presionado
y susurra: "Pero por supuesto, Daniel"). Mmm, yo no lo sé. Y también
es verdad que el estilo se compone no tanto de recurrencia como de
ausencias. Yo tengo gran talento, creo, para hacer diálogos, pero
tengo más dificultades con la descripción.

–¿Y el blog, Linkillo, le ha servido en su literatura?

–El blog es una especie de espacio quimérico donde todo queda
guardado. Tiene eso de "a ver, vamos a probar con esto a ver qué
pasa". Es saber qué efectos produce la prosa que uno escribe. Permite
que uno evalúe su propio discurso, y...

Link seguía hablando, mientras el entrevistador lo quiso traer de
regreso desde el espacio. Entonces le habla, tangencialmente, de sexo.
Link, juntando todos sus pensamientos, piensa alrededor de una hora y
media al día en sexo. El lector puede recordar que, en un cuento de
Mafia rusa, un escritor tiene una erección matinal. Se hace la pausa y
se le pregunta:

–¿A usted, como uno de sus personajes del libro, se le para
el pene por las mañanas? (serio)

–¿Eh?..., y..., pero eso depende mucho de la vejez.

–¿Ya no se le para el pene por las mañanas, Daniel? (imperturbable)

–Bueno, sí, todavía tengo esas cosas que suceden, si es que he soñado
con alguna cosa interesante.

El escritor Link es, finalmente, ese hombre común. Ese hombre que
vende 800 libros, que no hace deportes, que a veces, al viajar, se
unta la cara con crema facial, que hace zapping, que sintoniza los
Juegos Olímpicos y que se erecta en las mañanas. Y, como él dice, si
uno introduce en la red "Daniel Link", tendrá tres vínculos: un
cantante gay de canciones folk, un neurólogo especializado en
trastornos de comportamiento y también ese argentino que hace poco se
vinculó con la mafia rusa. Ese argentino común y corriente que no
puede ser otra cosa que un simple escritor.

Cuentos autobiográficos que se sostienen como postales

Lo primero que podría notar el lector es que Daniel Link ha hecho un
libro de cuentos con su vida. Ocurre que este escritor, en la mayor
parte de este conjunto, se utilizó a sí mismo como materia de estudio
y casi podríamos decir que escribió una autobiografía en catorce
capítulos.

Abundan los cuentos protagonizados por un escritor o por un niño pobre
que más tarde se transformará en escritor ("Yo fui pobre") o por un
escritor, sumamente similar a Link, que retrata impresiones de viajes
que con toda seguridad también ha realizado Link (Migrar es morir un
poco).

El lector, por cierto, no tiene por qué suponer que ese personaje es
el autor. No debe suponer que ese escritor que habla por teléfono una
mañana con un colega es el autor ("Parpadeos"). Es irrelevante. La
calidad de un relato, sabemos, no necesita ningún tipo de antecedente
para poder sostenerse, debe hablar por sí solo y etc. Y, en ese
contexto, al menos para este subjetivo lector, hay cuentos que no se
sostienen propiamente como cuentos.

Se sostienen como postales, como composiciones o hasta fotografías.
Son postales, composiciones o fotografías escritas con una prosa
depurada y elegante y a este subjetivo lector le gustaron como tales y
le parece que quizás no tenían un propósito mayor que ese objetivo.

Hay momentos en que parecen ejercicios de escritura decorados con
agudas reflexiones de Daniel Link. Lo peligroso de los ejercicios
autobiográficos puede ser que a veces la vida de uno puede resultar
realmente interesante para uno mismo, pero quizás mucho menos para los
otros o para los que no nos conocen.

De manera que es un libro que apuesta por la mixtura, que alterna
realidad e imaginación, y que parece que su mayor trascendencia no
será literaria, sino personal.

Más que un gran libro, Mafia rusa puede ser visto como un conjunto de
relatos que marcan un proceso interno y literario que sigue Link. Esto
de mezclar géneros que cada día les resulta más y más interesante
desarrollar a los mismos escritores.

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Del.icio.us   Meneame

Coordenadas para escuchar a Raúl Antelo

martes 19 de agosto de 2008

Jornada de Pensamiento Critico en América Latina
Raúl Antelo presenta su libro Crítica Acéfala
 
La jornada se realizará el martes 19 de agosto en el Auditorio de la Facultad de Lenguas, (Avenida Vélez Sársfield 187) con acceso libre y gratuito. Esta actividad está dirigida especialmente a estudiantes, escritores y profesores vinculados a la literatura latinoamericana.
A las 16 horas, Antelo dictará la conferencia "Arqueología y anacronismos de la modernidad latinoamericana" y a las 17.30 se realizará la presentación de su libro Crítica Acéfala, en un panel integrado por Silvio Mattoni (poeta y profesor de Estética Moderna de la UNC), y Gustavo Blázquez (antropólogo y profesor de Historia de la Cultura de la UNC), con la coordinación de la profesora e investigadora Roxana Patiño. Este libro es una invitación a la lectura crítica, a la que él mismo define como "un intersticio entre ficción y teoría". Crítica Acéfala explora las producciones culturales de/sobre Latinoamérica desde un pensamiento agudo y desafiante de los paradigmas tradicionales de la crítica.
Sobre el autor
Raúl Antelo cursó estudios en las universidades de Buenos Aires y San Pablo. Es profesor titular de literatura brasileña en la Universidad Federal de Santa Catarina y lo ha sido en las de Yale, Duke, Texas y Leiden. Presidió la Associação Brasileira de Literatura Comparada (ABRALIC) y ha contado asimismo con el apoyo del CNPq y la Fundación Guggenheim. Es autor de Literatura em Revista; Na ilha de Marapatá; João do Rio: o dândi e a especulação; Parque de diversões Anibal Machado; Algaravia: discursos de nação; Transgressão & Modernidade; Potências da imagen, María con Marcel. Duchamp en los trópicos y Tempos de Babel. Anacronismo e destruição.
Ha editado A alma encantadora das ruas de João do Rio; Ronda das Américas de Jorge Amado; Antonio Candido y los estudios latinoamericanos, así como la Obra Completa de Oliverio Girondo, para la colección Archivos de la UNESCO, donde colaboró además con los volúmenes de Henríquez Ureña y Mário de Andrade.
Entre sus participaciones más recientes en obras colectivas, figuran las historias de la literatura argentina de David Viñas y Noé Jitrik, la coordinación parcial de Literary Cultures of Latin American. A comparative History, de Oxford, amén de O Grande Terremoto de Lisboa: Ficar diferente; Candido Portinari y el sentido social del arte; Arte de posguerra: Romero Brest y la revista Ver y estimar; A literatura latino-americana do século XXI y Céu acima, para um tombeau de Haroldo de Campos y Leituras críticas sobre Silviano Santiago.
 
Jornada "Pensamiento Crítico y Literatura en América Latina"
Organiza: cátedra de Literatura Latinoamericana II.Escuela de Letras, Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC)
Fecha: martes 19 de agosto
Lugar: Auditorio de la Facultad de Lenguas. Avenida Vélez Sarsfield 187
Entrada libre y gratuita
16:00 hs. Conferencia Arqueología y anacronismos de la modernidad latinoamericana a cargo de Raúl Antelo
17:30 hs. Presentación del libro Crítica Acéfala de Raúl Antelo. Panel Plenario: Gustavo Blázquez y Silvio Mattoni. Coordina Roxana Patiño.
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Del.icio.us   Meneame

Raúl Antelo: variaciones en torno a la crítica y la academia.

Hoy estará en Córdoba Raúl Antelo un teórico de la cultura que viene
indagando sobre los discursos y sus pliegues. Presentaá un libro que
según comentan los que han tenido acceso a él es muy interesante.
Crítica Acéfala se llama y esta tarde después de una conferencia que
dictará a las 16 horas será presentado. La invitación la subiré luego
asi conocen las coordenadas para asistir.
Aquí una entrevista con Antelo para que lo conozcan como piensa y
por donde andan esos pliegues que recién comentábamos.


ENTREVISTA CON RAÚL ANTELO

Por Ronaldo Assunção (UFMS) y Daniel Castello (UBA)

Raúl Antelo da clases de literatura brasileña en la Universidad
Federal de Santa Catarina. Fue profesor visitante en universidades del
Brasil y demás países tales como University of Texas, Yale y Duke en
los Estados Unidos y Leiden en Holanda. Es autor, entre otros de Na
ilha de Marapatá (1986), Algaravia. Discursos de Naçao (1998) y
Transgressão & modernidade (2001). Fue coordinador de la edición
crítica de la Obra Completa de Oliverio Girondo para la colección
Archivos de la UNESCO.

Catorce de Enero de dos mil dos. Los interminables rulos de la
autopista que une el continente con la isla de Florianópolis nos
conducen a la casa de Raúl Antelo. La tranquilidad del barrio en las
cercanías de la Universidad Federal de Santa Catarina contrasta con
las últimas imágenes que trajimos de un Buenos Aires en llamas.

Muy amablemente Antelo nos invita a pasar a su estudio, donde se
impone su voluminosa biblioteca, para dar lugar a la entrevista.
Conozco varios intelectuales que se esconden tras inmensas bibliotecas
que los aíslan del mundo. Raúl, en cambio, nos sorprende.

"…el otro día me pidieron de Clarín una nota sobre el colapso de las
librerías y las editoriales a partir de mi visión, digamos, esporádica
de visitante discontinuo de Buenos Aires. Pero sobre todo comenté con
amigos que me había llamado la atención una cierta sobre dimensión de
las librerías; o sea, quedaron como una especie de templos sin
creyentes. No hay un público y están como paradas en el tiempo y tal
vez esperando… ya ni sé si tiempos mejores. Le mandé el texto a una
amiga escritora que vive en Europa y hoy me responde, haciéndome una
censura sutil; diciéndome algo así como que no era bueno opinar en
este momento sobre la Argentina, nosotros que vivimos fuera, porque en
última instancia los que se la bancan son los de adentro y que no nos
queda el derecho de opinar. A mí en un principio la idea, casi me
repugnó. Porque más que se la banca sonó: se la cree.

Es una crisis anunciada, arrastrada y, en alguna medida, alimentada
por una ficción compartida por toda la sociedad. Así que me puse a
pensar otras cosas. ¿Cómo encontrar un medio tono que no sea ni el
señalamiento de certezas desde el afuera o desde algún saber intocado,
pero tampoco desde un adentro cómplice de una ilusión?, o sea,
prisionero de una ilusión. Como en gran medida creo que pasó en esta
década en la Argentina. Y yo creo que para eso la literatura todavía
tiene combustible. Alimenta constantemente un poder; no sé si llamarlo
de resistencia, me parece demasiado modernista llamarlo así; por lo
menos de descreencia en la megalomanía. En la megalomanía modernista,
en el duelo modernista, en el luto, en el velorio modernista; y una
apuesta más en la megalopatía. No en la megalomanía que es la
obsesión, la manía de lo grande; y creo que el Argentino padece
bastante de ese tipo de cosa, desde lo eufórico que se conecta con el
nacionalismo del siglo XIX, aún hasta lo superficial del peronismo.
Pero hay siempre una cierta megalomanía de grandes causas nacionales,
ideales sublimes atrás de los cuales se tendría que luchar. Y yo creo
que la cuestión, hoy pasa por una cierta megalopatía, o sea: ¿cómo
soportar las grandes cuestiones? Yo creo que esas cuestiones nos
interpelan a todos y son cuestiones que bien hiladas están en
sintonía.

Yo pensaba: hay algo que conecta la quema de los templos. Hay una
quema de los templos: en el '55, que es megalomaníaca, o sea, erigir
otra verdad contra la verdad que se ha apoderado del estado. Pero yo
creo que hay otra quema de templos, la de hoy, la de quemar los bancos
de la avenida de Mayo o la de lanzar los aviones contra el World Trade
Center que es la megalopatía de la ascesis, como si la ascesis fuese
la salida al goce capitalista. Entonces, frente al goce capitalista,
irrestricto y continuo el ascetismo podría llegar a ofrecer una
alternativa. Yo estoy más por una posición, si querés de derroche. Yo
creo que en este momento es cuando menos hay que perder el gasto, la
irreverencia, la posibilidad de crear. O sea trato de no caer en una
actitud melancólica. De decir: bueno, de esto ya no hay más…. ¿qué me
hicieron? Yo tenía, no tengo más.

Sé que hay una actitud nuestra, intelectual hacia la melancolía, hacia
la acera del pasado como algo inalcanzable, pero trato, si querés de
disciplinarme en el sentido de ponerme en otro punto de vista. Mirar
la escena desde otro lugar…"

- Partiendo de lo que decías, que tratás de observar la escena desde
otro lugar: ¿cuál es tu visión sobre el debate actual en la academia
brasileña?

- Yo creo que eso de mirar la escena desde otro lugar tiene que ver
con el trabajo de uno. Acá en Brasil, el debate en el área de letras
es lo que se ha dado en llamar la crítica estética o la crítica
universalista y la crítica culturalista. Y se ha hecho de esto una
especie de guerra de Griegos contra troyanos, como si fueran dos
causas justas o santas y consecuentemente dando lugar a purgos, a
persecuciones, No llamés a éste porque es de tal bando….. Ni tanto al
mar, ni tanto a la tierra. Yo definiría mi trabajo, fundamentalmente
como una trabajo de crítica cultural, pero me repugna la militancia,
me cansa la militancia. La militancia es justamente creer en alguna
megalomanía, en algún absoluto, en algún universal que contamina tu
trabajo, es decir tu trabajo no está implicado. Y al contrario, lo que
me parece que debe orientarnos, constantemente es la cuestión de
moverse del lugar del eje. O sea, trabajar con toda la utilería que se
fue acumulando. Pero rearmar los conjuntos, rearmar la disposición de
los muebles, rearmar la circulación por entre esos muebles. Con eso
quiero decir que la salida del culturalismo sea apurar lo que se
aprendió en el servicio militar obligatorio del esteticismo, de la
filología, del historicismo, y neohistoricismo y la mar en coche. Yo
no lo puedo extirpar sin dolor.

- Cuando decís "servicio militar obligatorio del esteticismo": ¿te
referís a tu formación académica en Buenos Aires?

- Mirá, me formé en una universidad complicada, una universidad de la
dictadura donde lo que imperaba era un método filológico rengo,
diríamos, había perdido sus mejores cabezas. Los que quedaban como
cultores de ese modelo eran personajes poco brillantes, bastante
mezquinos, persecutorios, temerosos de lo nuevo, pero en todo caso,
esas figuras con toda su mediocridad me dotaron de una herramienta.
Una herramienta que fui templando a lo largo de mis opciones, o sea,
opté por salir de la Argentina, mi primera salida es São Paulo, o sea
que hago cursos con Antonio Cándido, digamos que de esa mirada
microscópica hacia la forma, los torneos de la forma, las
transformaciones de la forma que uno aprendió con Husserl con los
Alonso con Peirce, paso con Cándido, a partir de Habermans a entender
que esa forma puede diseñar la trayectoria, ausente, de un movimiento
de época, de un movimiento de la historia. Claro, por mi cuenta sigo
en ese camino persiguiendo la idea del trazo. Entonces, a esos se
agregarán Benjamin y a eso se agregará Derrida y a esos se agregarán
una serie de otros con los que voy modulando esa mirada. Pero no me
parece que la salida sea por apurar de cierto aprendizaje instrumental
que la tradición te da; y sí por transformarla hasta el punto de la
subversión. Cosa que tal vez, en colegas más jóvenes o educados en la
universidad americana no se da, porque lo que ahí se pide es,
justamente, una adhesión desde la fe, desde la militancia. Hay que
militar en los estudios de género, en los estudios culturales o los
estudios subalternistas o lo que diablo fuere y a partir de eso no
leer, no citar, no comentar la obra de fulano, sultano o mengano. A mi
me parece que eso es como la negación de la autonomía del intelectual.

- Esta forma de transgresión, parafraseando tu último libro, me lleva
al prefacio de Alfredo Bosi en tu libro Na ilha de Marapatá donde
dice: "Raúl Antelo es un escritor Argentino, apasionado por la
literatura brasileña y esa es la primera virtud…"

- No la de ser argentino sino la de ser apasionado por la literatura brasileña.

- "…y la segunda virtud es que lee textos dispares, textos que no…
pero también hace una lectura transgresiva de esos textos". ¿Cómo
apreciás, hoy, esta frase?

- La frase de Bosi es sintomática. Yo creo que la frase de Bosi hoy,
se resignifica en otro sentido. El hecho de que ensalce el origen
extranjero y la admiración nacional ya me coloca en un lugar de
excentricidad. Cuando yo la oí, oí un elogio. Hoy te diría, tendería a
oír el duro juicio de la filiación, del patriarcalismo, es decir, los
lugares no se mueven, se ha nacido en el extranjero, siempre serás un
extranjero.

- O sea, ¿te desautoriza un poco?.

- Y yo te diría que, de algún modo creo que mi carrera en los últimos
años, tal vez en los últimos cinco años se vea más nítidamente eso,
pasa un poco por ahí. Porque son sui generis mis movimientos. O sea,
salgo de la Argentina y salgo de una formación, digamos, de elite,
central, dominante en la Argentina y paso a una formación de post
grado igualmente de elite dominante y central: São Paulo, pero, crezco
profesionalmente en la periferia, en la provincia. Y esto es
complicado porque de algún modo yo creo que mi inclusión en Brasil
esperaba que yo pagase una suerte de tributo de fidelidad a la
institución formadora: São Paulo, a la USP. Y en la medida en que paso
a trabajar, un poco en la contramano de los presupuestos de la
Universidad de São Paulo me quedo colgado del pincel. Y en todo caso
armo otro tipo de fidelidades y linajes con gente de Minas, con gente
de Río, con gente de otros espacios. Por otro lado, yo, que jamás
ambicioné tener un espacio de visibilidad en la Argentina, en los
últimos años, en función de participaciones, inclusive en la política
interna de la universidad, me han llamado a no sé cuantas comisiones
de concurso, varias de ellas bastante problemáticas. O sea que incidí
en la política académica de la UBA, para bien o para mal. Y,
consecuentemente con las invitaciones a escribir en suplementos acabé
teniendo una presencia en Buenos Aires que no perseguí de ningún modo.
Y hoy me encuentro en una situación muy sui generis en que mis
relaciones institucionales en Brasil se vuelven casi difusas en gran
parte por mi deliberación o sea, por estar aquí, por no mantener
ciertas relaciones o cuestionar ciertas éticas de la lectura, pero al
mismo tiempo mostrándome yo gravitando en torno a un espacio que,
conscientemente no deseé. O sea que la frase de Bosi, hoy adquiere un
sentido paradojal.

- Pero esa segunda parte, Raúl, de la frase; los objetos heterogéneos…

- Los objetos heterogéneos, la enciclopedia china… y algo de eso hay.
Yo tengo un pensamiento, si no de ropavejero, por lo menos de hurgador
de librería de viejo. Creo que hay algo del orden del resto y del
residuo que marca mi mirada, sospecho que tiene que ver con la manera
de armar mi biblioteca, o sea, yo soy hijo de un profesor de química
que como buen liberal tiene hasta hoy un retrato de Sarmiento en el
escritorio. Y como sarmientino y liberal de aquella época tenía una
formación humanista bastante respetable, bastante sólida. O sea que,
la biblioteca no era solamente una biblioteca de química y después
metalurgia, que fue su especialidad sino que estaba Menéndez Pidal
entero, había montones de ensayistas; de los obvios José Ingenieros o
quién fuera de los argentinos hasta Julián María o quién fuera de los
españoles. O sea que mi formación fue un poco en esos libros, desde
los clásicos hasta esos ensayos. Y después en la biblioteca popular.
Yo soy una cría de la escuela sarmientina. Estudié en una escuela
primaria, pública. En un barrio de clase media, en Barracas. Escuela
pública esa, que tenía una biblioteca nada despreciable, que tenía,
por ejemplo, una sección que a mí me fascinaba con puertas de cristal
donde guardaban los clásicos latinos encuadernados en cuero de Rusia y
papel Biblia, todas traducciones españolas. Pero tenía también, en las
partes que no se accedía fácilmente La historia de los heterodoxos
españoles de Pelayo o una colección entera de la revista Nosotros que
nunca nadie había abierto y que a mi me fascinaba agarrar la espátula
y empezar a abrir. O sea que es una cultura del resto. De alguna
manera esa biblioteca era como un navío, un barco encallado. El
proyecto sarmientino ya había hecho agua. Entonces, esa biblioteca que
tenía un fantástico busto de Voltaire, esa cosa sombría y sosegada, de
un silencio total, que nadie frecuentaba, era una especie de refugio
que me educó mucho, guardo buenísimos recuerdos de esa biblioteca.

Más intimidatoria fue la del secundario en el Nacional Buenos Aires
(muchos años después me di cuenta que la biblioteca era una réplica de
la biblioteca nacional de París) donde una vez fui a consultar la
biografía de García Lorca. Llego a esa biblioteca con un silencio
absolutamente sepulcral y con un control panóptico foulcaltiano
perfecto, era absolutamente intimidatorio y no se me ocurrió llevar
papel para anotar la biografía, o sea que no encontré mejor solución
que memorizarla.

Pero dentro de todo crecí un poco en otro tipo de naufragio. Mi
experiencia en el secundario era también la experiencia de un centro
que todavía estaba vivo, que pasó a morir en poco menos que una década
de mi salida del colegio. En el radio de un kilómetro, digamos, tenía:
la biblioteca del colegio, la biblioteca Nacional, donde pasaba
frecuentemente las tardes, con el viejo Borges y su bastón golpeando
los corredores y los pasamanos de metal, la biblioteca de La razón,
porque todavía existía la biblioteca de La razón en la avenida de
Mayo, la biblioteca de La prensa, porque todavía La prensa tenía su
gabinete de lectura, la biblioteca del Congreso que, ya a partir del
cuarto año del nacional, bajo la dictadura, entregaba una ficha para
que pidiéramos los libros que era muy risueña, decía: "disuelto
Congreso de la Nación". Estaban esas bibliotecas y yo no caminaba más
de un Kilómetro a la redonda, o sea, que había una red viva entre la
cultura y la vida. Hoy todas esas bibliotecas han desaparecido. No
existe la Prensa, no existe la razón, se mudó la Nacional, la del
congreso ni sé cómo está, la última ve que la consulté era en Alsina y
era de terror. Eso yo creo que también tiene que ver con el
hundimiento de navío, el barco se fue, cada vez, más hundiendo,
hundiendo. Claro, resulta difícil no alimentar la nostalgia decir: yo
anduve en el Titanic. Si, pero se hundió, se hundió y no va a haber
más, entonces, de poco sirve ambicionar eso. Pero yo creo que algo de
eso educó, me ayudó a buscar la sensibilidad. La idea de que el
naufragio, o había ocurrido o estaba a punto de ocurrir y que yo tenía
que salvar cosas de ese naufragio, entonces, la mezcla heteróclita,
creo que tiene que ver con eso, con agarrar lo que podía, lo que me
quedaba a mano y encontrarle un valor a cada cosa. Creo que esas
estrategias de pobre están un poco en el origen de la formación. De
eso, tal vez haya hecho una vocación, haya sofisticado las estrategias
a partir de eso se desarrolla una bibliofilia pero creo que en el
origen hay una llamada más universal, más niveladora, más democrática
o modernista. La insistencia, hoy, tal vez sea esa, tratar de
encontrar una manera de mezclar, porque es de eso de lo que se trata,
de mezclar para desolvidar. La mayoría de los ensayos de ese libro son
ejercicios de anamnesis; son ejercicios de desolvido. No tanto de
recuerdo, a lo que el recuerdo tiene de memorioso, nostálgico;
creyente en el ayer, pero sí de desolvido, porque el desolvido sería
una manera de soñar alternativas viables y posibles. Lo que fue
posible ¿porqué no puede volver a ser posible? Nunca será igual, nunca
será idéntico, pero puede volver a ser posible. Y yo creo que es eso
lo que me empuja a seguir inventando cruces y aproximaciones a veces
bizarras que para muchos pueden sonar a caprichosa, tendenciosas,
gratuitas.

- Con respecto a las editoriales a las que recurrís para publicar tus
libros; algunas son dentro de esta línea canónica y hay una serie de
obras que están desfasadas. Esta última es de una editorial de una
universidad muy periférica, de una provincia periférica. ¿Hay como una
intención, también de copar esos espacios?

- Es un gesto dandy. No tiene tanto de altruista y sí de egoísta.
Llegó un punto en que me cansó tanto cierta lógica central, en cuanto
a las publicaciones que opté por la absoluta salida aristocrática, la
salida dandy que es dar el texto a una editorial chica que creyó en mi
obra, entonces, un buen día me llaman y me dicen: queremos publicar un
libro suyo. Ah, si bueno, aquí está. Un libro que tenía justamente en
el cajón porque cuando se lo había dado a un editor de São Paulo, que
estaba también interesado en publicar inmediatamente surgió la
dificultad del riesgo. Bueno pero tendríamos que tener una coedición.
Y donde aparece la idea de coedición aparece la idea del estado. Y ahí
aparece mi excentricidad, mi marginalidad. O sea, yo no le podría
pedir ayuda a la Fundación Caterinense de Cultura, porque la Fundación
Catarinense de Cultura invertiría el juicio de Alfredo Bosi, diría:
Raúl Antelo es apasionado por nuestra literatura pero, es extranjero.
Entonces, no habría dinero para ese libro, porque no hablo de cultura
catarinense. No le podría pedir a una asociación nacional, no le
podría pedir al Instituto nacional del libro que financió de hecho el
Maraphata porque no existe más, pero no se lo podría pedir a una
secretaría en São Paulo porque no vivo en el centro, vivo aquí y
tampoco tengo ganas de andar apretando los timbres en Río o en Sao
Paulo a ver quién tiene ganar de arriesgar un libro que, tal vez, se
venda lentamente y que recupere el precio en dos, cinco, quinientos
años. El editor quiere cincuenta por ciento cash. Yo le puedo dar
prestigio. El ensayo vende poco y el universitario menos aún. Entonces
me pareció mucho más atendible una editorial, primero, que quería; y
segundo, que se disponía. O sea que había una disposición por parte de
la gente de la editorial de Paraná en esmerarse en la producción del
texto. Cosa que no había tenido en la actitud previa aquí. Algaravia
salió por la editorial de la universidad, acá, y no fue fácil. No se
esmeran demasiado por la difusión del libro. Yo te diría que hoy, lo
que yo hago, se divide en dos tendencias: O encontrar un canal de
publicación alternativo, o atendiendo a solicitudes puntuales y
específicas. La mayoría de las cosas que he escrito últimamente ha
sido en atención a actitudes puntuales y específicas.

- ¿Dentro de este tipo de publicaciones pondríamos a la edición
crítica de la Obra Completa de Oliverio Girondo para la colección
Archivos?

- Lo de Girondo pasa por ahí. Entre otras cosas, por supuesto. Lo de
Girondo es también pensamiento de ropavejero, vos date cuenta que es
también los dos lados: por un lado es la filología pero por otro lado
es olvidarse de la filología. Justamente para inventar otro margen, de
alguna manera inventarse otro Girondo, cuando Segala, el director de
la colección, me encarga la tarea, en el ochenta y nueve,
inmediatamente yo hago contacto con la sobrina de Nora [Lange], una
señora que vive en Martínez, a la que yo no conocía, llamé un día, me
recibió, le conté el proyecto, y me abrió lo que tenía, lo que
aparentemente no era mucho, o por lo menos ella no le daba ninguna
importancia, eran cuadernos, anotaciones, pocos libros, porque la
verdad es que la mayoría de los libros de la biblioteca de Oliverio se
vendió. Ella guardaba en el cuarto de los chicos en una especie de
planta improvisada, y en tablones sostenidos por ladrillos, casi como
basura, montones de libros, papeles, carpetas, macanas que examiné con
mucha pachorra y encontré cosas maravillosas, encontré una edición de
En la masmédula toda corregida por él que es la versión que usó para
el disco que, hasta ese momento era la última versión conocida de él,
pero con agregados y otras correcciones que no lee en el disco. O sea,
que esto pasaba a ser, de hecho, la última versión trabajada por
Oliverio. Y ese día me pasó una cosa muy graciosa que para mí era como
la cristalización del tiempo que llevaba fuera del país. Era un día
del ochenta y nueve, noventa. Ese día se presentaba la Historia social
de la literatura argentina de David Viñas, donde yo colaboraba, se
presentaba en el San Martín a las ocho de la noche. O sea que me pasé
la tarde en Martínez viendo todos esos papeles y fotocopiándolos en
una pequeña fotocopiadora de barrio. Salí volando a las siete y media,
ocho menos cuarto, me tomé un taxi para poder llegar a la presentación
del libro y venía yo pensando en los azares de la vida porque yo me
acordaba que mi primer contacto con Oliverio había sido en el Nacional
mediante un ejemplar de EUDEBA, en esa edición salió Veinte poemas
para ser leídos en el tranvía. Eso fue mi primer contacto con
Oliverio. Yo venía pensando: Qué curioso, este libro que yo compraba
en el sesenta y siete, veinte años después vengo de alguna manera a
incidir en su lectura futura. Y estaba pensando en eso y en los azares
de esa colección, tratada casi como despojos, guardada en un desván de
una casa de suburbios; en los azares de la propia familia. Y en un
momento me distraigo con la radio del taxista que estaban haciendo un
aviso que decía lo siguiente: tiene fotos, recuerdos, souvenirs de
personalidades, pagamos bien, pagamos en dólares, llámenos. Y era como
una especie de gran melange entre la formación de mi pensamiento
gradual, como sumando ladrillito a ladrillito y por otro lado el
pensamiento de la catástrofe, las catástrofes que ocurrieron en ese
país, la catástrofe inminente de la posible mudanza de la pariente de
Girondo y consecuentemente la dispersión del acervo; el acaso de ser
yo el elegido para realizar esa edición, la catástrofe de que esos
papeles, como tantos otros se pudieran ir porque había llegado alguien
que pagaba bien cualquier cosa. Entonces, había algo del orden del
azar, del acaso y todo eso que me parecía extrañamente sintomático. A
veces yo pienso: ¿qué es lo que hace que un trabajo sea visible? Creo
que hay bastante del acaso, pero creo también que al acaso se lo
estimula, se lo fabrica, se lo cuida metódicamente, o sea, hay que
saber producir un acaso, hay que saber producir un caos. Creo que mi
trayectoria es un poco eso, la de haber perfeccionado el acaso. Y si
se fijan en los ensayos hay mucho de esto; esta idea de la catástrofe,
tienen que ver con ese cruce de posiciones entre lo alto y lo bajo,
entre lo letrado y lo no letrado. Yo creo que de esas aproximaciones
sale electricidad, una energía se disemina.

- Esta forma de pensamiento o génesis intelectual, si querés; esta
forma de construir un pensamiento crítico a partir de restos, de cosas
que se van perdiendo: ¿genera, necesariamente este tipo de discurso
híbrido y difícil, como se te suele criticar?

- La manera más obvia de neutralizar ese tipo de crítica sería atacar
con Valéry o con Lezama: "Sólo lo difícil es nuevo" La manera tal vez
menos obvia, sería pensar que no hay una receta lista y que lo que se
encierra en mis lecturas son literalmente ensayos. Hay mucho de mi
aventura personal, del cambio de lengua de una relación de tensión con
la tradición y con el estado. Piglia habla de una relación de
extradición, o sea, una relación que deliberadamente te ponés en
tensión con el estado. Yo de alguna manera rechazo la lengua de mi
padre para rescatar la de mi abuelo, me tomó tiempo entenderlo pero de
algún modo es así. De algún modo tomar distancia en relación a la
megalomanía. O sea mi padre como universitario, hijo de inmigrantes,
padece de cierta megalomanía, aunque totalmente comedido por liberal,
de la primera generación en el país. La primera generación de
inmigrantes, sobre todo cuando son universitarios, creen mucho en su
lugar. Creen mucho en las instituciones porque se confrontan de una
nada de la cual salieron, sus padres. Y pueden ver cosas concretas. En
cambio, mi generación, es muy frecuente, que haya hecho el gesto
contrario de repudiar la herencia y de rescatar de algún modo,
concreto o simbólico la generación anterior. Creo que esa posibilidad
de pensar la tradición como extradición, o sea, pensar la tradición
como violencia, pensar la tradición como una cosa violenta, que se
extrae a fuerza, que no es espontánea, que no es natural, en la cual
el artificio es indispensable define mucho la manera que yo tengo de
leer y de crear sentido. Claro, yo creo que hay que tener una cierta
disponibilidad de entrar en el juego, si no, es inútil, no lo vas a
poder agarrar. Pero es un juego; el que quiere, quiere, y el que no
quiere jugará otro juego. A mí particularmente el juego de la mayoría
me aburre, entonces, insisto, tal vez no sea por altruismo que hago
las cosas. Yo hago esto porque me quiero divertir, y porque de hecho
me divierto con lo que hago. Y entonces, de algún modo, ese lector
utópico, futuro, que se divierta con lo que yo estoy armando con un
sentido inusitado, insospechado, que estoy consiguiendo arrancar esos
objetos inertes que no dicen nada. Y si, para buena parte de los
colegas puede que no diga gran cosa. Seguramente que pide una
dedicación mayor. No es un texto pedagógico, por lo menos no es un
texto de la pedagogía sublime, es un texto de la pedagogía violenta,
yo siempre creí que la pedagogía es transformadora y es violenta, yo
no le creo a la pedagogía adaptativa, imitativa, mimética. En eso soy
medio jesuita, la letra con sangre entra. No concibo mucho, un proceso
de formación que no te cueste, que no te destruya alguna manera de
operar para darte otra.

- Quiero tomar una vieja discusión a la que siempre se vuelve: esa
relación entre la crítica y la ficción. La creación ficticia, la
inspiración. ¿No sé si vos ves esas cosas tan desagnadas o si las
mezclás?.

- Yo no creo en crítica sin ficción. Yo creo que la crítica es una
meta ficción. Es una ficción teórica que se arma con otra ficción.
Para mí, la crítica, es una hiperficción, es una ficción
potencializada. Y particularmente, me gustan los críticos que trabajan
de esa manera. Aún una crítica que podríamos llamar fría, como Ludmer,
es deslumbrante en lo que tiene de cerebral, de un juego,
extremadamente sofisticado, de hiper ficción. Con ficciones arma una
máquina. Son máquinas de leer como la de Raimundo Lulio. Ese tipo de
crítica a mí me parece La crítica. Me aburre el tratado pedagógico que
parte de dos o tres pobres ideas fruto de la observación más rastreras
y empíricas y, a partir de esto, trata de establecer leyes
universales. Me aburre porque me parece que es tratar de encontrar la
demostración por hartazgo de dos o tres vanalidades. La buena crítica
no es eso.

Cuando era chico yo me preguntaba si no iba a escribir ficción. Me
volvía loco la pregunta, me irritaba profundamente. Porque siempre
estaba ese juicio de que el auténtico creador era el narrador y del
que crítico era el frustrado que como no pudo escribir una buena
novela se dedicó a criticar a los otros. Yo creo que no es fácil hacer
una buena crítica, y querés un ejemplo mejor, es más difícil ser
crítico de poesía, porque a pesar de los pesares es fácil ser crítico
de narrativa, pero es difícil ser crítico de poesía. Hay muy pocos
buenos críticos de poesía. O sea que a partir de la poesía puedan
armar una ficción. Una ficción en relación a la lengua, a las
identidades, a los flujos o a lo que fuere. Hay pocos buenos críticos
de poesía.

- ¿En el contexto brasileño?

En el contexto brasileño la cosa está muy estereotipada. Lo tenés a
Haroldo que es muy erudito pero es un juego previsible. Ya no me
desconcierta que me presente un nuevo autor, o una nueva lengua porque
la estrategia a través de la cual se encadenan esos elementos es
conocida, es un juego previsible. En el caso de Davi que es también
eximio. En su lectura nos queda menos la certeza que él todavía guarda
en relación a la objetividad del texto que analiza. De ahí mantiene
una distancia con el objeto analizado que es siempre una obra prima,
es decir, es siempre una obra perfecta de la cual él busca las leyes
necesarias; y yo no creo ene se modelo de abordaje fenomenológico
porque me parece que hay un punto en que es engañoso, es un modelo
que, diciendo la excelencia del objeto, en realidad, predica, la
singularidad del sujeto que analiza, habla mucho más del carácter
eximio, excelente del crítico que del poeta o poema en cuestión. Y a
mi me interesa un poco más desaparecer como sujeto y que la colisión
de objetos arme una relación; entonces no me interesa el objeto
firmado: este es un poema de Drummond, de Murilo, vean cuan excelentes
poetas eran Drummond o Murilo y si: este es un poema de Murilo que
puesto en correlación con esta escultura de Albert King o con este
manifiesto de este grupo político o católico o vaya a saber qué, me
arrancan nuevos sentidos, buscamos cosas diferentes. Para aquél que
parta de una crítica de autores o de movimientos estéticos, Davi es
mucho más útil; yo no agrego nada a ese tipo de abordaje, soy inútil,
resto, estoy en negativo, no sirvo para eso.

- En este caso el crítico sería una especie de iluminador del texto.

- Más que un iluminador yo creo que ese modelo de crítico es un
doblador, como si bajara el volumen del aparato y doblase el texto,
como si vieras una película con el actor moviendo al boca y el crítica
da la letra: aquí él dice buenas tardes, aquí él dice cómo te ha ido y
más que ese doblaje lo que me interesa es que los objetos, al entrar
en colisión, hablen por si, aunque esa colisión suene a barullo, a
ruido, a cosa que molesta, que no se entiende, que no se sabe para qué
sirve. Es un poco lo que me decías: los críticos de tu obra dicen: ¿Y
esto para qué sirve? ¿Dónde lo pongo? ¿Es crítica literaria? ¿Es
antropología? ¿Es ciencia política? ¿es filosofía? Es inhubicable.

- ¿Viene de tu formación filológica?

- Absolutamente, la filología era la memoria sobre todo, los torneos
de frases, en eso me eduqué, pero contra eso resentí ya en aquél
momento. Sobre todo en las literaturas clásicas, la literatura clásica
española, en aquella época eran pozos de erudición infernal, tenías
que recordar cosas muchas veces absurdas. Era una formación
absolutamente alucinante, caprichosa, con una división absolutamente
disociada de cualquier sentido, o sea, nos pasábamos un semestre
leyendo el quijote, con toda la exégesis habida y por haber pero no se
leía el Pierre Menard. Les habían amputado la ficción teórica, les
habían amputado esa posibilidad de atribución errónea y anacronismo
deliberado. Yo creo que de ese juego de atribución errónea y
anacronismo deliberado hice una estrategia de vida.

- Volviendo a tu relación con el contexto argentino. Por más que te
posicionás en un lugar periférico con respecto a São Paulo también
promovés encuentros donde invitás gente de todos lados y al mismo
tiempo traés muchos argentinos. Hay una fuerte conexión .

- Yo, con el medio argentino tengo una relación que también es doble,
porque vos fijáte que yo no he estudiado con nadie que esté hoy en la
universidad de Buenos Aires. Aún con la gente que es más vieja que yo.
Ninguna de ella ha llegado a ser siquiera ayudante de trabajos
prácticos. Mucho menos guía en alguna catacumba. Porque buena parte de
mi generación que hoy está en la UBA estudió en las catacumbas de la
dictadura militar; o con la China Ludmer, o con Beatriz, o con
Ricardo. Siempre guardan una relación medio discipular con esa gente
con la que a veces no tienen más de diez años. Ninguno de estos que yo
he citado pasa de los sesenta. Están en los cincuenta y nueve, o por
ahí. O sea, no llegan a conformar otra generación, pero hay, sí, una
relación de poder entre los más viejos y los cuarentones de la UBA. Y
eso no solamente una diferencia cronológica porque yo creo que el
hecho de yo haberme ido en el setenta y tres de la argentina, con un
pequeño retorno en el setenta y cuatro, setenta y cinco. Y mi ida
definitiva en el setenta y seis; hizo, como decía en el principio, yo
fuera adaptando, transformando o metamorfoseando métodos, al método
formal de base, al método filológico de base fui agregando el abordaje
sociológico de Cándido, o sea, estructural sin ser estructuralista. A
eso le agrego yo por mi cuenta mis lecturas. O sea, Benjamin ya está
con Cándido pero lo profundizo a posteriori. Derrida no está en la
USP, o sea, es una lectura de los ochenta ya salido de la universidad.
No es el caso de mis contemporáneos, mis cuasi contemporáneos, no
todos estudiaron en la UBA como que abjuraron de cierta formación
filológica fuerte. Y fueron furiosamente formalistas, o furiosamente
bachtinianos o furiosamente lo que fuere. En los años setenta en esos
grupos de formación con este o con aquél. O sea que creo también que
eso limitó a ellos y me ilimitó a mí la posibilidad de cruces y de
cambios de una familia dispersa, son como primos distantes. Reconozco
que hay ciertos códigos compartidos , pero no identidades, y eso
establece una relación ambivalente porque paso a tener una relación,
tal vez, de mayor paridad con gente que es más grande que yo en la
Argentina.

- Ya que mencionás tu relación con la generación anterior me gustaría
que hagas alguna reflexión sobre el caso del concurso de Sarlo.

- Para mí fue un honor que Beatriz me indicara para su jurado, yo creo
que tiene que ver también con una actitud de renovación de Beatriz que
tiene una escucha muy fina en relación a gente más joven. Que de
ninguna manera tendría esa actitud tacaña de decir: ah no, sólo me
puede juzgar un vejestorio, resuciten a Raymond Williams porque sólo
Raymond Williams me puede dar la cátedra. Pero creo que también el
hecho de que el acaso, lo fortuito, me colocara en ese papel de (entre
comillas), juez de Sarlo, me obliga a estar a la altura de ese juicio
y particularmente es una invitación que yo agradezco mucho. Porque me
permitió, no solamente, mientras duraron las pruebas, sino también ,
durante la prueba que fue sostener ese juicio, llevar cierta lógica
hasta las últimas circunstancias. Cuando estalla el conflicto, mi
primer reacción fue decir: bueno, lo que yo necesito aquí es exigir
que la institución dé una respuesta objetiva. Junto con la impugnación
de la candidata, lo que se está impugnando es el juicio del jurado. Yo
necesito criterios objetivos. Muy bien, podemos fallar, claro que
podemos fallar Achuvar, Schwartz y yo, pero necesito que me digan
¿dónde?¿cómo? y ¿porqué?. Cosa que evidentemente nunca nadie hizo, ni
hará. Porque no había falla, la impugnación era meramente política,
aunque el juicio era un juicio académico. Entonces llevé esa lógica
hasta las últimas consecuencias porque lo que yo no podía hacer era
entrar en la lógica política. Porque en la lógica política llevaba las
de perder. Yo creo que llevar el argumento al extremo es justamente
colocar al adversario en posición desnuda, en posición de desasosiego
que no tiene para dónde huir, no tiene escapatoria.

- Cómo vez que funciona la crítica argentina en Brasil, fuera de tu
trabajo de divulgación.

- La crítica argentina es bastante autorreferente. Lo mejor y lo peor
de la Argentina es su autonomía. Crea leyes propias de funcionamiento.
Eso la constituye en una cultura muy sólida, pero también la vacuna
contra todo contagio, porque se previene de otros contagios y yo te
diría que no es común, entre los críticos argentinos, cierta
familiaridad, a veces irrespetuosa con otras literaturas. Panesi, por
ejemplo, tiene un poco ese perfil bajo que tal vez lo hay ahecho pasar
desapercibido. Estuvo acá, conoció gente, pero no alimentó esas
relaciones, no lo tuvieron en cuenta, no lo llamaron para otros
contactos; la misma condición tuvieron otros colegas que sí fueron
llamados, tal vez porque la histeria les permite jugar de otra manera.
Vamos a decirlo de manera abrupta. Pero eso no es ni bueno ni malo. Es
así. creo que está cambiando eso, entre los más jóvenes, entre los de
treinta, yo te diría, lo que recién ahora están completando los
cuarenta yo noto una apertura mayor hacia el afuera, en parte porque
se educaron afuera, ya no son solamente crías de la UBA, hicieron
doctorados afuera, y, aunque hayan estudiado en la UBA tienen una
experiencia en Estados Unidos o donde fuera. Eso, yo creo que cambia
un poco la actitud, la manera de insertarse, los esquemas de
referencia , lo ves muy claramente en el pie de página. Es más raro
entre los cuarentones que en el pie de página sea la academia
norteamericana. Y pasa a vanalizarse, a trivializarse más en los más
jóvenes.

- ¿Y la relación entre Buenos Aires y el resto del país?

- A mí no me parece que el nivel de la crítica argentina sea malo. Tal
vez sea macrocefálico, hay una distancia bastante grande entre lo que
se hace en Buenos Aires y lo que se hace en las otras universidades.
La vitalidad de la crítica argentina por esas manifestaciones
epigonales llegaría a un juicio lamentable, pero el otro extremo
también me parece que es falso. Juzgar la crítica universitaria
argentina por lo que se hace en la UBA me parece que también es otra
deformación porque no sólo de UBA se hace la crítica argentina. Y creo
que la amenaza en Buenos Aires pasa por otros lados. Pasa, justamente,
por la inexistencia de la institución, la imposibilidad de remunerar
seriamente a sus profesionales, el carácter no democrático que tuvo la
reinstitucionalización en los años ochenta. Yo, si hay una cosa que
siempre censuré a los que llamo padres fundadores fue el no haber
tenido con relación a los que seguía la misma generosidad que se auto
concedieron. Buena parte de los profesores que refundan la universidad
en el ochenta y tres con al democratización no tienen doctorados pero
decretan la amnistía para ellos. No la extienden a la generación
inmediatamente posterior, que creo que es una generación sacrificada
en la Argentina. Y de hecho han estimulado, de algún modo, la
formación de gente muy meritoria , muy capaz. Más joven, que ha
crecido bajo su tutela, pero bueno, en el medio creo que queda una
generación un poco descolgada, que no ha conseguido tener la
trayectoria que la de los sesenta, que todavía agarraron los
estertores de una industria editorial viva, una red de publicaciones
extensa, o sea, gente que hizo su nombre: Sarlo, Ludmer, es gente que
hizo su nombre en las revistas, en las colecciones de libros, en las
editoriales universitarias o disidentes, que accede tardíamente a la
universidad, llegan a la universidad con cuarenta años. Por otro lado
vos tenés otra generación, los de cuarenta, que difícilmente son
autores de libros y si lo son, a mucho costo , de su tesis y punto,
cuando la terminaron. Los chicos más jóvenes tienen una concepción
mucho más profesional, necesitan pasaporte. O consiguen el doctorado,
o no salen del lugar. Tienen una cosa mucho más pragmática. Yo creo
que quedan un poco rehenes del sistema de legalidades de la UBA. Y
entonces lo importante no es tener la tesis y si ocupar esta posición
en esta cátedra y etc., etc., etc., Yo sé que es difícil señalarlo
desde afuera, pero hoy, en algunos casos, se nota muy dramáticamente
como han ido perdiendo terreno o, por otro lado como lo han aumentado,
han crecido, aquellos que se han ido de ese sistema. Me pregunto que
sería de Gabriela Mousei o Graciela Montaldo, por ejemplo, si se
hubiesen quedado en la Argentina. Probablemente críticos de cabotaje
con vuelo mucho más módico. El hecho de haber ido a otras
instituciones, con otras relaciones entre pares y superiores les dio
también otra autonomía de vuelo. Bueno, pero ahí nos enfrentamos al
problema de la macrocefalia porteña. En Buenos Aires hace mucho que
tendría que haber Buenos Aires uno, Buenos Aires dos, Buenos Aires
tres, Buenos Aires cuarenta y ocho, pero bueno, está todo el mundo
peleándose por ver quién ocupa la rama en ese gallinero de Puán y en
esa guerras intestinas se gasta mucha energía. Tienen, esos colegas,
virtudes que yo, particularmente, admiro. Una capacidad de respuesta
ante lo nuevo. El estímulo del momento, que no siempre es dable ver en
colegas brasileños, mucho más acostumbrados a la seguridad de la
institución que los contiene. Como allá no hay institución, no hay
red, la gente tienen que saber manejarse en todo campo, en todo
terreno, bajo todo riesgo. Y eso los hace muy dúctiles, muy maleables.
Eso es bueno, creo que es muy costoso, cuesta mucho tiempo de las
vidas de ellos, cuesta muchas energías, pero es muy positivo.

La situación argentina nos preocupa a todos, resulta inevitable y casi
previsible que estas dos horas de entrevistas se cierren con una nueva
reflexión al respecto.

"…con Buenos Aires mantengo una relación esporádica, no es que tengo
mucha distancia pero de hecho entre la primer semana de diciembre que
estuve allá y ahora, primer semana de enero la diferencia fue… Era
otro país. En tres semanas había cambiado todo. Y dos o tres cosas me
llamaron la atención: por un lado, el eterno retorno, la fuerza que
tiene la Argentina al retorno. Yo me sentía como de repente lanzado
hacia mil ochocientos cuarenta, me sentía que había desaparecido todo
el proceso de reorganización nacional. Todo lo que me había educado
desde la primaria, la historia de Vicente Fidel López etc.,
desapareció. Adiós Alberdi, Mitre, Sarmiento. No había nada de eso
porque la política ahora la decidían los gobernadores. Y era volver a
mil ochocientos veinte, el día de los tres gobernadores. Es una cosa
medio alucinante. No hay instituciones, esto que señalamos en relación
a la facultad. No hay instituciones. Y por otro lado cuando oía al
enésimo ministro de economía, presidente o lo que fuere, enunciar
medidas de esto y de lo otro no podía menos que evocar el discurso,
infausto, por cierto, de Rodríguez, el ministro de economía de Isabel
Perón , que debe de haber sido uno de los últimos discursos de
ministros de economía que habré oído. Porque después me rajé, pero
que, prefiguró todo lo que vino después. Porque el famoso rodrigazo es
una prefiguración de Martínez de Hoz que es una prefiguración de una
prefiguración, de una prefiguración. Osea, que es el eterno retorno
potencializado al infinito. En ese sentido lo que me llevó a pensar
que hay algo del orden del goce, en ese retorno, no puede ser que ese
retorno sea solamente traumático. Hay algo del orden del goce porque
si no, no se volvería con tanta recurrencia a estos lugares. Alguien
goza si no, no se vuelve. Pero fue fuerte, este viaje fue fuerte. Son
esas cosas que van a ocurrir, el hecho que constatás. Algún día iba a
ocurrir, pero ocurrió. Y por otro lado me costaba identificarme con
una especie de ínfulas de novedad. De que el movimiento del cacerolazo
pudiera ser algo nuevo, sé que hay quien ve en esto la creación de un
nuevo sujeto social, en todo caso si lo es, yo diría que es la
aparición de un sujeto que no lo sabe todo y que no lo puede saber
todo. Que era un poco la diferencia con nuestra juventud, cuando uno
salía a la calle manifestarse cuando uno tenía veinte años, salía
desde las certezas, uno lo sabía todo. Y ahora, me parece que lo que
ha cambiado es eso. Hay algo del orden de: no sabemos lo que queremos,
pero sabemos lo que no queremos. Hay una conexión negativa de la maza
que sale y se reconoce como maza, ya no como sujeto. La seguridad de
que como sujeto no suma, suman como maza y eso cambia la experiencia.
Pero me costaba identificarme con una cosa más entusiástica de que,
bueno, poco menos que estamos tomando el poder o que esto es una
revolución o qué se yo que cosa. Yo cuando empieza el delirio
megalomaníaco piso el freno. No se que irá a pasar de todo esto. Le
temo a cierto retorno nostálgico. O sea, argentina potencia, argentina
blanca y civilizada. Yo creo que lo que habría que estimular es el
desparpajo, es cierta creatividad, es cierta transgresión. Yo sé que
es difícil cuando, de repente, todo se te cae. Pero creo que no hace
mal que uno lo señale. En todo caso quiero ejercer esa posibilidad de
poder opinar. Hoy me molestó mucho eso de que porque estaba afuera no
puedo opinar, porque era como el retorno del juicio de Bosi. Yo
aprendí con los años que uno es del lugar en que las ideas o las
opiniones de uno no incomodan. Porque yo me pasé muchos años yendo a
la Argentina del proceso y, ante cualquier comentario crítico que uno
hacía, la manera de neutralizar el juicio era: bueno lo que pasa es
que vos no vivís acá, después era; lo que pasa es que vos te fuiste de
acá hace mucho tiempo, ya no estás familiarizado con esto. Cosa que
también se usaba acá cuando querían neutralizar cualquier juicio
crítico: lo que pasa es que no naciste acá, todavía no terminaste de
llegar. Con esa idea que es la idea de la pura vivencia , siempre
salís derrotado. Porque siempre tenés una parte que queda fuera de
foco. Por eso no les creo a esos juicios territoriales, por eso me
interesa sabotear el territorio e inventar dimensiones
extarterritoriales. Yo creo que es solamente ahí donde podés inventar
"un hombro que soporte el mundo" como dice Drummond, lo que pasa es
que hay que inventarse hombros e inventarse mundos porque no es que
uno se tiene que inventar un hombro para soportar este mundo de mierda
¿no? Hay que inventarse hombros para soportar otro mundo posible,
inventarse las relaciones, en relación a todo. Yo creo que es por
ahí."

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agradecemos y esperamos sus colaboraciones.

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Un clásico que vuelve: Tumberos se adueña de la noche de los lunes en la televisión.

lunes 18 de agosto de 2008

Mientras esperamos "Los extraños Pells" nos deberemos conformar con
esta repetición que tiene que ser recibida con bombos y platillos ya
que Tumberos modificó en muchos aspectos la manera de contar en
televisión.
Uno de los primeros diálogos fecundos entre el cine y la televisión en
donde realizadores cinematográficos pueden demostrar de lo que son
capaces cuando dirigen una serie de televisión. Y que esos mundos no
deben estar enfrentados sino mantener un diálogo fecundo.
En el mundo esto ya es moneda corriente y no soprende a nadie. Este
fue un experiemento alimentado por Tinelli ( sí el mismo del caño y
del festival del gato!!! aunque cueste creerlo) y le dió muy buenos
frutos.
No se equivocó en convocar a un gran director de cine que, hoy por
hoy, es uno de los mejores que tenemos en el país. Me refiero al gran
Israel Adrián Caetano que en su haber tiene la fundacional Pizza,
Birra y faso, la increíble y sincera Bolivia, un western de aquellos
ambientado en las calles de la provincia de Buenos Aires y que deja
sin aliento como lo es Un oso rojo y la imprescindible Crónica de una
fuga donde visita y resignifica los duros años 70.
Un gran director para contar una historia de violencia, encierro,
traiciones y odios que se dan adentro y afuera. De este lado de la
rejas y del otro. Un director que nos muestra desde las imágenes que
filma una manera de ser y que nos describe como sociedad.
Un elenco de aquellos donde Carlos Belloso y Germán Palacios son las
cabezas visibles donde todos brillan.
Cada capítulo de los 11 que tiene la serie es una joya dado que todos
los elementos se conjugan para contarnos una historia como se debe.
Una serie que será dificil de olvidar y que, a esta altura, ya es un
clásico y forma parte de la historia de la televisión. Y para
demostrar que nuestra televisión es de calidad.
Para aquellos que cuando se emitió la serie original eran muy chicos y
no podían acceder a verla esta es una excelente opción.
Y aquellos que se dediquen a estudiar cine, televisión y cuestiones
ligadas a estas áreas esta oportunidad debe ser tomada como un curso
intensivo de guión, dirección y puesta en escena. Algo que los
centros educativos dedicados a eso no hacen ni recomiendan ver este
tipo de series.
Comparto con los lectores dos entrevistas a Caetano ya que me parece
muy importante escuchar a uno de los grandes directores de cine
argentino de la actualidad además de conocer los entretelones de la
manera de producir y filmar en la Argentina.
Imperdibles las dos entrevistas.
Buena siesta, mejor tarde y esta noche a las 22:30 cuando empiecen a
escuchar cumbia sepan que Tumberos inicia de la mejor manera.
Ultimo consejo: no se pierdan los títulos de cada capítulo ya que en
cada entrega cambian y y son un placer que también se disfruta.

Tanto en cine como en la TV, Caetano logró, a pesar de las presiones
externas, imprimir su propio sello. Pero, a la vista del auge de lo
carcelario y lo marginal en TV, admite que "me da cosa que alguien
piense que soy el precursor de un género que hoy pone en pantalla
Policías en acción".
Por Javier Rombouts

"Tumberos trató de ser una metáfora de la historia argentina. Mucha
gente se quedó con la marginalidad en las cárceles, cuando eso era
lateral."Si la cámara lo tomara ahora, en el momento en que Israel
Adrián Caetano camina hacia la entrevista, antes de que salude y diga
disculpen por la demora, si en este preciso instante la cámara lo
siguiera por este mediodía soleado de Devoto, tanto el andar como la
figura de Israel Adrián Caetano aprobarían sin duda un casting para
personaje –principal, secundario, eso se verá después– de una futura
película de Adrián Caetano. Futbolero a morir, hincha de Peñarol e
Independiente –"en ese orden"–, el director de Pizza, birra, faso, Un
oso rojo, Bolivia, Tumberos y Crónica de una fuga, entre otras, es,
desde lo estético, lo menos parecido a un director de cine que se
puede encontrar en la Argentina. Pero basta que comience a hablar para
que la pantalla se encienda y aparezcan los títulos.

"El cine es al arte lo que el golf es al deporte. Tenés que tener
plata. Yo nunca estudié, me metí en el cine sin pedir permiso. Mi
única formación fue haber visto mucho cine. Y de chico me nutrí de
eso. En mi pasión por los géneros están todas esas películas que vi de
chico y algunas obsesiones personales. Creo que me interesa tanto mi
oficio porque tengo una forma muy lúdica de tomarme todo. La vida es
un juego, donde tenés que jugar y el riesgo es que pierdas y ya",
afirma.

–¿Y el éxito qué papel juega en este esquema de vida lúdica?

–Tener éxito es importante. Pero eso tiene que ver con las ambiciones
de cada uno. El éxito no es lo mismo para todos. Tiene que ver con las
metas que uno se impone. Y también con la inteligencia para saber
dónde estás parado para pedir más o pedir menos. La verdad, nunca en
mi vida creí que iba a dirigir cine. De hecho, hasta Crónica de una
fuga tenía cierta sensación de asignatura pendiente y rendía exámenes
frente a mí mismo en cada película.

–¿Todavía en Crónica...?

–Sí, todavía ahí. No creo que sea mucho haber dirigido cuatro películas.

–¿Tampoco en el cine argentino?

–Bueno, en el cine argentino es bastante. Pero hasta ahí rendía
exámenes. Después creo que aprendí a soltarme, a preocuparme menos por
cómo le va a la película o qué dicen las críticas. Lo que hago es
tratar, en la medida en que puedo, de ser honesto a la hora de hacer
una película. Honesto desde el trabajo, algo que en este país no se
respeta mucho. A mí me parece que eso hacían tipos como Torre Nilsson,
Lucas Demare, Daniel Tinayre y Leonardo Favio. Eran tipos de trabajo,
de oficio. Me siento muy identificado con ellos porque entraron al
cine sin pedir permiso, sin estudiar. Y a la vez teniendo la mejor
escuela, que es el trabajo. Después, es cierto, uno mira el trabajo de
los directores por la postura que tienen frente al cine, pero termina
juzgando sus películas.

–¿Cómo cree que lo juzgarán a usted por haber iniciado con Tumberos el
culto a lo carcelario en la televisión argentina?

–Es que en la televisión todo se recicla. La verdad, me da cosa que
alguien piense que soy el precursor de un género que hoy pone en
pantalla Policías en acción. Y bueno, de a ratos acepto ese lugar y de
a ratos es como que me parece que no tengo nada que ver con las cosas
que pasaron después de Tumberos. Lo que pasa es que cuando algo
funciona, todos salen a imitarlo. No hay un debate. Pero pasan cosas
raras: después de Pizza, birra, faso, también se empezó a hacer un
culto de lo marginal. Y sin embargo, esa película no fue un éxito. Fue
más renombrada que otra cosa. Metió sólo 120 mil espectadores.

–¿Le parece que Pizza, birra, faso no tuvo éxito?

–Tuvo un poco. Es como un equipo chico que sale segundo en el campeonato.

–¿Nada más?

–Bueno, como un equipo chico que sale segundo en la Libertadores.

A los quince años, Caetano soñaba con jugar en la primera de
Liverpool, el equipo uruguayo de fútbol. Era arquero y, si no se le
hubieran roto los ligamentos, hoy el cine tendría un director menos y
Uruguay un jugador –seguramente a este altura ex jugador– más. "Si no
me rompía, el fútbol no lo largaba ni loco", dice mientras trata de
contener los embates de su perro, que lleva el justificado nombre de
Animal, sigue cebando mate y contesta la siguiente pregunta, retomando
el tema de su primer largometraje. Alguien que las ataja todas.

"Cuando digo que no fue un éxito Pizza, birra, faso también quería
decir que no todo fue fácil. En esa época los críticos morían por
Subiela y Pino Solanas. Me acuerdo de Quintín hablando maravillas de
Subiela en los primeros números de El amante. Después le cayeron con
todo, lo hicieron percha. Pero eso es lo que pasa: endiosan algo y
después lo destruyen. Y también tenés a los directores que hacen
rancho, montan su kiosquito y dejan de asumir riesgos, perdiendo el
poder lúdico. El otro día leí que Mel Brooks quebró su productora a
fondo. Al punto que está haciendo algunas pequeñas producciones de
teatro para remontar. Bueno, ese tipo va a pleno. Acá los progres
tienen la plata en los bancos de Uruguay y de los Estados Unidos. Creo
que si sumo la cantidad de espectadores de todas mis películas, no le
llego a los talones a Nueve reinas. Pero ése es el cine como
industria. Después, en lo que se refiere a mí yo estoy enamorado de
todas mis películas. Y creo que sigo asumiendo riesgos. Para mí la
satisfacción no pasa por la cantidad de espectadores o por lo que diga
tal o cual crítico de mi trabajo", asegura.

–¿Y por dónde pasa la satisfacción?

–Por lo personal. Yo todavía me rehúso a currar con el cine. Y no
faltaron productores que me pidieron que facturara diez veces más mis
honorarios para quedarse con la plata. Bolivia estuvo parada por un
productor fantasma que quería inflar el presupuesto de 250 mil dólares
a un palo verde. Para mí lo satisfactorio es poder vivir del cine y no
robar. Porque el cine mueve mucha plata y si vos afanás, es como la
falopa, no podés parar. Y después, que a la gente que ve la película
le guste.

–¿Hasta dónde el público es una variable?

–En un cine como el nuestro es difícil. Porque muchas veces depende de
cómo se lance la película. Para mí Un oso rojo fue mal lanzada, y
después estuvo primera y segunda mucho tiempo en los videoclubes. Lo
mismo pasó con Crónica de una fuga: se estrenó en 25 salas cuando
tendría que haberse estrenado en 40. Superó las expectativas y la
gente se quedó sin verla. Yo presencié cómo un tipo iba y pedía una
entrada para Crónica... y como estaban agotadas las localidades
terminó viendo, no sé, Chatrán. Y la gente no te da una segunda
chance.

–¿Por qué pasa eso?

–Porque los productores no terminan de confiar y cuando las cosas van
bien, ya es tarde.

–¿Cree que está adentro del cine argentino o se ve como un tipo que
está disparando desde afuera?

–Al principio me sentía un francotirador. Pero fundamentalmente por el
lugar en el que me movía. Ahora, en cambio, me siento muy director. Me
parece que tengo la autoridad como para hablar de cine y el talento
para laburar haciendo películas. Es parte de una cuestión de
autoestima. Yo suelo tenerla baja y cuando subo, no paro. Para afuera,
algunos creen que soy macanudo y otros un creído de mierda. Pero, en
verdad, se trata de dónde estaba mi autoestima el d