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Futbol
Fútbol, historias,anarquismo, política, actualidad, literatura y hasta punk rock.

1) Recuperar el futbol. Por Osvaldo Bayer
2) Agnósticos y creyentes, proletarios y bacanes, por Osvaldo Bayer

3) El Futbol a sol y Sombra de Eduardo Galeano (fragmento del libro)

3.1) El hincha
3.2) El fanático
3.3) El gol
3.4) El entrenador
3.5) El mundial del 78
3.6) Pele, Maradona

3) Futbol y anaquismo - en portugues


 

"Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno."

Eduardo Galeano

 


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Recuperar el futbol
por Osvaldo Bayer
publicado en la Revista Lote número 13 http://www.revistalote.com.ar/

"¿Cómo hacer para terminar con la perversión del más hermoso juego colectivo de los humanos? ¿Cómo hacer que lo bello quede bello por sí mismo sin que pueda venderse? En el principio fue la nobleza del desinterés, el afán de jugar por el juego mismo. Volver entonces a las fuentes, a la utopía."

¿Para qué vamos a intentar más explicaciones sociológicas? Las botellas de 2,25 litros de Coca Cola lo dicen todo: "Viví fútbol, soñá fútbol, tomá Coca Cola". El dedo de Sensini ocupó más espacio que la ola de depredación en las escuelas bonaerenses. Un signo más que singular de violencia en la decadencia. No es ya la Biblia y el calefón, es el calefón en el altar y nada más. Pero no es un tema sólo argentino: en el primer mundo, Alemania, por ejemplo, el fútbol tuvo diez veces más espacio en los medios que el problema de la desocupación. Una desocupación de millones de desocupados, para hablar con propiedad. En Europa hay más desocupados que todos los espectadores juntos que concurrieron a las canchas del mundial de fútbol. Para qué hacer una sesuda interpretación sociológica o preocuparse por las posibles consecuencias en la sensibilidad humana: viví fútbol, soñá fútbol, tomá Coca Cola. Y decí siempre sí y sí y sí. Re-re-reelección.

Y sin embargo. Fútbol es juego. Jugar. Maravilloso. Pero le ha pasado como al hogareño entretenimiento de los naipes. De pronto, asomó el dinero y se estropeó todo. Havelange, millonario truhán amigo de dictadores de picana y capucha tomó a su cargo la prostitución del esférico; Samaranch, funcionario del tristemente célebre Francisco Franco –fusilador fascista de las más hermosas criaturas humanas de un pueblo– negocia los juegos olímpicos. El negocio es perfecto. Negocio con inmoralidad política. Soñá fútbol y tomá Coca Cola.

En la transmisión televisiva del match Escocia-Noruega, los locutores televisivos informaban entusiasmados que el seleccionado escocés cambia las camisetas en cada nuevo partido. De manera que los hinchas, incentivados, para no perderse una sola camiseta, compran y compran, y así el treinta por ciento del presupuesto de la selección es sostenido con la venta de camisetas. (¿Cómo era aquello antes de "la camiseta es sagrada", o "los colores no se venden"?). Pero eso no es nada, tal vez peor es la jeringonza estúpida de radios y televisoras sobre lo que dijo el muñeco y lo que no dijo el piojo. Estupidización. La mejor arma para capar la protesta, someter al rebelde, tapar el lodo de las villas miserias, negar la humillación del viejo jubilado. Viví fútbol y si no te alcanza para comprar Coca Cola, soñá fútbol.

Pero no han podido quitarle belleza al fútbol como concepción. Lo han prostituido, sí, y con él nos hemos prostituidos todos. Hoy, Miguel Angel estaría pintando para Coca Cola y su representante sería Havelange. Pero los cuadros de Miguel Angel pintados antes estarán siempre en toda su belleza; a esos sí que es imposible de prostituir. En un librillo que escribí titulado "Fútbol Argentino", que prologó el querido amigo Osvaldo Soriano, hice esta definición del juego de los once: "Todo fue una leyenda, un magnífico cuento de magos, volatineros, malabaristas y hasta clowns. De titiriteros de gran proscenio. Un teatro inigualable para niños y grandes, y para niños grandes.

"Un encuentro humano con alegrías y lágrimas, con ruidos y espantos. El circo de la gente pobre, la misa de campaña de los solitarios que quieren sentirse acompañados por una vez. Pero también el circo de los ricos y aprovechados, de los eufóricos y de los aburridos. Es la humanidad en el pequeñísimo cosmos de un cuadrilátero verde. El juego, tan humano como la risa, el llanto, el amor. Jugar, ver fútbol es también jugarlo.

"Un juego capitalista porque se requiere rendimiento, afán de ganar, de ser superior. Un juego socialista porque necesita el esfuerzo de todo el equipo, de la ayuda mutua para obtener el triunfo, que es una vida mejor. El gol es de todos cuando todos trabajamos para él. El sueño, la esperanza, el gol. El gol es la felicidad.

"Pero también es el miedo. El miedo del arquero ante el penal, el fracaso, la derrota. Lo imprevisto. Todo demasiado humano. La vida.

"Dijeron del fútbol que es la banalidad más hermosa del mundo. O también que es un escapismo que trabaja con nuestras fuerzas y debilidades. En fin.

Al entrenador alemán Sepp Herberger le pidieron que definiera el fútbol. Luego de mucho cavilar respondió: "La pelota es redonda".

¿Un humorista ? ¿Un sabio ? ¿Un posmoderno? ¿Un resignado? ¿Un socrático? ¿O meramente un superficial?

"Sócrates y Discépolo hubieran contestado: "La vida es una pelota".

"Bien, de acuerdo. Pero por lo menos pateémosla con alegría y hacia adelante".

A esto lo escribí hace una década como base del filme que se llamó "Fútbol Argentino". Hoy, ante el tristísimo y obsceno espectáculo del mundial de Francia, agregaría las armas que tenemos que ejercitar para recobrar la dignidad del fútbol, para que el fútbol nos ayude a ser más humanos y nos acompañe a emprender por fin el camino al paraíso.

¿Cómo hacer para terminar con la perversión del más hermoso juego colectivo de los humanos? ¿Cómo hacer que lo bello quede bello por sí mismo sin que pueda venderse? En el principio fue la nobleza del desinterés, el afán de jugar por el juego mismo. Volver entonces a las fuentes, a la utopía. Lo amateur, el deporte por el cuerpo y por la belleza y no por el interés del dinero. Regresar las olimpíadas de antes donde quedaba descalificado quien representaba a una empresa o recogía el billete en su cuenta bancaria, y donde no había calificación por nacionalidad. Si no hace muchas décadas se pudo llevar a cabo este concepto, ¿por qué no se puede regresar a él ? Poner la denominada "profesión" del deportista en el mismo plano que la droga. El que recibe dinero debe pasar al plano del desprecio ciudadano como quien se droga para obtener mayores resultados.

Todo tiene que comenzar con el ejemplo que se convierta en ejemplo: el boicot a concurrir a todo espectáculo deportivo en el cual los intervinientes tengan alguna marca comercial en la camiseta. Promover entre la juventud el amateurismo. Los docentes tienen que ser la columna del nuevo edificio que eleve a la nobleza al juego por el juego mismo. Antes todo deportista, entre ellos los futbolistas, tenían el oficio o la profesión del resto de la población y el juego era como el recreo para después del trabajo o para los sábados a la tarde y los domingos. ¿Que todo es una utopía ? Pues sí, y déjesenos seguir soñando. Pero es utopía basada en un pasado que existió y que también fue muy bello como espectáculo.

Claro, para eso hay que insuflarle desde chico al ser humano que el deporte no se hace para ganar si no para gozar. Un torneo deportivo no tiene que terminar con un millón de dólares para los vencedores sino con una copa para escanciar el sorbo de vino de la solidaridad y la concordia. Vencer no significa vencer sino regocijarnos todos en el abrazo de los noventa minutos de la amistad bordada por los goles.

¿Pasos? Espacios verdes para que los niños y los jóvenes puedan ser todos protagonistas en el césped y no vayan a los estadios a matarse a palos o agredirse como bestias acorraladas por el egoísmo y la violencia.

Enseñar a despreciar a quienes se drogan con la pelota televisiva. Al vencedor, la corona de rosas y no los dólares para que termine drogado o borracho frente a sus propias hijas.

Entonces, basta de psicologismos y maldiciones sociológicas. El fútbol es demasiado hermoso como para que todo se centre en la eterna discusión de si Pasarella debe recibir o no el porcentaje de Coca Cola cuando en las conferencias de prensa se ponga el cartel de la bebida. No sigamos en eso y no hagamos víctimas a nuestros hijos y nietos arrimándolos al televisor en vez de abrirles la puerta para que correteen bajo el sol o la lluvia. Que las organizaciones comunales inicien campeonatos donde todos se sientan protagonistas y le hagan un corte de manga a las barras bravas y a los Havelange y Grondona.

No es tan utópico pensar que el asco va a ir ganando adeptos y la pantalla se va a convertir en aquello que llamábamos baldíos para hacer "picados" y los campeonatos mundiales de fútbol de mil millones de dólares financiados por los más poderosos massmedia de la historia se transformarán en juegos florales donde saldrán campeones los jamaiquinos y nigerianos por la belleza de sus movimientos.

Será el momento en que podamos repudiar a aquél Pasarella a quien se lo vio sonreír una sola vez: cuando levantó la copa mundial mirando al dictador Videla como asegurándole que la habían ganado juntos. O al actual entrenador alemán Berti Vogts que fue jugador en el mundial de los comandantes de la desaparición y que declaró que él se había sentido muy bien en Buenos Aires porque todo era muy tranquilo y sin signos de violencia, a pesar de todos los informes de los organismos internacionales de derechos humanos. Y también al señor entrenador Griguol, quien fue a rendir su homenaje al desaparecedor Viola, en su entierro, mostrando todo su necio corazón totalitario.(Yo hincha de Rosario Central cúanto me alegré cuando salimos campeones con Griguol, pero, después de haber hecho su camino de alcahuete póstumo del sanguinario desaparecedor, ya ni siquiera siento un ápice de nostalgia por aquellos momentos felices.)

Ni el dinero, ni el vasallaje a los intereses políticos tienen que ensombrecer a un deporte tan querido. Tratemos de purificarlo cada uno en el lugar donde se sienta responsable ante la sociedad por la grandeza del alma y la belleza de las formas.


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Agnósticos y creyentes, proletarios y bacanes 
Osvaldo Bayer

Texto publicado en el libro Fútbol Argentino, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1990. 

En las dos primeras décadas del siglo, en apenas una generación, el fútbol se había acriollado definitivamente, igual que los hijos de los inmigrantes europeos. En cada barrio nacían uno o dos clubes. Se los llamaba ahora Club Social y Deportivo, que en buen porteño significaba "milonga y fútbol".
portada del libro Futbol Argentino de O. Bayer, editorial sudamericana

Los anarquistas y socialistas estaban alarmados. En vez de ir a las asambleas o a los pic-nics ideológicos, los trabajadores concurrían a ver fútbol los domingos a la tarde y a bailar tango los sábados a la noche. 

El diario anarquista La Protesta escribía en 1917 contra la "perniciosa idiotización a través del pateo reiterado de un objeto redondo". Comparaban, por sus efectos, al fútbol con la religión, sintetizando su crítica en el lema: "misa y pelota: la peor droga para los pueblos". 

Pero pronto debieron actualizarse y ya en la fundación de clubes de barriadas populares aparecieron socialistas y anarquistas. Por ejemplo, el Club "Mártires de Chicago", en La Paternal, llamado así en homenaje a los obreros ahorcados en Estados Unidos por luchar en pos de la jornada de ocho horas de trabajo. Fue el núcleo que años después pasó a ser el club Argentino Juniors, un nombre menos comprometedor. También en el club "El Porvenir", como el nombre lo muestra, estuvo la mano de los utopistas. Y el mismo Chacarita Juniors nació en una biblioteca libertaria precisamente un primero de mayo, la fiesta de los trabajadores, en 1906. 

Por último, los viejos luchadores -ante el entusiasmo de sus propios adherentes ideológicos frente al nuevo juego- resolvieron cambiar de actitud y llegar a una nueva conciencia: practicar el fútbol, sí, porque es un juego comunitario donde se ejercita la comunicación y el esfuerzo común; pero no el fútbol como espectáculo, que fanatiza irracionalmente a las masas. 

El fútbol siguió creciendo. Los tablones de las tribunas se iban superponiendo para dar cabida a más espectadores. Pero así como los argentinos jugaban cada vez mejor en el verde, así comenzaba a complicarse la organización fuera de la cancha. Los dirigentes juegan sus propios partidos y empiezan los cismas, las sospechas de árbitros comprados; los intereses creados van ocupando el lugar de lo que poco antes había nacido como deporte por el deporte mismo. El fútbol se capitaliza. A los jugadores -amateurs hasta es momento- se los retiene en los clubes por dinero, y los clubes que tienen dinero atraen a los mejores de los clubes pobres. Aparecen ya, a comienzo de los veinte, las categorías de clubes grandes y clubes chicos. 

Pero, mezquindades aparte, el fútbol gana fronteras; primero hacia el interior, con los rosarinos, quienes quieren hacer en Rosario la capital del fútbol y juegan partidazos con los porteños. Luego, cruza el Río de la Plata y el duelo argentinos-uruguayos da origen a una rivalidad donde ya se habla de virilidad y debilidades, de "padres" e "hijos". Pero pese al antagonismo hay un término que los hermana y los hace inconfundibles: "fútbol rioplatense". Es la palabra mágica que evita la enemistad. Fútbol rioplatense: una manera distinta de jugar que va a dar que hablar al mundo. 

En 1919 llega Boca. Primer puesto y una hinchada de oro que ya empieza a ser el jugador número 12. Nacía un mito y una realidad que tuvo su origen en un banco de la plaza Solís, del barrio genovés, cuatro años después que River. Sus modestos fundadores anduvieron de baldío en baldío, hasta lograr una canchita detrás de las carboneras Wilson, en la isla Demarchi. Desalojados de allí fueron a refugiarse a Wilde. Por último, luego de deambular de nuevo por la Boca fueron a parar, en 1923, a Brandsen y Del Crucero, el anticipo de la "bombonera". Azul y oro, la camiseta, y con los jugadores cuyos nombres pasan a ser historia: Tesorieri, Calomino, Canaveri y Garassino, quien jugó en los once puestos. 1920 une a los que serán eternos rivales. Campeones Boca y River, River y Boca. Uno de la Asociación; el otro de la Amateur. Los espectadores van a ver, más que a sus equipos, a sus ídolos. 

Uno de ellos es Pedro Calomino, a quien los hinchas boquenses le gritan en dialecto xeneixe: "¡dáguele Calumín, dáguele!". Pero Calomino no se deja influenciar: se planta en la cancha, indiferente a las tribunas ansiosas de sus fantasías. Y cuando le pasan la redonda arranca por la punta, parece que frenara pero sigue dejando rivales que corren engañados para otro lado, cuando se caen. Y si un defensor se le pega, le hace "la bicicleta". 

El otro ídolo es Américo Tesorieri: "Mérico", para la hinchada. Lo quieren ver saltar. Y Mérico les da el gusto: fino, flexible, plástico, es un elegante felino que complementa las curvas de la pelota con movimientos de ballet. Es un clásico, un arquero con música de Mozart. 

Pero los riverplatenses también pueden presentar a su crack. Arquero, además. Es Carlos Isola, apodado "el hombre de goma" por su extraordinaria agilidad. Con increíble golpe de vista no ataja los goles, los adivina. Es más bien un artista de circo, trapecista y malabarista a la vez. 

¿Quién de los dos, Tesorieri o Isola iban a representar a la Argentina en el Campeonato Sudamericano de 1921, en Buenos Aires?. Tesorieri, el de Boca, es el preferido. Y lo demuestra: el arco, invicto en todo el torneo. El final no podía ser de otro modo: Argentina y Uruguay. Y el gol de oro del uno a cero lo conseguirá Julio Libonatti, el rosarino. Un gol que enloquece a los 25.000 espectadores. Sí, 25.000 espectadores que consagran al fútbol como al espectáculo del pueblo. 

Como no hay alambradas, el público invade la cancha en la pitada final, carga a sus hombros al héroe de Rosario y grita: "¡al Colón, al Colón!". Así es llevado el héroe desde el estadio de Sportivo Barracas hacia el centro. Pero a mitad de camino hay algunos a quienes el Colón les parece insuficiente y gritan: "¡A la Rosada, a Plaza de Mayo!". Y allá va la muchedumbre con el gladiador triunfante en hombros, a quien quieren consagrar César. 

Pero Julio Libonatti no actuará ni de tenor ni en el escenario del Colón ni jamás traspasará el umbral de la Rosada. Lo comprarían los italianos para que juegue en el Torino. Así se iniciaba el éxodo de los mejores, un desangre colonial que todavía hoy -y más que nunca- sufre el fútbol criollo. 

Huracán se llama el equipo que viene de un barrio proletario, Nueva Pompeya. La insignia es un globito, el globo de Jorge Newbery, el gentleman del aire que nunca volvió de su último viaje. El nuevo club se fundó en la vereda, y se escribía Huracán sin H. Poco conocimiento de la gramática pero mucho de la gambeta. En 1921 y 1922 se coronaron campeones de la Asociación Argentina. Tenían un crack indiscutible: Guillermo Stábile. Lo llamaban "el filtrador" porque venía desde atrás, en el ataque, y estaba adelante siempre para definir cuando la pelota llegaba al área. Más tarde, Stábile sería uno de los primeros que ejercería una nueva profesión: la de entrenador de fútbol. 

En esa delantera de Huracán campeón también se hallaba otro artillero: Cesáreo Onzari, el del famoso gol olímpico. Será en 1924. Los uruguayos habían consagrado al fútbol rioplatense como "el mejor del mundo" al salir campeones de las Olimpíadas de París. Cuando regresaron, los argentinos los desafiaron y vencieron a los campeones mundiales por 2 a 1, con gol desde el córner de Onzari. Pocos días antes, en Inglaterra, se habían aceptado los goles por tiro de esquina directo. Uno de los goles más hermosos: habría que cobrarlos dobles por la belleza de la curva que hace el balón. 

En 1922 otro nombre se consagra. Viene de Avellaneda. Se llama con orgullo Independiente. El nombre libertario contiene mucha protesta. Lo eligieron los cadetes y empleados argentinos de una gran tienda inglesa que no les permitía integrar el equipo de la casa. El nombre que adoptan y el rojo de la camiseta los hace peligroso para algunos. El club nació de una mesa de café del centro, en Hipólito Yrigoyen y Perú. Pero un terreno barato los llevó a Avellaneda, muy cerca de Racing. Y empezó la rivalidad y la identificación con la barriada proletaria. En 1926, el equipo rojo hace realidad el sueño de todos los futbolistas y de los hinchas. ¡Campeones invictos!. ¡No perdieron ningún partido!. Vengaban así el recuerdo del primer match oficial de 1907, cuando perdieron 21 a 1 contra Atlanta. 

En el cuadro invicto estaban figuras que fueron directamente al paraíso: aquellos cinco mosqueteros de la delantera: Canaveri, Lalín, Ravaschino, Seoane y Orsi. Nacen los diablos rojos. Sus diabluras en el área levantan las tribunas populares, que los sabe de su misma extracción barrial. El "negro" Seoane los deja parados a todos los adversarios, y "Mumo" Orsi es quien rompe los piolines de las vallas adversarias. 

Hasta hay payadores criollos que le cantan al campeón: 

Ha de gritar el que pueda
siguiendo nuestra corriente
hurras al Independiente
del pueblo de Avellaneda. 


Pero los rojos no hacen olvidar al Boca de 1925, proclamado campeón de honor por la Asociación. Ese año ha jugado en Europa; la gira inolvidable. Los europeos querían ver el fútbol rioplatense que habían puesto de moda los uruguayos. Y Boca no defraudó: 19 partidos jugados, 15 ganados y sólo tres perdidos. 

Aunque lo mejor del fútbol argentino anda de viaje por Europa, los hinchas no tienen de qué quejarse, principalmente los de la Academia, que poseen una pareja derecha que no sólo se engolosina con sus malabarismos sino que también mete goles: Natalio Perinetti y Pedro Ochoa. Aquel cantor del Abasto, que ha llegado al centro, le dedica al lucido gambeteador Ochoa un tangazo: "Ochoíta, el crack de la afición". 

1927 será el año de la unión del dividido fútbol y el triunfo del seleccionado argentino en el Sudamericano de Lima en toda la línea: 7 goles a Bolivia, 5 a Perú y tres nada menos que a Uruguay. Las puertas estaban así abiertas para ganar el Campeonato Olímpico de Amsterdam en 1928. Los argentinos se sentían fuertes y habían borrado sus complejos con los uruguayos. El seleccionado vuelve desde Lima en tren y el pueblo se concentra en Retiro. La alegría no tiene límites y el presidente Alvear olvida un poco los ademanes aristocráticos y se abraza con los Bidoglio, Recanatini, Carricaberry y Zumelzú, autores de la hazaña. 

Pero ya los santos vienen marchando. Llevaban camiseta azul-grana y eran de Almagro. Campeones absolutos en la Asociación, unificada, donde ahora juegan todos contra todos. Nacieron como los "Forzosos de Almagro", atrás de la capilla de San Antonio, y pasaron a llamarse San Lorenzo, en homenaje al cura Lorenzo Massa, incansable alentador de los muchachos. Actualmente algunos hinchas menos devotos sostienen que el nombre del club se debe al combate de San Lorenzo. 

De cualquier manera, agnósticos y creyentes olvidaban sus diferencias cuando los azulgranas meten un gol. Y todos están contestes en llamarlos "los santos", aunque los incorregibles enemigos de barrio cambien el calificativo por el de "los cuervos". 

De "los santos" pasaron a ser "los gauchos de Boedo" y también "el ciclón" por aquella delantera que los llevó a la cumbre en el 27: Carricaberry, Acosta, Maglio, Sarrasqueta y Foresto. 

Su rival de siempre, Huracán, le quitó el campeonato de 1928, pero al año siguiente el campeón vino de La Plata, de ahí "El expreso". Gimnasia y Esgrima. Origen de alcurnia. Caballeros de la alta sociedad platense que querían ejercitase en deportes viriles. Entre ellos encontramos a Olazábal, Perdriel, Alconada, Huergo, Uzal, Uriburu y un nombre para no olvidar; Ramón L. Falcón, el posterior jefe de policía, autor de la masacre de obreros de Plaza Lorea, el 1º de mayo de 1909. 

Los señores juegan al fútbol con los marinos ingleses en el puerto próximo. Pero los años pasan y los apellidos ilustres son reemplazados por más populares y ya en las tribunas se mezclan los estudiantes platenses con los hombres emigrados de las pampas cercanas. El campeón alista a dos figuras que cumplirán una brillante trayectoria: el back Delovo y el delantero Francisco Varallo. 

El fútbol y el cine se han convertido en las diversiones preferidas del porteño. Los cines se van abriendo en los barrios, y los clubes han salido definitivamente del potrero. Los tablones ya van siendo mal mirados por los clubes más ricos que van siendo tentados por el cemento. Independiente inaugura su estadio con capacidad para cien mil espectadores. 

Pero no sólo al cine y al fútbol van los argentinos. En 1927, al igual que en todas las ciudades del mundo, el pueblo se vuelca a las calles para protestar por el asesinato de dos obreros; Sacco y Vanzetti, que son condenados a la silla eléctrica por la justicia norteamericana. 


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El Futbol a Sol y Sombra
Eduardo Galeano

Aquí hay algunos fragmentos del libro de Eduardo Galeano. 

1) El hincha
2) El fanático
3) El gol
4) El entrenador
5) El mundial del 78
6) Pele, Maradona

El hincha

Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.

Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.

Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.

Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quein sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.

Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hncha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.

El fanático

El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua.

El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar.

En estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla. La sola existencia del hincha del otro club constituye una provocación inadmisible. El Bien no es violento, pero el Mal lo obliga. El enemigo, siempre culpable, merece que le retuerzan el pescuezo. El fanático no puede distraerse, porque el enemigo acecha por todas partes. También está dentro del espectador callado, que en cualquier momento puede llegar a opinar que el rival está jugando correctamente, y entonces tendrá su merecido.

El gol

El gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna.

Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos. Ahora, los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos.

El entusiasmo que se desata cada vez que la bala blanca sacude la red puede parecer misterio o locura, pero hay que tener en cuenta que el milagro se da poco. El gol, aunque sea un golecito, resulta siempre gooooooooooooooooooooooool en la garganta de los relatores de radio, un do de pecho capaz de dejar a Caruso mudo para siempre, y la multitud delira y el estadio se olvida de que es de cemento y se desprende de la tierra y se va al aire.

En entrenador

Antes existía el entrenador, y nadie le prestaba mayor atención. El entrenador murió, calladito la boca, cuando el juego dejó de ser juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden. Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas. 

El entrenador decía: 

Vamos a jugar. 

El técnico dice: 

Vamos a trabajar. 

Ahora se habla en números. El viaje desde la osadía hacia el miedo, historia del fútbol en el siglo veinte, es un tránsito desde el 2-3-5 hacia el 5-4-1. pasando por el 4-3-3 y el 4-4-2. Cualquier profano es capaz de traducir eso, con un poco de ayuda, pero después, no hay quien pueda. A partir de allí, el director técnico desarrolla fórmulas misteriosas como la sagrada concepción de Jesús, y con ellas elabora esquemas tácticos más indescifrables que la Santísima Trinidad. 

Del viejo pizarrón a las pantallas electrónicas; ahora las jugadas magistrales se dibujan en una computadora y se enseñan en video. Esas perfecciones rara vez se ven, después, en los partidos que la televisión transmite. Más bien la televisión se complace exhibiendo la crispación en el rostro del técnico, y lo muestra mordiéndose los puños o gritando orientaciones que darían vuelta al partido si alguien puedira entenderlas. 

Los periodistas lo acribillan en la conferencia de prensa, cuando el encuentro termina. El técnico jamás cuenta el secreto de sus victorias, aunque formula admirables explicaciones de sus derrotas: 

Las instrucciones eran claras, pero no fueron escuchadas, dice, cuando el equipo pierde por goleada ante un cuadrito de morondanga. O ratifica la confianza en sí mismo, hablando en tercera persona más o menos así: «Los reveses sufridos no empañan la conquista de una claridad conceptual que el técnico ha caracterizado como una síntesis de muchos sacrificios necesarios para llegar a la eficacia». 

La maquinaria del espectáculo tritura todo, todo dura poco, y el director técnico es tan desechable como cualquier otro producto de la sociedad de consumo. Hoy el público le grita: 

¡No te mueras nunca! 

Y el Domingo que viene lo invita a morirse. 

El cree que el futbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialida de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi. 

El Mundial del 78el folleteo del mundial de dictadura

En Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, el Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. Sucumbían las primeras víctimas del sida, una maldición que todavía no se llamaba así. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastía del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caía. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de Fútbol.

Participaron diez países europeos, cuatro americanos, Irán y Túnez. EL Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.

«Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina», celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de la televisión. Henry Kissinger, invitado especial, anunció:

—Este país tiene un gran futuro a todo nivel.

Y el capitán del equipo alemán, Berti Vogts, que dio la patada inicial, declaró unos días después:

—Argentina es un país donde reina el orden. Yo no he visto a ningún preso político.

Los dueños de casa vencieron algunos partidos, pero perdieron ante Italia y empataron con Brasil. Para llegar a la final contra Holanda, debían ahogar a Perú bajo una lluvia de goles. Argentina obtuvo con creces el resultado que necesitaba, pero la goleada, 6 a 0, llenó de dudas a lo malpensados, y a los bienpensados también. Los peruanos fueron apedreados al regresar a Lima.

La final entre Argentina y Holanda se definió por alargue. Ganaron los argentinos 3 a 1, y en cierta medida la victoria fue posible gracias al patriotismo del palo que salvó al arco argentino en el último minuto del tiempo reglamentario. Ese palo, que detuvo un pelotazo de Rensenbrink, nunca fue objeto de honores militares, por esas cosas de la ingratitud humana. De todos modos, más decisivos que el palo resultaron los goles de Mario Kempes, un potro imparable que se lució galopando, con la pelambre al viento, sobre el césped nevado de papelitos.

A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina. El tercer puesto fue para Brasil. El cuarto, para Italia.

Kempes fue el mejor jugador de la Copa y también el goleador, con seis tantos. Detrás figuraron el peruano Cubillas y el holandés Rensenbrink, con cinco goles cada uno.


Maradona Diego Armando y la Mano de Dios

Pelé

Cien canciones lo nombran. A los diecisiete años fue campeón del mundo y rey del fútbol. No había cumplido veinte cuando el gobierno de Brasil lo declaró tesoro nacional y prohibió su exportación. Ganó tres campeonatos mundiales con la selección brasileña y dos con el club Santos. Después de su gol número mil, siguió sumando. Jugó más de mil trescientos partidos, en ochenta países, un partido tras otro a ritmo de paliza, y convirtió casi mil trescientos goles. Una vez, detuvo una guerra: Nigeria y Biafra hicieron una tregua para verlo jugar.

Verlo jugar, bien valía una tregua y mucho más. Cuando Pelé iba a la carrera, pasaba a través de los rivales, como un cuchillo. Cuando se detenía, los rivales se perdían en los laberintos que sus piernas dibujaban. Cuando saltaba, subía en el aire como si el aire fuera una escalera. Cuando ejecutaba un tiro libre, los rivales que formaban la barrera querían ponerse al revés, de cara a la meta, para no perderse el golazo.

Había nacido en casa pobre, en un pueblito remoto, y llegó a las cumbres del poder y la fortuna, donde los negros tienen prohibida la entrada. Fuera de las canchas, nunca regaló un minuto de su tiempo y jamás una moneda se le cayó del bolsillo. Pero quienes tuvimos la suerte de verlo jugar, hemos recibido ofrendas de rara belleza: momentos esos tan dignos de inmortalidad que nos permiten creer que la inmortalidad existe.


Pelé orgásmico

 


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Futbol y Anarquismo
de
http://www.alasbarricadas.org

En nuestros días el Fútbol sea bastante despreciado por muchos anarquistas quizá debido a que lo asociamos con contratos multimillonarios, con la liga de las estrellas, con el pan y circo y algunas cosas por el estilo.

Pero en la época de expansión del fútbol como deporte, a comienzos del siglo XX, los anarquistas y los socialistas estuvieron entre sus principales impulsores. Por ejemplo en la Argentina muchos clubes fueron fundados por anarquistas y algunos socialistas. Como el Newell´s Old Boys, que es un club fundado en homenaje a Newell que era anarquista, y el color de la camiseta es rojo y negro. También el Chacarita Juniors, cuyos colores son rojo, negro y blanco, el club Nueva Chicago, de camiseta verde y negra, y hay unos cuantos casos mas. También ocurrió algo parecido en Brasil y otros lugares de América latina, pero también de Europa. El Hadjuk Split de Croacia fue fundado por anarquistas, se llamaba Anarho.

En los últimos tiempos ha nacido en norteamérica una iniciativa de volver a retomar el fútbol para la comunidad. Se trata de las Anarchist Soccer League. Allí no existe el fútbol de base ni las decenas de ligas locales que puede haber en cada ciudad española, así que los anarquistas se juntan y juegan al fútbol.


Links
[Anarchist Football Network]
[Anarchist Football Association]

[Chumbawamba Football]

Para los que entiendan portugués o puedan entender lean esta nota

Futbol y anaquia -  O que o anarquismo tem a ver com o futebol? 

À primeira vista nada. Mas olhando com cuidado, sem preconceito, tem muito a ver, sim! Eu acredito de “pés juntos” que foram os anarquistas que inventaram o futebol. Foram os anarco-primitivistas que criaram o futebol! Sério, foram eles!

Definitivamente, o futebol é o esporte mais anárquico do planeta. Por sua alegria, irreverência, paixão, improviso, malandragem... 

Mas muitos vão falar que futebol é fanatismo, o ópio do povo... E com certeza é. Mas o futebol profissional. Dá asco saber que um jogador de futebol profissional recebe um rio de dinheiro, quando um trabalhador comum trabalha oito horas por dia para receber um salário mínimo. Além do mais, futebol hoje é um grande ninho de corrupção, lavação de dinheiro sujo. E outras cositas mais. Vejam os escândalo na CBF (Confederação Brasileira de Futebol), da Nike, na Fifa.

Contudo, futebol mesmo vai além de tudo isso. E eu vou “provar”. A primeira conexão de anarquismo e futebol é o “A NA BOLA”. Incrível, “A NA BOLA!”

Mas vamos definir melhor o perfil libertário do futebol. Eis:

A bola. Ela pode ser qualquer coisa redonda. Pode-se usar qualquer coisa que role, como uma pedra, uma lata vazia, um coco, uma bola de meia, papel...

O uniforme. Joga-se do jeito que quiser. Descalço, com tênis... Até pelado!

As traves. Podem ser feitas com o material que estiver à mão: tijolos, gravetos, palitos de picolé, paralelepípedos, camisas emboladas, chinelos, os livros da escola...

O campo. Ele não é mais que um pedaço de rua, um quintal, uma praça, uma praia...

O piso. Pode ser de areia, pedregulho, asfalto, grama, cimento...

Tempo. Joga-se ao ar livre, com qualquer tempo, na chuva ou no sol!

Duração do jogo. Em geral, a partida pode virar com cinco gols e terminar com dez, ou três e seis. Quem fizer dois ganha e por aí vai...

A formação dos times. A formação de cada time varia, de 2 a 15. Pode–se misturar no mesmo time homens e mulheres, idades...

Tática. Não tem. Tudo é espontâneo. Fora à rigidez do futebol profissional!

Juiz. Futebol mesmo não tem. Apita-se por consenso!

Substituições. É livre!

Penalidades. Só se o jogador quebrar as pernas.
Justiça desportiva. Os casos de litígio são resolvidos na hora, na porrada!

Dribles. São livres, espontâneos. Brota da criatividade de cada um.

E aí, você não acha que existe uma ligação “primitiva” do futebol com o anarquismo?

Anarquistas e Comunistas

Tem mais. Os anarquistas juntamente com os comunistas foram os principais divulgadores do futebol no Brasil, e em outros países também.

No Brasil, especificamente em São Paulo, o futebol foi introduzido em 1894, pelo paulista Charles Miller, que teria voltado da Inglaterra nesse ano, com duas bolas e uniformes para os 22 jogadores. Um estudo recente mostra que o esporte já era praticado no Brasil alguns anos antes.

Era um esporte da elite. Só os burgueses das grandes companhias inglesas e a alta nata paulista o praticava. Todo o material necessário à sua prática era importado das melhores lojas inglesas. As partidas eram assistidas por homens vestidos de ternos e gravatas, senhoras elegantes, moças e rapazes de “boas famílias”, que iam torcer por seus filhos, irmãos, primos, amigos.

Porém, lentamente o futebol foi ganhando adeptos não apenas entre os burgueses. Mas entre as camadas pobres da população, principalmente entre os operários.

Como era de fácil assimilação e improviso, o futebol se transformou em divertimento preferido dos meninos descalços dos bairros operários de São Paulo.

Era tudo muito anárquico. A molecada jogava futebol nas ruas, praças, calçadas, quintais, escolas... Os campos de futebol se alastraram por toda a cidade. Era o futebol de várzea, de rua!

Com o futebol ganhando fôlego, as empresas e industrias paulistas começaram a criar seus clubes. Na década de 20 era difícil apontar uma indústria que não tivesse um time de futebol. Formou-se uma tradição operária de futebol amador praticado em clubes de fábrica, em geral criado pelos próprios trabalhadores. O futebol já fazia parte do cotidiano das pessoas menos favorecidas.

Mas aí, como os anarquistas e comunistas tinham uma forte inserção entre o operariado da época, começaram a torcer o nariz para o esporte bretão. Chamavam-no de esporte burguês; apontavam os efeitos maléficos dos clubes de fábrica, chamavam de poderoso ópio do povo capaz de minar a união e a organização da classe, que enfraquecia e desvirtuava a luta, que a prática do futebol, principalmente nos clubes de fábrica, levava os trabalhadores a defender o nome da empresa, separando-os e colocando-os em confronto. Apesar da crítica dos anarquistas e comunistas, o esporte crescia entre os trabalhadores. Não dava pra segurar.

O jornal A Plebe, de cunho anarquista, de 28 de janeiro de 1933, dizia:

“Atualmente, são três os meios infalíveis que os ricos exploradores das misérias e necessidades do povo empregam para tornar a classe operária uma massa bruta: o esporte, o padre e a política. Não existe nenhuma vila ou aglomerado de casas de operários que não tenha o campo de futebol, a igreja e os gorjetados incitadores políticos. Nos campos de futebol, os operários de ambos os sexos tornam-se aficionados e torcedores e brutaliza-se a ponto de só viverem discutindo entre os seus companheiros os lances e proezas dos campeões”. E a crítica ia longe, muito longe.

Mas logo, anarquistas e comunistas, deram o “braço a torcer”. Ao invés de simplesmente só criticar o esporte, começaram a organizar o futebol, organizá-lo como lazer, se contrapondo à “cultura burguesa do futebol”. Propunham uma espécie de auto-gestão do futebol pelos trabalhadores. Era a “proletarização do esporte”. O jornal O Trabalhador Gráfico, de 25 de maio de 1928, dizia:

“A necessidade do esporte para a juventude é um fato incontestável. A burguesia se aproveita desse fato para canalizar todos os jovens das fábricas para os seus clubes. Que fazem os jovens nos clubes burgueses? Defendem as cores desses clubes. Se o clube é de uma fábrica é o nome e a cor da fábrica que defendem; a burguesia cultiva neles a paixão e a luta contra a juventude das outras empresas. Todo operário footballer deve ingressar nos clubes proletários. No mundo obreiro ninguém mais ignora que o esporte bretão tem sido útil ao capitalismo para desviar a atenção das massas trabalhadoras dos seus sindicatos profissionais”.

O jornal Nossa Voz, de 1 de julho de 1934, por sua vez comentava:

“Trabalhadores que somos, organizaremos os nossos clubes, as nossas ligas, feitos e dirigidos por nós mesmos, sem interesses de dinheiro, mas só animados pelo espírito de solidariedade proletária”.

Mas o pau entre anarquistas e comunistas corria solto. Nem tudo eram flores. Os anarquistas diziam que as atividades recreativas deveriam ter sempre um fim educativo. Criticavam os comunistas por terem, na tentativa de promover o esporte, transformado sindicatos com longa tradição de lutas em meros centros esportivos e dançantes.

Embora anarquistas e comunistas fossem relutantes em aceitar a prática do futebol, acabaram por reconhecerem que a popularização do jogo era inevitável. É certo que anarquistas e comunistas tiveram participação importante na popularização do futebol, principalmente entre os trabalhadores.

Curiosidades

Pouca gente sabe, mas um dos primeiros clubes do Brasil foi criado em Santos (cidade portuária que foi a porta de entrada de muitos anarquistas), lá no início do século, por imigrantes europeus. Não sei se foram imigrantes anarquistas. Mas o nome do time era Libertários Futebol Clube, e suas cores vermelhas e negras. Era um dos melhores times de várzea de Santos. Recentemente dei um pulo na sua sede, que ainda existe e consta o nome do clube numa placa, no bairro do Campo Grande, para tentar levantar a história dele. Mas por desgraça, o clube havia sido arrendado para uma associação de crianças carentes. Não tinha ninguém que podia me passar informações mais detalhadas. Porém, fiquei sabendo com um funcionário da associação, que ainda existe um senhor vivo, o “seu Silvio”, ex-sócio do clube (a maioria morreu), com muita documentação e h! is! tórias para contar do Libertários F.C. Se um dia eu tiver gana, vou atrás deste “seu Silvio”.

Dias atrás, fiz uma rápida pesquisa na lista de telefones da Baixada Santista. Fui procurar os clubes/times que se chamavam Primeiro de Maio. Louco, mas tinha mais de 15! E acho que o número é bem maior, se formos contabilizar os times de várzea com esse nome.

Mais curiosidades

Na Argentina, alguns jogadores anarquistas que pertenciam a FORA, chegaram a vestir a camisa da seleção portenha. Na Argentina, a história do futebol é muito parecida com a do Brasil. Lá, surgiram clubes “barriales” criados por socialistas e anarquistas. Por exemplo, o “Clube Mártires de Chicago”, em homenagem aos operários enforcados nos Estados Unidos por lutarem pela jornada de oito horas de trabalho. Foi o núcleo que anos depois passou a ser chamar o hoje conhecido “Argentino Juniors”. Também o clube “Porvenir” teve a mão dos utopistas. O “Chacarita Juniors” nasceu numa biblioteca libertária num Primeiro de Maio, em 1906. Com camisetas vermelhas, negras e brancas O “Newell’s Old Boys, foi fundado em homenagem a Newell, que era anarquista. A camisa do NOB é vermelha e negra. O time “Nueva Chicago”, usava um uniforme verde e negro.

Na Croácia, existia, ou existe, não sei ao certo, um clube fundado por anarquistas, se chamava “Anarco”.

E tem muitas histórias de clubes que fizeram resistência ao fascismo. Como o “Dínamo de Kiev”, que morreram fuzilados pelos nazistas por haver vencido a seleção do III Reich, apesar de que haviam sido advertidos que deveriam perder. Linda essa história! Viva o futebol! Abaixo o nazismo!

Tem mais, equipes como o Barcelona e o Atlético de Bilbao foram símbolos de resistência anti-franquista. No Maio de 68, os jovens revolucionários do “Footballer’s Action Committe” ocuparam a Federação Francesa de Futebol, e leram um manifesto muito atual com criticas a profissionalização do futebol, e a rigidez dos técnicos, cartolas. Enfim, tem muitas histórias, basta correr atrás!

Atualidade

De uns tempos para cá, os anarquistas voltaram a retomar para si o futebol, como diversão, jogo lúdico. Em Seattle, nos protestos anti-globalização, anarquistas organizaram partidas de futebol no meio da rua contra o capital. Foi daí que ganhou fôlego à “Associação Anarquista de Futebol”, dos EUA.

Na mesma época, no “May Day 2000”, ocorreu uma partida de futebol de rua entre os Zapatistas e o “Reclaim The Streets”.

Sete anos atrás, a “London Psychogeoographic Association”, organizou o “Glasgow Anarchist Summer School”, onde propunham o “3-sided football”. 

Na copa da França de 98, a canção símbolo do mundial de futebol era “Thumbthumping”, do grupo anarquista Chumbawamba. Aliás, os “Chumba” adoram futebol. Na sua página na Internet tem vários textos interessantes sobre futebol. Além de links para associações de torcedores, nomeadamente skins libertários, que combatem o racismo no futebol inglês. Na Europa, são inúmeras as torcidas organizadas por skins antifascistas, libertários. Os chamados “Ultras”. Quase todos os skins são futeboleiros. Existem até times de futebol só de skins, na Inglaterra.

Na Dinamarca, em Copenhagem, existe o “Cristiania Esporte Clube”, que é o time da cidade livre de Cristiania. O uniforme dos caras é muito feio, azul e amarelo! Eles disputam a segunda divisão do futebol dinamarquês. 

Um tempinho atrás, numa conversa com um skin libertário mexicano, ele me dizia: “dentro de algumas semanas, vários skins e punks, irão ao Estádio três de Março, onde jogam os Tecos, a equipe de uma universidade ultradireitista e anticomunista, bastante fascista. Nossa equipe, o Atlas, vai jogar contra eles. E ali iremos apoiar nosso time vermelho e negro, e realizar propaganda antifascista”.

Ele continua, “o escudo do nosso time é da cor vermelha e negra, e leva um ”A” branco no meio. É bem anarquista! Há alguns anos pertencíamos a uma torcida chamada “Forza Rojinegra”, mas já desapareceu. Quando fazemos trabalho político dentro do estádio, usamos o nome de “Brigadas Rojinegra”. Sacamos folhetos e levamos faixas com mensagens políticas. Outros skins antifascistas no México apóiam outras equipes. Por exemplo, os camaradas do RASH-Distrito Federal apóiam os Pumas da UNAM (Universidade Nacional Autônoma do México); outros skins do Distrito Federal apóiam o Cruz Azul, um time que nasceu de uma cooperativa de cimento; na cidade de Monterrey, no norte do país, os skins apóiam os Tigres, participando de uma torcida chamada “Locos y Libres”; na região da Baixa Califórnia, os skins apóiam o Nacional Tijuana. Todas as equipes são da Primeira Divisão, exceto o Nacional, que é d! a ! Primeira A.

Depoimento pessoal

Há mais ou menos 20 anos atrás, quando iniciei minha caminhada libertária, era um jovenzinho, louco por futebol. Acordava e dormia futebol! Freqüentava estádios, colecionava álbuns de figurinhas dos craques... E modéstia à parte, era bom de bola. Cheguei a jogar nas categorias de base do Santos. Mas o coração anarquista bateu mais alto e “resolvi” desistir dessa “carreira”. E cair de corpo e alma no universo libertário. O futebol perdeu um “craque”, mas o anarquismo ganhou um “perna-de-pau”.

O curioso é que na época eu escondia dos “compas” esse sentimento futeboleiro. Sentia vergonha de dizer que era apaixonado por futebol, que jogava futebol. Naquela época, ao meu ver, os anarquistas eram muitos “certinhos”, moralistas... Na verdade chatos. Principalmente os punks. Rolava muito policiamento.

Recentemente que eu vim a mudar, a assumir esse lado futeboleiro, depois de fazer algumas reflexões sobre futebol e anarquia, de investigar as origens do meu time, o Vasco da Gama, pioneiro no combate ao racismo no futebol brasileiro. 

Acho que é isso, esse tema dá um bom livro. Alguém se habilita a escrevê-lo?

Ah, esse texto vai em homenagem a jovem Keila Sgobi, goleira do time da sua faculdade. Ao Renato do CELIP, fanático torcedor do Fluminense. E ao Allyson, outro fanático do torcedor do Ceará. Todos anarquistas!

Viva o futebol de rua! Viva a Anarquia!