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sobre Literatura, libros y fanzines
Fans del fanzine: el
fanzine en misiones: fanzin atak
El fenómeno fanzinero sigue vigente. La fotocopia ataca
y se propaga. La ciudad de Posadas (Misiones, Argentina) es un
escenario de alta actividad fanzinera. Christian Giménez nos envió
este artículo que escribió para la revista de diseño y comunicación
de La Plata “Crann”.
¡Muchas gracias por compartir
con nosotros este escrito!
EL FANZIN ATAK

En esta era de la supuesta
ultracomunicatividad del hombre, el vacío en cuanto a canales de
expresión
para los jóvenes tanto desde los órganos oficiales como del sector
empresarial muchas veces lleva a
tomar (viejas) nuevas tácticas ante un panorama silenciador.
Muchos son atraídos por la
espectacularización de los mass media con su combo de dinero y
fama en un contrato más jugoso y efímero que las mismas predicciones
warholianas. Otros optan por la creación de circuitos propios en los
cuales sus producciones culturales no tengan que rendir dádivas tan
estrictas al baile simio diario del que participamos. Sin embargo,
ya desde la instauración de la prensa como medio masivo, han
aparecido además de los grandes diarios y revistas; publicaciones de
menor tirada con otro tipo de propuesta editorial. Mientras en los
puestos de venta tradicionales, como los quioscos y tiendas de
revistas circulaban los tabloides y magazines consagrados
públicamente,
por otros circuitos aparecían proyectos gráficos alternativos:
panfletos y pasquines disidentes o contraculturales, como los
diarios anarquistas de inicios del 1900. A pesar de que éstos fueron
considerablemente eclipsados por las grandes
publicaciones, como los matutinos metropolitanos tradicionales (New
York Times, El País, Folha de Sao Paulo, El Clarín), en las
postsimetrías del siglo XX volvieron a aparecer manifestaciones de
este tipo.
De la mano del movimiento punk de fines de los ’70 comenzaron a
producirse y consumirse por los jóvenes de esa época publicaciones
que mezclaban discursos constestarios, propuestas estéticas
chocantes y fotocopias en blanco y negro; eran los fanzines
(hibridación de los vocablos ingleses fanático y revista) que se
comercializaban o regalaban en las ferias de usados y recitales,
tratando las temáticas que interesaban al sector más inconformista
de la juventud: política de izquierda, música underground y
ecología. En nuestro país en el ocaso de la dictadura militar en la
Argentina, los adolescentes que habían simpatizado con dicho
fenómeno contracultural de Inglaterra, España y Estados Unidos
comenzaron a tomar varios de sus elementos característicos, entre
ellos al fanzine. De esta manera, a través de la incipiente escena
punk-hardcore de la Buenos Aires “primaveral” empezaron a gestarse
las publicaciones alternativas y autogestionadas del under criollo;
las que luego y con su (des) tiempo característico también surgirían
en el interior del país. ¿Es que acaso los fanzines habían llegado a
estas tierras para quedarse? Ciertas persistencias actuales en
contextos plurales y disímiles parecen indicar que sí. Y hoy cuando
se discute donde están los centros y las periferias, cuando se
comienza a hablar de que Europa y Estados Unidos también han sido y
son “localidades” (con poder claro) acercamos nuestros fragmentos
fanzinerosos -supuestamente locales- como una vía posible para
comprender el
mundo estallado en el que vivimos.
Sobrevivencia de bordes.
Actualmente, en una ciudad
como Posadas, capital de la provincia de Misiones, el
condicionamiento político
sobre la casi totalidad de los medios de comunicación social genera
un margen más que acotado para
investigar, experimentar o simplemente hablar y lograr resonancia en
la esfera pública. Es decir, no sólo se trata
de una problemática inherente al mundo juvenil: muchos debates
políticos y culturales necesarios como sociedad brillan por su
evidente ausencia. Una de las vías más interesantes por las que han
optado algunas almas inquietas de estos territorios es la de la
remañida práctica del fanzine. Estas revistas se han convertido en
una de las pocas opciones con que los nacidos hace menos de tres
décadas intentamos jugar en la restringida ágora postmoderna. Ante
la cooptación
panfletaria de la amplia mayoría de las emisoras radiales, los
astronómicos gastos para participar en la pantalla
chica y la apatía de los matutinos tradicionales, la táctica pasa
por empezar a escribir, recortar, pegar y….
fotocopiar. La estética desfachatada de altos referentes como
Snifinn Glue (la “Biblia” del movimiento punk londinense
de fines de los ’70) sigue vigente. Esa también sigue siendo una
constante en el submundo del fanzine: la idea
de subvertirlo todo, desde la “belleza” gráfica hasta el orden de
escritura y lectura.
Do it (your)self (own
fanzine).
A pesar de tanto revival y
vintage, esta modalidad comunicativa se viene manteniendo desde su
germinación con las contra y sub-culturas, sobretodoestableciéndose
como una opción para acercar bandas
independientes a nuevos públicos (no es en vano el uso de la palabra
fan); vía tomada por el hardcore, como
lo hizo Fun People en los noventa con su ensalada de discursos
libertarios, pro-gay, ecologistas y straith edge.
La investigadora mexicana Rossana Reguillo Cruz en “Emergencia de
Culturas Juveniles. Estrategias del desencanto” sostiene: “A través
de la música, de los llamados ‘fanzines’, del acceso a la
información mediante complejas
redes internacionalizadas y, especialmente, a través de la porosidad
comunicativa entre distintos colectivos juveniles, los jóvenes han
rebasado a la institución escolar que permanece, en términos
generales al margen de los procesos
de configuración sociocultural de las identidades juveniles”.
Desde hace rato nuestros
mundos de sentido dejaron de pasar exclusivamente por dichas
instituciones tradicionales. La crisis y caducidad de éstas ha
llevado a la búsqueda de otras vías para el establecimiento de
canales comunicativos
más efectivos y legítimos. Y si bien es innegable la influencia del
mercado en la configuración del imaginario de la juventud desde
mediados del siglo XX hasta la actualidad, también es indudable la
aparición de contestaciones e intentos de boicot a dicha lógica o
logística mercantil, a través de otras formas de percibir,
comprender y construir la realidad. En Misiones, más específicamente
en su capital, la escena alternativa de la década pasada (con
recitales
en la entonces recuperada ex-estación de trenes o en salas teatrales
no oficiales) fue una de las principales
productoras de publicaciones autogestionadas. Pero junto a la
crisis, los escenarios locales se vieron
relegados a un anémico estado. De esa época quedan algunas copias de
las que eran repartidas en los ciclos musicales “Metele Suela”, de
la revista de “Ediktos Juveniles” (estandarte del punk-core
posadeño) o de la “Vomitatitva” (representante del movimiento
metalero vernáculo).
Con el recambio generacional de inicio de siglo, no sólo apareció un
modesto nuevo público, sino también otros
aspirantes a productores culturales, algunos reciclados de antiguos
proyectos y otros primerizos, la “sangre
nueva”.
De estos gérmenes surgieron “La Resistencia” y “Kaótica”, hace tres
años. Entre los esporádicos zines que
han aparecido en esta década, estos dos fueron algunos que los que
han ”sobrevivido” más tiempo. Ambas son
un buen retrato de la trama por detrás de este tipo de proyecto
intelectual, cultural o artístico: se conforman a
través de equipos o mini-colectivos de fuertes vínculos, tratan de
establecer un circuito paralelo, muchas veces
terminan encerrándose o siendo encerrados en gueto se interceptan al
imaginario urbano explícitamente. Cada
una lo hace a su manera: En la “Kaótica” existen espacios de
reflexión sobre los hechos locales, como la contaminación, las
polémicas mediáticas, los absurdos cotidianos de la capital
misionera o del país, entre otros. Todos son abordados desde la
óptica editorial de los distintos miembros de la revista. Inclusive,
se genera la impresión de que es aquí donde se analiza lo que no es
tomado por la agenda de los “medios serios”. Hay un gran
aprovechamiento del ensayo lúdico, para construir una visión
fundamentada de este ininteligible mundo. Por su parte, “La
Resistencia” otorga un mayor énfasis a conceptos y tabúes de
moralidad de la sociedad actual. Además, se generan análisis y
crítica desde una perspectiva mucho más académica, principalmente
sobre la situación política provincial. Esas pequeñas visiones sobre
cuestiones de poder locales son siempre enfundadas por un humor
ácido. Según uno de los editores de “La Resistencia”, el fanzine
“teóricamente tiene que abrir la potencialidad de meter cualquier
cosa. Debe permitirse en los formatos jugar, en criticar, en poner
recortes de diarios. Que no sea un objeto estético en el sentido
lineal de la palabra, no
como se decía: ‘Lindo para la vista y para el tacto’, sino
justamente yo puedo jugar: recorto o hago letras a mano
y pego, pego figuras, pego chicles, pego preservativos, pego lo que
sea. Lo pongo en una bolsa, lo pongo en
otra. Esa variabilidad en el formato que tiene es algo sumamente
interesante para la cultura en si misma. […]… entiendo que el
fanzine es un formato mucho más libre, mucho más laxo que permite
jugar un poco más
con la creatividad o no estandarizarte demasiado, no caer en un
formato excesivamente rígido. Podés poner cosas que no
necesariamente siguen con una lógica literaria o una lógica,
digamos, coherente, del todo coherente.”
Ya en cambio, uno de los realizadores de “Kaótica” nos muestra otra
arista: “Yo ya conocía la gente que trabajaba
en los medios, radios, televisión y diarios, de acá. Y sentía como
que no hay una posibilidad de que alguien
venga y te cubra tu loca idea de querer expresar algo,
monetariamente o con el espacio mismo. Entonces yo
tenía esa necesidad de que se cree o de que nosotros, creemos un
espacio nuestro para poder expresarnos.” Y agrega: “Como tenés
tantas limitaciones, tenés la necesidad de descargarte por algún
lado. Y la ‘Kaótica’ sirve mucho para eso. Por ahí te tenés que
limitar en otro ámbito, pero acá sacás toda la furia afuera
FANZINES MADE IN
MISIONES
En Misiones, más
específicamente en su capital, la
escena alternativa de la década pasada (con recitales
en la entonces recuperada ex-estación de trenes o en
salas teatrales no oficiales) fue una de las principales
productoras de publicaciones autogestionadas. Pero
junto a la crisis, los escenarios locales se vieron
relegados a un anémico estado. De esa época quedan
algunas copias de las que eran repartidas en los ciclos
musicales “Metele Suela”, de la revista de “Ediktos
Juveniles” (estandarte del punk-core posadeño) o de
la “Vomitatitva” (representante del movimiento metalero
vernáculo).
Con el recambio generacional de inicio de siglo, no sólo
apareció un modesto nuevo público, sino también otros
aspirantes a productores culturales, algunos reciclados
de antiguos proyectos y otros primerizos, la “sangre
nueva”.
De estos gérmenes surgieron “La Resistencia” y
“Kaótica”, hace tres años. Entre los esporádicos zines que
han aparecido en esta década, estos dos fueron algunos
que los que han ”sobrevivido” más tiempo. Ambas son
un buen retrato de la trama por detrás de este tipo de
proyecto intelectual, cultural o artístico: se conforman a
través de equipos o mini-colectivos de fuertes vínculos,
tratan de establecer un circuito paralelo, muchas veces
terminan encerrándose o siendo encerrados en guetos
e interceptan al imaginario urbano explícitamente. Cada
una lo hace a su manera:
En la “Kaótica” existen espacios de reflexión sobre los
hechos locales, como la contaminación, las polémicas
mediáticas, los absurdos cotidianos de la capital
misionera o del país, entre otros. Todos son abordados
desde la óptica editorial de los distintos miembros de la
revista. Inclusive, se genera la impresión de que es aquí
donde se analiza lo que no es tomado por la agenda de
los “medios serios”. Hay un gran aprovechamiento del
ensayo lúdico, para construir una visión fundamentada
de este ininteligible mundo.
Por su parte, “La Resistencia” otorga un mayor énfasis
a conceptos y tabúes de moralidad de la sociedad
actual. Además, se generan análisis y crítica desde una
perspectiva mucho más académica, principalmente
sobre la situación política provincial. Esas pequeñas
visiones sobre cuestiones de poder locales son siempre
enfundadas por un humor ácido.
Según uno de los editores de “La Resistencia”, el fanzine
“teóricamente tiene que abrir la potencialidad de meter
cualquier cosa. Debe permitirse en los formatos jugar,
en criticar, en poner recortes de diarios. Que no sea
un objeto estético en el sentido lineal de la palabra, no
como se decía: ‘Lindo para la vista y para el tacto’, sino
justamente yo puedo jugar: recorto o hago letras a mano
y pego, pego figuras, pego chicles, pego preservativos,
pego lo que sea. Lo pongo en una bolsa, lo pongo en
otra. Esa variabilidad en el formato que tiene es algo
sumamente interesante para la cultura en si misma.
[…]… entiendo que el fanzine es un formato mucho más
libre, mucho más laxo que permite jugar un poco más
con la creatividad o no estandarizarte demasiado, no caer
en un formato excesivamente rígido. Podés poner cosas
que no necesariamente siguen con una lógica literaria o
una lógica, digamos, coherente, del todo coherente.”
Ya en cambio, uno de los realizadores de “Kaótica” nos
muestra otra arista: “Yo ya conocía la gente que trabajaba
en los medios, radios, televisión y diarios, de acá. Y
sentía como que no hay una posibilidad de que alguien
venga y te cubra tu loca idea de querer expresar algo,
monetariamente o con el espacio mismo. Entonces yo
tenía esa necesidad de que se cree o de que nosotros,
creemos un espacio nuestro para poder expresarnos.”
Y agrega: “Como tenés tantas limitaciones, tenés la
necesidad de descargarte por algún lado. Y la ‘Kaótica’
sirve mucho para eso. Por ahí te tenés que limitar en otro
ámbito, pero acá sacás toda la furia afuera.”
Los circuitos de distribución
o comercialización de
“Kaótica” y “La Resistencia” suelen acotarse a stands
en recitales o a los pasillos de las facultades. No hay
quiosco ni canillita. Es decir, se llega a un público bastante
reducido. Como toda producción cultural llevada a cabo
desde el margen, el circuito de los fanzines (así como
gran parte del movimiento artístico posadeño) tiende
hacia la esclerotización. Los de la “Kaótica” consideran
que “estaría bueno encontrar alguna forma de unirnos
todos los que sean, así como las bandas necesitan unirse
entre ellos para mejorar el espacio limitado que tienen
dentro de la ciudad de Posadas, estaría bueno unirnos
para aumentar nuestra expansión o espacio, pero cada
uno trabajando desde lo suyo.”
Sin embargo, todavía el mundo de sentido sobre el que
giran estas producciones, suele acotarse y acotar su
propio alcance. El flujo de contrainformación se estanca
en el círculo de los más allegados. La invitación al
diálogo sólo llega hacia los supuestos “iniciados”, sin
dejar mucho margen de posibilidad para obtener nuevos
interlocutores. La chance de “abrir” más cabezas es
decapitada ante el encierro de los circuitos. Los mismos
de siempre alimentan un movimiento que termina
autoamurallado. Se podría seguir haciendo estandarte
de lo “under” y la autogestión hasta el hartazgo, pero
la sensación de frustración ante tantas propuestas
interesantes que no logran hacer mayor eco resulta
inesquivable.
Desde “La Resistencia”, tomando al autor de “El amor
líquido”, nos dan un intento de aproximación: “(Zigmunt)
Bauman es genial en muchos aspectos, este filósofo
polaco habla de la falacia del multiculturalismo, la falacia
de la globalidad. Toda esa estupidez que se pone: Somos
todos heterogéneos. Por ende, estamos todos en igualdad
de opinión. Y mentira. En realidad, es una verdadera
relación a veces dicotómica, extrema e indeterminada
de voces, hay un sometimiento. En realidad, hay una
polifonía, pero no: hay voces, hay una relación de poder,
hay fuerzas que están siempre modificándola. Se trata
de ver todo como un gran conglomerado, una gran
Postmodernidad, o como una situación de emancipación
porque tenemos un montón de acceso a los medios
de comunicación. Eso es una gran mentira. Y esto en
Posadas lo hemos visto. “
Fanzines sin fin.
A pesar de los molinos y muros, cada una sigue
apareciendo con su irregular periodicidad. El factor
monetario no logra detenerlas del todo, tan sólo atrasarlas.
La tirada y la aparición de nuevos “diarios” y “revistas”
aumenta con el correr del año electoral. Mientras
las rotativas reproducen caras relucientes y obras
faraónicas, las fotocopiadoras e impresoras caseras van
delineando parodias con esas imágenes, copiando textos
surrealistas o difundiendo las escasas actividades de lo
que quedó del mundillo cultural autóctono.
Junto a los zines vigentes surgen derivaciones o
“descendientes” de éstos, como “El Hijo Bobo” o
“Macabro”; algunos vuelven al ruedo, como la “Cocú”
o “D.E.M.” (Distorsionando el Medio) y también salen
a la calle nuevos productos con otros orígenes, como
“Fa” o “Identidad Urbana”. Además se hace uso de las
ventajas y migajas que la tecnología nos ofrece; y así
casi todos los “fanzinerosos” van volcando sus fotos,
dibujos, collages, ensayos, poemas y entrevistas e
inclusive música a blogs, fotologs o myspaces, esas neobitácoras
que proliferan como hongos en la red. A pesar
de poder ofrecer sus materiales on line, los productores
continúan jugando con esa magia de lo impreso, del
texto tangible, más allá de la denostada (para la mayoría de ellos)
“calidad gráfica” con que trabajan.
Estas publicaciones, van
delineando los márgenes de
una Posadas que no se ve en los avisos publicitarios ni
en la prensa dominical, intentando mostrar los itinerarios
de un micro-mundo artístico-cultural que es ignorado por
mucha de la gente que la habita. Pero ese parece ser
el fin de estos proyectos, dar registro o testimonio de
esa otra ciudad que se vislumbra sobretodo de noche
(con personajes llamativos, bandas de rock, y literatura
marginal), como una propuesta diferente, más rica e
interesante, con pocos recursos, pero muchas ideas y
energía invertidas.
Aquí se habla constantemente de circuitos de
comunicación ajenos a los oficiales, en los que circulan
producciones, capital simbólico y monetario de forma
constante y fluida, al menos entre algunos pequeños
fragmentos de la comunidad que no se conforman con lo
que se les ofrece habitualmente como “cultura”.
Y entonces, y ahora: ¿Dónde comienza y termina ese
aquí de estos casos, ejemplos de los que hablamos,
de estas sobrevivencias más allá de las fronteras, que
actualizan en formato fanzine las contradicciones entre
lo local / nacional / global, entre tantas otras?
PEQUEÑAS PISTAS SOBRE
EL FANZINE:
*El fanzine es un medio
(camino sinuoso), una táctica (en un
campo de batalla desventajoso) una alternativa (como sujeto
pero no como adjetivo) de tratar de participar y dialogar en
el espacio público a través de materiales y formatos simples
tratando de abordar una realidad compleja. Es una de las
reincidentes opciones de los jóvenes (específicamente en
los ambientes urbanos) de lograr un canal de expresión
ante la negativa de los grandes medios de comunicación de
otorgarles espacios de expresión. La única opción (además
de ser cooptado por el conformismo y los condicionamientos
empresariales) es generar por cuenta propia nuevas
opciones comunicativas; con muchas carencias, pero
menos restricciones.
*Etimológica(y práctica)mente, el fanzine es el producto de la
conjunción entre los términos ingleses fan (fanático, adicto o
adorador de bienes culturales, definición popularizada con la
fiebre Beatle en los ’60) y magazine (revista, aunque algunos
detractores también señalarían la consanguinidad con el
malogrado pasquín); es decir, una publicación hecha por y
para simpatizantes de un estilo, producto o causa común.
Inicialmente el fanatismo estuvo dirigido hacia el mundo de la
música, pero luego se amplió hacia los más variados temas,
como alucinógenos, comics, opciones sexuales diferentes o
hasta mini cultos satánicos.
*El fanzine se compone de ideas plasmadas en hojas
(generalmente A4 dobladas al medio) fotocopiadas (de
variopinta calidad gráfica), engrapadas a mano y algunas
veces (se ha estilado recientemente) presentadas en bolsitas
de plástico, e inclusive con tapas o secciones a color.
Algunos zines se asemejan a revistas corporativas, otros, a
folletos propagandísticos; pero a la larga, todos confluyen
en cierto aire tecno-artesanal y bastante inquietud expresiva.
En realidad, más allá de ciertas generalidades, la receta o
anti-receta del fanzine gira en torno a la idea de plasmar
y manifestar temas, asuntos o posturas gráficamente;
combinando la escasez de recursos (tercer mundo dixit),
la improvisación (viveza criolla en nuestro caso) y la
intencionalidad comunicativa (inherente a todo homosapiens
no esquizofrénico).
*La incierta periodicidad es otro de los factores constantes
del fanzine. Muchos intentan salir a la calle mensualmente,
pero la salida a la calle tiende a extenderse debido a los
contratiempos y obstáculos económicos. A esto se suma
la irregular forma de distribución. Muy pocos incurren en la
venta a través de los quioscos. Es más probable encontrase
con una mesita llena de publicaciones en recitales (sobretodo
con sus parentela punk), eventos culturales o en librerías o
comiquerías de culto. Las tiradas suelen ser pequeñas,
comenzando con 50 o 100 ejemplares, llegando en buenas
oportunidades a las 1000; y en los casos históricos, como
con la londinense Snifinn Glue, a las 15.000.
Artículo Autoría de
Christian Giménez.
*Estudiante avanzado y auxiliar de los proyectos de Investigación
“Comunicación, música, ciudad” y “Espacio, comunicación y
cultura” de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad
Nacional de Misiones. Actualmente se encuentra escribiendo su
monografía de grado sobre la práctica de los fanzines en Posadas y
participa en la producción de la revista “El Hijo Bobo”.
BIBLIOGRAFÍA:
-Canclini, Néstor García. “Culturas híbridas: estrategias para
entrar y salir de la modernidad.” Grijalbo. México. 1990.
-Reguillo Cruz, Rosana. “Emergencia de culturas juveniles.
Estrategias del desencanto.” Ed. Norma. Bogotá, Colombia.
2000.
-Rodríguez, Esteban. “Malditos y libertarios: la expresión
punk” en Revista Tram[p]as de la Facultad de de Periodismo y
Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata. Abril
de 2004.
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