Movimiento Social, de todo un poco

El secreto de Aurora

Era una tarde en que nos encontrábamos todos sentados merendando, charlando animadamente, entre tazas de café y chocolate, bizcochos y galletas, cuando Aurora se echó a reír sin que nosotros supiéramos por qué.

Hasta ese momento había estado quieta en su silla, con sus ojos grises, tan expresivos y animados que parecían dotados de vida propia y autonomía respecto el resto del cuerpo, paseando por los claros túneles que surcaban el trozo de bizcocho nevado de azúcar glas que sostenía en la mano y que no se decidía a morder, ajena por completo a nuestro coloquio, o por lo menos eso creíamos, pues el tema que estábamos tratando no era precisamente cómico, y además ella raramente intervenía en nuestras conversaciones; curiosamente, para nosotros su sola presencia resultaba suficiente para sentir que realmente nos acompañaba.

Lo cierto es que ni siquiera nos molestamos en preguntarle por qué se reía, pues ya conocíamos de sobra a Aurora, como para saber que no nos respondería, o que al menos no nos respondería nada coherente.

Desde pequeña Aurora había sido así: a veces se echaba a reír o a llorar sin que nadie conociera el motivo por el que se reía, una risa sorda y tan gutural que se hubiera podido tomar por un ronroneo gatuno, o por el que lloraba, una forma de llorar callada y con lágrimas secas, de forma que quien no conociera su tan atípica manifestación de llanto no habría sabido que estaba llorando.

Normalmente, al hacerle una pregunta respondía algo sin ninguna relación con lo que se le había preguntado, o bien, tras unos instantes de vacío, volvía el rostro con una mirada lejana, con sus ojos tan ágiles que resultaban turbadores, hacia su interlocutor y se hacía repetir la pregunta.

Sin embargo, pese a estar acostumbrados al carácter de Aurora, aquella tarde iba a ser distinta, pues tras su enigmática risa nos haría partícipes del secreto que albergaba. Secreto que en aquel momento no comprendimos, pero que más adelante nos llevaría a pensar que Aurora había dispuesto del mejor de los mundos para ella sola.