Decía el Papa León XIII que la historia
no puede ser una conspiración contra la verdad y Pio X afirmaba
La Iglesia no teme a la verdad porque su misión es
difundirla. Sin embargo, la religión católica, como
cualquier otra religión, no hacemos excepciones en este sentido,
está plagada de mentiras porque ellas son el único pilar en el
que basar su existencia.
La canonización de Escrivá de Balaguer no es en sí relevante,
el papa Wojtyla canoniza y beatifica casi con la misma facilidad
con que se desplaza de un lugar a otro en su avión privado, pero
es una prueba más de cómo se manipula a la gente de buena fe.
Para canonizar a alguien la iglesia dice que necesita un milagro
y, como éstos no existen, cuando las circunstancias lo requieren
lo mejor es fabricarlo a la medida.
Cuentan los miembros del Opus Dei que una monja, naturalmente
prima hermana de uno de los altos jerifaltes de la
empresa que montó Escrivá de Balaguer, tenía
bultos en distintas partes de su cuerpo y que éstos
desaparecieron tras una oración dirigida al fundador de la
Obra.
Como al parecer no se practicó una biopsia de tales bultos, es
difícil decir cual era su etiología. Pero se puede afirmar, sin
necesidad de poseer ninguna licenciatura en medicina, que no es
el primer caso en que surgen tumores benignos producidos por el
estrés, que desaparecen cuando la persona afectada se encuentra
en situación de mayor relajación.
Si las religiones son un cáncer que debilita la voluntad de los
pueblos, la secta católica es un lastre para un país como España,
que dice tener una constitución laica. Y, por si fuese poco,
dentro de ella ha surgido una subsecta, con todas las características
de las más destructivas, que se va adueñando del poder, de las
fuentes de la economía y de la credibilidad de las gentes
sencillas.
Las sectas se caracterizan por el culto a un individuo y el Opus
Dei rinde culto a Escrivá de Balaguer. Las sectas, al igual que
el Opus Dei, están jerarquizadas y exigen a sus miembros
obediencia ciega porque el que manda no se equivoca nunca.
Las sectas obligan a sus miembros a desprenderse de una buena
parte de sus ingresos a favor de su líder y el Opus Dei ha
podido construir gracias a ese dinero una ciudad-fortaleza en
Barbastro (Huesca) situada en un lugar privilegiado.
Por si existiesen pocas ideas de dios, pocas formas de manipular
las mentes y aligerar los bolsillos, lo cual es casi una misma
cosa, la Iglesia de Roma se une con la Iglesia de España y
decide elevar por encima de los demás seres humanos al fundador
de una secta tan nefasta como el Opus Dei (aunque todas lo son,
debemos reconocer que ésta ha logrado ser la más cáustica por
su capacidad camaleónica de infiltrarse en la sociedad).
Debemos buscar un mundo sin dios ni amo, sin sectas, gurús, ni
nada que impida el libre ejercicio de la libertad individual. Si
en nuestra infancia nos hubiesen enseñado a pensar, nos hubiesen
dado una educación racional y razonada, todos los Escrivá de
Balaguer del mundo no hubiesen tenido nada que hacer. Si hubiesen
inculcado en nuestras mentes y nuestros corazones unos principios
éticos y no el temor al castigo que se deriva de la cultura
judeocristiana, no necesitaríamos escribir artículos como éste.
Por eso, la educación, la cultura, la idea de un mundo donde el
ser humano pueda elegir entre el bien y el mal es tan querida
para el movimiento libertario. Hoy los católicos tienen un santo más a quien rezar, una
mentira más con que convencer y manipular.