La clandestina centralidad de la vida cotidiana

por Rossana Reguillo
... A menudo utilizaban las leyes, las prácticas o las representaciones que les eran impuestas por la fuerza o por la seducción con fines diversos a los buscados por los conquistadores; hacían algo diferente con ellas; las subvertían desde adentro; no al rechazarlas o al transformarlas (eso también acontencia), sino mediante cien maneras de emplearlas al servicio de las reglas, costumbres o convicciones ajenas a la colonización de la que no podían huir. Metaforizaban el orden dominante: lo hacían funcionar en otro registro. Permanecían diferentes, en el interior del sistema que asimilaban y que los asimilaba exteriormente. Lo desviaron sin abandonarlo.
-Michel De Certeau



La vida cotidiana se constituye en un lugar estratégico para pensar la sociedad en su compleja pluradidad de símbolos y de interacciones, ya que se trata del espacio donde se encuentran las prácticas y las estructuras del escenario de la reproducción y, simultáneamente, de la inovacción social.

Armada sobre la certeza de su repetición, la cotidianidad es ante todo tejido de tiempos y espacios que organizan para lo practicantes los innumerables rituales que garantizan la existencia del orden construido.

La ¨naturalidad¨ con que ella se despliega la vuelve ajena a toda sospecha y amparada en su inofensivo transcurrir selecciona, combina, ordena el universo de sentidos posibles que le confieren a sus procedimientos y a su lógica el estatuto de ¨normalidad¨.

Para los actores sociales, definidos por el curso de su propia acción, la vida cotidiana no es problemática a priori (1) y es por ello mismo problematizable; sus estrategias y lógicas de operación revelan en su transcurrir las distintas negociaciones que los actores deben realizar continuamente con el orden social.

La vida cotidiana tiene su tiempo y su espacio a contrapunto del tiempo y del espacio de excepción, de los cuales extrae, sin embargo, la fuerza de sentido para explicarse a sí misma. En el espacio y el tiempo sagrado de los rituales religiosos, políticos, sociales que la interrumpen, la vida cotidiana encuentra su sentido y renueva su gestión.

En tal sentido puede decirse que una manera de definirla es mediante una operación de oposición y al mismo tiempo de complementariedad: de un lado, lo cotidiano se constituye por aquellas prácticas, lógicas, espacios y temporalidades que garantizan la reproducción social por vía de la reiteración, es el espacio de lo que una sociedad particular, un grupo, una cultura considera como lo ¨normal¨ y lo ¨natural¨; de otro lado, la rutinización normalizada adquiere ¨visibilidad¨ para sus practicantes tanto en los periodos de excepción como cuando alguno o algunso de los dispositivos que la hacen posible entra en crisis.

Un aspecto obvio y no por ello menos central es la necesidad de asumir, analíticamente hablando, que no existe una cotidianidad esencial, es decir que ella no puede explicarse mediante abstracciones o generalizaciones unívocas. Es tanto que la vida cotidiana, desde la perspectiva de aquí interesa reseltar, es centralmente el escenario de la reproducción social, está indisociablemente vinculada con lo que en un momento específico y en una cultura particular se asume como legítimo, normal, necesario para garantizar la continuidad. Por tanto, la vida cotidiana es histórica; es decir, no puede pensarse al margen de las estructuras que la producen y que son simultáneamente producidas (y legitimadas) por ella.

Para decirlo con Guiddens caundo se refiere a las estructuras sociales (1986), la vida cotidiana es simultáneamente ¨habilitante y constrictiva¨. Sus mecanismos y lógicas de operación, al ser rutinizadas, constriñen a los actores sociales, les imponen unos límites, fijan unos márgenes y unos modos de operación; sin embargo, hay una franja de indeterminación relativa que deja espacio para la ¨improvisación¨, lo mismo para hacer frente a situaciones novedosas como para incorporar, normalizando, discursos y prácticas que penetran, desde el orden social, los mundos de la vida. (2) Tal es el caso, por ejemplo, de la tecnología que ha sido paulatinamente incorporada a las ruitnas cotidianas sin desestructurar su tejido, o la incoporación al imaginario colectivo latinoamericano de la crisis como componente ¨rutinario¨ de las prácticas sociales.

Es en esa franja de indeterminación donde los poderes y los actores sociales libran la batalla simbólica por la definición del orden social, del proyecto societal.

La ¨ciencia ficción¨ nos ofrece un territorio fértil para la reflexión: el poder autoritario se instaura, el ojo vigilante extiende sus dominios, no hay espacio para la privacidad ciudadana. Sin embargo, para sus fines y su perpetuación, este poder autoritario requiere de ciudadanos hábiles, con competencias reflexivas (auto) convencidos de la legitimidad del orden al que sirven. (3) Es esta reflexividad ciudadana la condición para instaurar y perpetuar el poder, pero es también el obstáculo para su absoluto dominio. Se produce una fuga, ¨un excedente¨ de sentido; se crea la situación de la subversión o la inversión.

En estos intersticios y a la manera de De Certeau (1996), puede decirse que los practicantes, aun cuando sean castigados por ejercer esta reflexividad, se hacen un espacio, afirman (chapuceramente) y firman su existencia como actores y autores.

Bien puede argumentarse que estas estrategias no cuentan por su baja visibilidad, por su poco glamour revolucionario; sin embargo, mediante estas astucias y ardides cotidianos los actores soociales socavan el orden de la legitimidad, erosionan el poder, lo obligan a diseñar nuevos mecanismos de control.

Algunas teorías feministas han señalado la importancia de atender los espacios privados (4) a través del lema ¨lo privado es político¨, para develar la reproducción de los mecanismos de poder en la vida cotidiana. Las estructuras de dominación se volvieron ¨de pronto¨ visibles al producirse la reflexividad sobre los ámbitos de la domesticidad, el transcurrir cotidiano y aparentemente inocuo del día a día.

Las adscripciones identitarias juveniles anarco-punks señalan reitaradamente la necesidad de un cambio en la cotidianidad y en la subjetividad como condición indispensable para el cambio social (Reguillo,1997). Colectivos de ecologistas han priorizado sus acciones sobre el ámbito de la vida cotidiana como estrategia para impulsar una nueva cultura sobre el ambiente.

El discurso cinematográfico abunda en ejemplos de cine intimista que ha buscado reflejar a través de la ¨pequeña¨historia de uno de los personajes no-históricos, los grandes dramas de la vida social.

Para muchos artistas, la vida cotidiana es el mejor lugar desde el que puede mirarse y hacerse la crítica de lo real. Y el nuevo periodismo se incopora como parte del acontecer noticioso aspectos cotidianos que antes no eran considerados como noticiales; temas de ¨interés humano¨ sirven como analizadores de la política, de la economía, de la cultura.

Puede decirse entonces que el ámbito de la cotidianidad no es esa penumbra prerreflexiva en la que todo ha sido domesticado y es por ello previsible, controlable.

Bajo ciertas condiciones, la vida cotidiana puede pensarse como un espacio clandestino en el que las prácticas y los usos subvierten las reglas de los poderes. Estas condiciones son la dimensión asociativa y el desanclaje espacio-temporal.

(1) Agnes Heller ha señalado como una característica de la vida cotidiana que ésta es extrañada cuando alguno de los mecanismos que la hacen posible entra en crisis. ver Historia y vida cotidiana, Grijalbo, Mexico 1985.
(2) Lo que Habermas ha denominado ¨colonización del mundo de la vida¨, que puede pensarse como la penetración de las estructuras de poder en el sentido común de los actores sociales. Ver: Habermas, Teoría de la acción comunicativa, complementos y estudios previos. Cátedra. Madrid, 1989.
(3) El poder no es tan sino en cuanto a la relación que funda. Para ejercer poder se requiere que la contraparte ceda los controles. Ver Richard Adams, La red de la expansión humana. CISINAH, De. de La Casa Chata. México, 1978.
(4) Desde ciertos enfoques, la vida cotidiana ha sido equiparada a lo que pertenece al ámbito de lo privado y , una vez más , por su oposición a lo público. Esta conceptualización es problemática: para una discución amplia sore sus implicaciones analíticas. ver E. Landowsky, La sociedad figurada. Ensayos de Sociosemiótica. México, FCE. 1993 y R. Reguillo, La construcción simbólica de la ciudad. Sociedad, desastre y comunicación. Guadalajara. Universidad Iberoamericana / ITESO, 1996.

Nota al lector: este texto de Rosana Reguillo es más extenso, esta es sólo la primera parte.(el texto original continua con el desarrollo de las dos condiciones)

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